Hablemos sobre: recursos simplistas para narrar

NOTA: Si quieres saber en qué consiste y cómo se organiza esta sección del blog (Hablemos sobre corrección literaria), visita este enlace, donde también encontrarás un índice con los artículos publicados y algunos de los próximos a publicar.

Para ponernos en contexto

Hoy abordaremos la corrección de una novela corta de misterio. Aunque su género y argumento no son relevantes para lo que ocupará nuestra atención. Estaremos hablando sobre recursos simplistas para narrar. Esos elementos que en ocasiones usamos porque son la salida más fácil, porque no nos requieren demasiado esfuerzo, no nos sacan de nuestra zona de comodidad o porque nos vimos en un callejón sin salida, tratando de expresar una idea por medio de recursos estéticos más adecuados y con afán preciosista, pero nunca supimos terminar de darle forma.

En el caso de este autor, eran tres los recursos simplistas que se repetían con cierta frecuencia a lo largo de la obra: 1. Dirigir las emociones del lector por medio de palabras de peso (apunte 24). 2.  Incorporar preguntas excesivas como forma de mostrar el aspecto reflexivo del texto (apunte 25). 3. Incorporar exclamaciones excesivas para mostrar sorpresa o entusiasmo (apunte 52).

Para ello, entonces, vamos a analizar dos trozos de texto, el primero de ellos que corresponde a las primeras oraciones de la novela (después de su prólogo ficcional), y el segundo ya en un punto más avanzado, pero todavía ubicado en la fase de presentación de la obra. Los dejo, entonces, con los textos a analizar.

Texto 1:

Hace una semana, me caí del sofá en medio de una siesta de mediodía y, al revisarme el golpe en el espejo, descubrí algo inaudito. Descubrí  con espanto que mi cara estaba cubierta por completo de tatuajes horribles. Inexplicablemente, nadie sino yo, hasta ahora, lo ha notado. ¿Cómo es posible que algo así suceda y nadie se dé por enterado? De verdad, lo ignoro.

Texto 2:

Anoche fuimos a ver el ballet en un teatro que queda a pocas cuadras de casa. Por eso fuimos a pie. El teatro estaba recién remodelado y esta obra fue la elegida para su estreno. Melinda pensó que me haría bien caminar. ¡Y no se equivocó!

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Me publicaron en la revista “Temporales” de la NYU

Temporales

Este será un post muy breve, solo para informarles algo que debí haber anunciado hace ya varios días, pero que no había tenido tiempo de hacer. La revista Temporales, que edita el MFA de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York, publicó Juanita Reverón, que ya saben es uno de mis cuentos favoritos y más queridos de cuantos he escrito, en su edición del mes de marzo. Ahorita mismo podrían encontrarlo tan solo con acceder a la página principal. Pero si están leyendo esto y ya no estamos en marzo de 2018, entonces basta con que vayan a la sección de ediciones anteriores (al final de la página) y seleccionen el mes correcto.

Y si ya han leído Juanita Reverón, igual vale mucho la pena que se pasen por la página de Temporales, porque en la edición de este mes, compilan 15 textos de excelente calidad, que representan una muy buena muestra de lo que se está haciendo ahora mismo en el mercado iberoamericano, y que, por su variedad (encontrarán cuentos, poemas, crónicas, ensayos, reseñas literarias, etc.), dejarán satisfechos a lectores de todos los gustos. Y apenas les estoy hablando de la edición de este mes, que es una muestra a escala del buen trabajo que está llevando a cabo esta revista, que mes a mes nos deja una selección pequeña pero bien nutrida de literatura contemporánea, para que nos actualicemos y deleitemos.

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Hablemos sobre: diálogos realistas y buenos debates dialogados

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Para ponernos en contexto

La corrección que abordaremos hoy es sobre una novela de aventuras de contenido místico y religioso, y el autor me contrató para que puliera su trabajo y que el resultado final apuntara a best-seller. La novela está llena de diálogos, pero en el borrador que me entregó hacía falta cierto naturalismo en los mismos. Se sentían bastante artificiales varios de ellos. Y en los casos en los que los personajes se enfrentaban en largos debates (la novela trata algunos temas polémicos), había un desequilibrio de fuerzas entre los personajes que apoyaban el punto de vista central de la novela y los que apoyaban el contrario. Casi siempre a los primeros les resultaba demasiado fácil ganarle a sus oponentes, que no exponían contraargumentos muy convincentes. Al autor se le sugirió equilibrar mejor estos debates y, en general, naturalizar más las líneas de diálogos.

 

En la línea de diálogo que estaremos analizando hoy, el protagonista (al que llamaremos Norman) se encuentra en una reunión informal de fin de año con los empleados de la empresa en la que trabaja, que se está realizando en casa de su mejor y quizás única amiga de la actualidad (a la que llamaremos Selma). Los demás nombres poco importan. La mayoría de los empleados están sumidos en conversaciones frívolas. Pero Norman, recién, un par de horas atrás, tuvo una conversación reveladora con un personaje que le era hasta ese momento desconocido y que le ha llevado a cuestionarse muchos asuntos personales y sociales, entre ellos la insensibilidad de la comunidad europea (Norman vive en Baja Austria).

Al ser interpelado por sus compañeros por una pregunta sobre farándula, se siente indignado y comienza a vociferar un largo discurso, donde expresa su repudio por la actitud de sus compañeros y expone las bases de su recién adquirida filosofía. La pregunta frívola con la que comienza la discusión es:

⸺Norman, ¿crees que es verdad que las cantantes de Pussycat Dolls eran prostitutas o es solo algo que se inventó la exmiembro esa?

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Palabra y carne

Él le escribió un relato sucio, obsceno, para encenderla, para enseñarle todo lo que era capaz de provocarle solo con las palabras. Y ella se encendió. Como nunca. Quería más, lo quería todo. Así que él le ofreció otro relato, más sucio, más salvaje, pero ella ya había tenido suficiente de sus palabras y lo quería a él. Deseaba, sin saberlo, todo lo que él no podía darle. Necesitaba introducirse muy hondo dentro de ella algo de lo que él carecía, algo sin lo que había nacido. A otros le habían asignado la máquina para penetrar carnes. A él solo le habían asignado la palabra. La palabra y el deseo.

Y él la deseaba sin control. Como nunca. Y quería más, mucho más, la quería toda. Pero deseaba justo lo que ella no podía darle. Necesitaba introducirse muy hondo dentro de él algo de lo que ella carecía, algo sin lo que había nacido. A otras le habían asignado la máquina para penetrar almas. A ella solo le habían asignado la carne. La carne y el deseo.

Así que lo desnudó, resignada, lúbrica; lamió las frisadas, vacías paredes de su hombría. Y él narró en voz alta, conformista, lascivo; la penetró con el aire cargado de sonidos. Invocó tótems y falos, cavernas y sombras, mientras ella desgarró y chupó, arañó y bailó. Por solo un segundo él logró ungir por completo las frisadas, vacías paredes del alma de ella, y ella le dibujó con palabras una carga seminal que le hinchó al punto de la explosión.

Y estallaron. Estallaron con el ímpetu de una deuda ancestral, él con el cuerpo, ella con el alma. El aire se calentó a límites radiactivos y las palabras se fundieron al sudor, a la carne, formando un caldo espeso, ácido, que ensució las sábanas y en el que se revolcaron, exhaustos. Sin darse cuenta, sus ojos se fueron cerrando y quedaron dormidos, llenos de sueños inquietos e indescifrables.

Despertaron con ardor en el pecho, ella, y en la garganta, él, se dedicaron una mirada esquiva, asustada y empezaron a vestirse, de espaldas, mientras el ardor se disipaba. Abandonaron la habitación como se abandona el cadáver de un bebé, de un hijo que de súbito ha muerto. Él pronto pudo reponerse lo mínimo para volver a las palabras, y ella, lo mínimo para volver a la carne. Pero ahora solo podía escribir relatos mortuorios y ella solo podía desinflamarse con hojillas las heridas y memoria del cuerpo.

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He publicado mi segundo libro de cuentos

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¡Hoy es un gran día para mí!

Ya está disponible para la venta (en versión física y digital) mi segundo libro: Cuentos de hadas para dormir adultos. Es el resultado de años de trabajo, lecturas y repensar mucho este interesante género que engloba a los cuentos de hadas, los relatos maravillosos, las fábulas y mucho más, para traerlo al presente y devolverle el tono adulto que alguna vez tuvo, pero con más cinismo y espíritu lúdico.

El recurso de parodiar, reescribir y trastocar cuentos de hadas es uno ampliamente usado en la literatura, y por ello mi interés en este libro en todo momento fue conseguir llegar al núcleo de cada historia y desde allí retorcerlo todo. En otras palabras, tratar de ofrecer una lectura por completo nueva del género, si es que algo como eso es posible. Espero, en definitiva, que de estos 32 cuentos el lector salga removido en algunos de sus cimientos… no para sentarnos a construir moralejas, que ya estamos grandes para eso, pero sí para disfrutarnos, así, movidos. Si quieres leer una historia más completa detrás de la creación del libro, puedes entrar acá.

He autopublicado el libro por Amazon por el interés de probar la así llamada aventura de la autogestión, pero he tratado de que todos los componentes del libro (diseño, diagramación y corrección) tengan la calidad que me gusta ver en los libros que leo y admiro.

Por el momento, si están interesados en comprarlo, pueden hacer clic en alguno de los enlaces a continuación y, luego, si les ha gustado, pueden recomendarme con otros y dejarme algún comentario aquí en el blog o por el perfil en Amazon.

* Para usuarios de amazon.com: http://bit.ly/CDHPDA

* Para usuarios de amazon.es: http://bit.ly/CDHPDAes

PD: Tomen en cuenta que en Amazon pueden leer el primer 10% del libro gratis, o sino pueden leer la muestra que he colgado aquí en mi blog, para hacerse una idea de si les gusta . Yo espero que así sea.

El patito feo

Ocho punto cinco millones de dólares les había ofrecido la revista People y diez millones la revista Hello! por la sesión de fotos en primicia de sus gemelos, apenas cumplieran los seis meses tras su nacimiento. La primera revista pagaría los derechos de explotación en Estados Unidos y la segunda, los internacionales. La pareja de actores de Hollywood se decidió por esta opción, ignorando la propuesta de la dupla de revistas Forbes y Ok!, que ascendía a los veintidós millones de dólares, para no dejar la impresión de que buscaban sacarle rentabilidad a su embarazo. Detrás de la People y la Hello! quedaron decenas de ofertas de otras revistas, que no superaron los diez millones. A esas ni las consideraron una milésima de segundo. El primer trabajo de sus hijos les traería mayores dividendos que las primeras diez películas de sus padres juntas. Eso, si lograban mantenerse alejados de los paparazis durante los primeros meses de vida de los bebés. Esperaban que la villa comprada en una pradera casi inhabitada de Escocia sirviera para ocultarse de esos lentes indeseados.

Después de haber adoptado a cuatro niños de diferentes partes del mundo, la pareja decidió tener hijo propio y, al poner manos a la obra, el resultado fue un embarazo gemelar, que muchos aseguran fue conseguido por medio de intervención genética. Algunos más osados afirman que la intervención también tuvo como objetivo manipular los genes de la belleza y la salud. Como si la pareja más atlética y sexy de Hollywood requiriese de tales artilugios para crear vida hermosa y sana. Sería como afirmar que manipularon sus genes para garantizar su futura filantropía. Con padres tan comprometidos con el trabajo social, tan generosos y empáticos con la realidad del mundo era imposible que crecieran para actuar de otra manera.

El día del nacimiento, sin embargo, todo el emporio que empezaron a construirles en plena vida intrauterina se derrumbó. Ni la carta astral de la que se valieron para programar la cesárea les habría permitido predecir lo que pasó. El primer gemelo nació llorando fuerte, y tras secarle la sangre lo que se vio fue un varón robusto y hermoso, como pocos niños en su primer día de vida llegan a ser. El segundo niño, en cambio, tenía los latidos al mínimo y no lloró, pues estaba anémico, contrariando todas las evaluaciones prenatales, que no predijeron ninguna de estas complicaciones. Cuando fue limpiado, pudo verse a un niño horrendo, de piel oscura y con pelos en casi todo el cuerpo. De inmediato, y durante tres días, fue puesto en incubadora, mientras recibía decenas de medicamentos para compensar las fallas de su cuerpo, que parecía resistirse a vivir.

La pareja estaba devastada. Incluso el hijo adoptado de África era mil veces más hermoso que ese engendro. Por supuesto que ellos se habían asegurado de tomar al más guapo de todo el centro de refugiados, pero incluso así era sorprendente la fealdad de aquel niño, y mucho más puesta en contraste con la gracia de su hermano. De esa forma no podían ofrecer una sesión de fotos. Serían el hazmerreír del mundo del espectáculo.

Una vez que el niño atravesó por primera vez el umbral de su casa, sus padres empezaron a comunicarse con médicos de todas partes del mundo para resolver su problema. Apenas les preguntaban por la posibilidad de cirugías estéticas, depilaciones láser y aclaramiento químico de la piel, los médicos se ofendían dramáticamente. Tuvieron que pagar más de medio millón de dólares en chantajes a doctores que pedían una recompensa por olvidar que les habían consultado para tales horrores. Pero el mismo dinero que les ayudó a callar falsas dignidades lastimadas les ayudó a conseguir aliados en su batalla. Al mes de nacido, el gemelo feo estaba recibiendo la primera operación estética: una cirugía de nariz. Antes de que pasara el tiempo suficiente para verificar que el chico reaccionaba a la intervención según lo esperado, se le realizó cirugía de orejas, de quijada, corrección maxilofacial, tratamiento químico cutáneo y depilación láser. La inhalación de los vapores del blanqueamiento químico le produjo neumonía, que fue tratada con muy poco cuidado pues no había tiempo para realizar todas las operaciones que hacían falta y atender a su salud al mismo tiempo. La sesión de fotos sería en mes y medio y no podrían postergarla de ninguna manera.

Faltando un mes para la sesión de fotos, el gemelo feo reaccionó de forma negativa a uno de sus tres implantes siliconados y tuvo una intoxicación producto de las inyecciones de bótox; y, lo que antes empezaba a verse como un niño relativamente agradable al ojo, se convirtió en un adefesio cien veces más insoportable de mirar de lo que era el día de su nacimiento. Los padres perdían toda la esperanza y se culpaban entre sí por cada pequeño defecto físico del vástago.

A solo diez días de la sesión de fotos, sin haberse recuperado del todo de sus anteriores afecciones, convulsionó mientras tomaba una siesta en la cama de sus padres, sin protección, y cayó al piso, con lo cual se fracturó la nariz y la quijada operadas. Ya no había nada qué hacer. Incluso si se tratara de un bebé hermoso, no podían ponerlo ante las cámaras con la mitad del rostro vendado.

Ese día tomaron una determinación. Matarían a su hijo, fingirían una muerte inesperada por enfermedad, pedirían un retraso de seis meses para la sesión de fotos, por duelo, y fotografiarían al único hijo que valía la pena fotografiar. Lo ahogaron en su propia bañera y lo velaron a urna cerrada.

El buen nigeriano

Hola. Sé que no nos conocemos. He seleccionado su correo electrónico a través de un software pirateado que prueba múltiples direcciones por minuto, para detectar cuál son reales y activos. Soy consciente de que esos primeros datos te puede generar un gran alto nivel de desconfianza; pero así es como estoy de comprometido con la verdad. Lo segundo que puedo decirle para que veas que mi interés es ser 100% sincero es que soy nigeriano. Sí, lo sé. Después del pirata software, decir que soy nigeriano hace que las cosas no se vean del todo bien. Pero, ¿qué culpa tuve que haber nacido en un país que hoy en día se ha convertido en sinónimo de fraude? ¿Qué puede hacer un buen nigeriano como yo para ganarse la confianza de las buenas almas que aún permanecen en el mundo, a pesar de que sus esperanzas ya han sido destruidas por el engaño? Solo yo puedo saber quién soy y cuánto vale mi palabra. Tú no tienes ningún compromiso para creerme y lo sé, y lo defiendo además. Los buenos nigerianos, que hay y en cantidad, defendemos las dudas razonables como en otros países que luchan por la libertad y otros por la comida. Pero si ha llegado hasta acá, incluso si tiene el problema a merced de soportar el mal que resulta de la traducción mediocre que he hecho con los servicios de web automáticos, es porque tienes dudas, es porque, como todos los hombres y mujeres buenos de el mundo, Usted ha decidido tener fe de sostener el inminente colapso de la moral mundial. Esa moral que buenos hombres, nigerianos, alemanes, canadienses, o cualquiera que sea tu país (insisto, no sé cuál es su país o identidad, porque he elegido al azar), nos comprometemos con la reforma. Y si esta carta ha llegado a usted no es por coincidencia. Al menos no creo que existan coincidencias, que estoy seguro que no crees tú ni ningún hijo bueno de Dios. Todo es parte de un plan más grande. Un plan en el que han convocado a pocos, seleccionados para reforzar la moralidad, la fe, la fraternidad entre los países del mundo, y acabar con el hambre, la miseria y todo lo que nos socava, por dentro y fuera. Pero renovar la fe del mundo cuesta dinero. Y sí, ya sé, soy un nigeriano que pide dinero a anónimos en Internet a través del software pirateado; pero nunca pedí que crea en mí, ni tampoco le dado credenciales para alentar una imagen más creíble. Soy consciente de lo que produzco, de los miedos que mueve mi esencia, como el polvo seco sobre el desierto. Yo, de hecho, no quiero que me creas. Solo quiero un dinero de Usted, de su buen dinero, para este buen nigeriano, con ideas buenas para que el mundo se cambie, que no las puede contar todavía porque no está dado el tiempo para que esto sea contado. Si das el salto de la fe, ¿qué vas a recibir en cambio? No seré el que te diga lo que tú recibirás. Será usted el que lo disponga. Porque el que tiene un corazón de oro no puede recibir cortezas de pan con moho. Sea como fuere, el temor, la sospecha, la ligereza del prejuicio es perdonable, como es digno de elogio elevarse por encima de él, como un fénix, renovado con el deseo de creer en el otro. Así que no insisto más, ni me justifico más. Espero que este buen nigeriano haya despertado al buen hombre o mujer que seas y que tus bolsillos estén llenos tanto como lo que decidas dejar ir. En los adjuntos le dejo datos de mi cuenta bancaria y espero seguir conociéndote.

Con amor y deseos de cambios,

El buen nigeriano.

El otro cuento

este era un cuento que no era este, de modo que no es posible contar su historia por medio de esta, que solo trata de sí misma, como ocurre siempre, aun cuando en dicha historia se anuncie otra, o trate directamente sobre otra, como ocurre en esta, pero con la consciencia de que nada más se puede contar la propia historia en sí misma y la otra historia en la otra, de modo que solo queda referir a los lectores al otro cuento para que puedan conocer el desenlace del mismo, pues este apenas puede dar cuenta de su propio desenlace que, lamentablemente, por no tratarse de más que de un enlace intertextual, su incidente incitador y su clímax son, en simultáneo, la presentación del otro relato, y no tiene más vida que la vida del otro relato, muriendo, desvaneciéndose, en definitiva, cada vez que el otro cuento es terminado de leer, y respirando con desesperación y sofoco cuando el lector del otro aspira esas letras ajenas, sin poder controlar cuándo vive, cuándo revive, muere y vuelve a vivir, ni tampoco cuándo empieza o termina porque este era un cuento que no era este, de modo que no es posible contar su historia por medio de esta, que solo trata de sí misma, como ocurre siempre, aun cuando en dicha historia se anuncie otra, o trate directamente sobre otra, como ocurre en esta, pero con la consciencia de que nada más se puede contar la propia historia en sí misma y la otra historia en la otra, de modo que solo queda referir a los lectores al otro cuento para que puedan conocer el desenlace del mismo, pues este apenas puede dar cuenta de su propio desenlace que, lamentablemente, por no tratarse de más que de un enlace intertextual, su incidente incitador y su clímax son, en simultáneo, la presentación del otro relato, y no tiene más vida que la vida del otro relato, muriendo, desvaneciéndose, en definitiva, cada vez que el otro cuento es terminado de leer, y respirando con desesperación y sofoco cuando el lector del otro aspira esas letras ajenas, sin poder controlar cuándo vive, cuándo revive, muere y vuelve a vivir, ni tampoco cuándo empieza o termina porque este era un cuento que no era este, de modo que no es posible contar su historia por medio de esta, que solo trata sobre sí misma, como ocurre siempre, aun cuando en dicha historia se encierre otra, o

Ojos de madre

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Autor: Alexis Perez-Luna. De su serie “Vargas 2000“.

Es un hecho que en una inundación el agua, el barro, la desgracia tapeará todo lo que se encuentre a su paso. Como un arca de Noé que poco a poco regresa a tierra firme, cuando el agua se evapora, el escenario que va surgiendo es muy diferente al que se dejó antes del deslave. Un nuevo ecosistema de casas rotas, autos volcados, columpios arrancados de raíz, escuelas convertidas en charcos de brea. En este nuevo mundo no hay hogar, movilización, lúdica o aprendizaje posible. El único refugio es la fe, una fe hundida a medias y penitente como la de la imagen. Una fe que pide por otros, cuando descubre que ya no hay salvación para sí misma. Una fe de la cintura para arriba, porque ya no hay instinto que se mantenga en pie, ni siquiera el de supervivencia. A esas alturas solo queda la necedad de ver el paisaje con ojos perdidos y nostálgicos, como quien todavía puede ver lo que alguna vez hubo debajo, como quien se aferra a creer que todavía hay algo que retratar. Mirarlo todo, en definitiva, como una virgen, como esa madre arquetipal con corazón de oro y carácter de hierro, que aun así no puede evitar hundirse hasta el pecho en la miseria, que no puede más que resignarse a ver a sus hijos morir en la cruz de sus propios deseos de civilización.