Marcas en la piel

I

La batalla ancestral de los náhuatl y los purépechas de Querétaro es una batalla de la lengua. Todos saben que la lengua náhuatl es la del don creador, y la purépecha la del don de persistencia. Creadores como son, los náhuatl no tienen consciencia del tiempo y la permanencia de las cosas. La lengua náhuatl, que todo lo sostiene, no es capaz de sostener lo que crea una vez lo ha creado. Es por ello que los mismos náhuatl han creado a los purépechas, para que su palabra sostenga la creación que sus monemas aglutinados hacen emerger. Pero, una vez más, ya creados los purépechas, la lengua náhuatl nada puede hacer para controlar la única creación autosostenible. Mientras los náhuatl desean el fin de la vida como la conocemos, pues su instinto los empuja a la creación continua, y para ello es necesaria la finitud de las cosas, los purépechas se han acostumbrado a la vida, y saben que si su palabra deja de sostener el universo un solo instante, ellos morirán y nada garantiza que vuelvan a ser creados.

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Hace mucho que no lee*

Empezó con un pequeño temblor, aunque siempre hay quien teje historias de premoniciones, de prestidigitación. Nadie sabía qué pasaba. Del temblor, o la taquicardia previa, pasó a un claro terremoto que en un segundo se trasformó en algo más inverosímil aún. El mundo, al menos el mundo de estos héroes del campo, se volteó de cabezas. Todo caía hacia el cielo, como si se girara una casa de muñecas, con sus muebles y sus ropitas adentro. Habían robado el sujetalibros de oro de la biblioteca. Ésa era la única explicación. Sino por qué se había roto su rutina narrativa. A Faulkner no le gustaban los terremotos y menos los desfases gravitatorios, que ignoraba existieran. Siendo menos específico, a ningún novelista clásico (porque en esta era hipervinculada nadie sabe) le agrada la idea de que su historia se corrija y que, por algún desdén de la suerte, quede mejor. De cualquier forma, ni por más amante de estos cataclismos naturales o sobrenaturales en aquel Villorio no hay sino que conflicto político. Habrá que esperar a que la señora de la limpieza ordene los libros caídos, para empezar a enmendar, volver a lo conocido; porque ya el señor de la casa hace mucho que no lee. Le ha decepcionado la lectura. Le ha frustrado no poder imaginar tan buenos argumentos y a la vez ser capaz de coordinar mejores finales, y que los mismos no lo aguarden ni dentro ni fuera del libro, ni que se pueda escribir un libro de puros finales. ¡Qué sorpresa se llevaría el señor de la casa si retomara a Faulkner ahora! ¡Qué intuición la del artista, que crea sujetalibros de oro y no de poliuretano! ¡Qué precisión la del ladrón, que quitando algo deja una muda esperanza! ¡Qué imaginación ilusa la mía, que no me resigno a que el lugar de los libros está en la estantería y que su orientación debe seguir la lógica occidental de la lectura! ¡Qué complicado escribir el final de tus propias historias!

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* Este cuento fue premiado con el 2do lugar en el 3er Concurso de Poesía y Narrativa Breve “Alejo Moreno”, en la Categoría Adulto, Género Narrativa Breve, el 7 de noviembre de 2008.

Un año tras las rejas

Hola a todos. Me contenta poder decirles que este blog está ya casi a punto de cumplir su primer año y con este post arribo a los 44 escritos, lo que es poco menos de uno semanal. Eso es mucho decir. Muchísimo. Para el que conoció (tristemente) cualquiera de mis anteriores proyectos de blog ha de saberlo. Hasta el momento, éste ha sido el espacio donde he durado más tiempo, y donde he estado más activo escribiendo. Todo ello, por supuesto, me llena de orgullo, mucho más cuando recuerdo aquella primera editorial, donde prometía no hacer promesas para no condicionarme por la vergüenza de no cumplirlas. Se podría decir que soy uno de los pocos convictos a los que le ha hecho bien la reclusión voluntaria. Con un año tras las rejas, y casi 365 marcas en las paredes, no me puedo quejar de la suerte que he tenido. Y aquella suerte parece casi igualarse a la de la fábula del convicto escritor, microcuento con el que diera inicio a este blog, y que a continuación transcribo, sin la ilustración con que aquella vez lo acompañara.

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Dos de la mañana

Eran ya pasadas las dos de la mañana. Reptó en silencio, como una salamandra ciega, por las escaleras de incendio, hasta el último piso. Conforme subía más alto, se alejaba de la última fuente de luz —la coctelera encendida y muda de una ambulancia estacionada en la esquina— y ya solo le guiaba su instinto. Ya había pasado el cuarto piso y no se preocupaba demasiado por guardar silencio absoluto. Desde el tercer piso hasta el séptimo, todos los apartamentos habían sido abandonados por sus propietarios: orden de desalojo dictada por el departamento de bomberos. Seguro querían prevenir una futura tragedia, pero eran demasiado imbéciles o insensibles para preocuparse de los inquilinos de los dos primeros pisos. A él le daba igual. Entraría en ese apartamento para morir.

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Drosera Mongoloe

Planta carnívora proveniente del sur de Mongolia y el Norte de China, adaptación invasiva de la Drosera Capensis, propia de Suráfrica. Como la capensis, las hojas de la mongoloe, a modo de tentáculos, están recubiertas de vellos con mucílago, cuya función es mantener adheridos los insectos, mientras la hoja le envuelve y las enzimas le digieren. Es la drosera de acción más rápida, pues puede envolver a un insecto en un promedio de 2 a 5 minutos, y la primera fase del proceso de digestión (de tres en total) se completa en 10 minutos más. Es por ello, también, la más prolija. Puede atrapar hasta media docena de insectos por día, procesándolos por completo, por cada tentáculo, y suele tener hasta 40 de ellos, aunque el promedio sea de 30.

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