Ti bon ange

El apocalipsis zombi terminó cuando se creó un compuesto para volver a los muertos vivientes conscientes del dolor y, por ende, figuras donde el miedo privaba. Le llamaron ti bon ange al compuesto, y tenía correlato con los componentes vudús, incluyendo algunos de nueva data. Lo lanzaron con un helicóptero que lograron reparar y, de la solución local, pasó rápidamente a la global y los zombis fueron arrinconados y exterminados. Murieron millones, pero muchos sobrevivieron. Los que no fueron incinerados ni destripados cerebralmente, fueron usados para el entretenimiento de un mundo que se negaba a volver al orden, después de haber probado el agridulce sabor de la anarquía. Les encerraron en cuadriláteros, y se les obligaba a boxear, frente a apostadores de barbas sucias y ojos llenos de odio. Se les inyectaban sobredosis de ti bon ange y los muertos vivientes no tenían otra opción que pelear, ante el terror de ser asesinados por el otro. Las peleas eran brutales y casi siempre acababan con uno de los dos completamente destrozados. Al ganador se le permitía  escoger a cualquier persona del público y devorar su cerebro. Este proceso de selección y posterior masacre e ingesta era televisado y levantaba los mayores índices de ausencia en ese mundo en desajustada reconstrucción. Todas las semanas, cientos de miles de sujetos se postulaban para ser parte del público de las batallas zombis. Pero, no se crea que había al menos un solo humano capaz de ser indulgente con estos seres y permitirles regalías de verdadero valor, solo por haber quedado vencedores. El verdadero truco detrás de todo esto era que los fanáticos de aquel deporte eran unos vulgares descerebrados. Los zombis vencedores se iban a la cama, siempre, con el estómago vacío.