Ojos de madre

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Autor: Alexis Perez-Luna. De su serie “Vargas 2000“.

Es un hecho que en una inundación el agua, el barro, la desgracia tapeará todo lo que se encuentre a su paso. Como un arca de Noé que poco a poco regresa a tierra firme, cuando el agua se evapora, el escenario que va surgiendo es muy diferente al que se dejó antes del deslave. Un nuevo ecosistema de casas rotas, autos volcados, columpios arrancados de raíz, escuelas convertidas en charcos de brea. En este nuevo mundo no hay hogar, movilización, lúdica o aprendizaje posible. El único refugio es la fe, una fe hundida a medias y penitente como la de la imagen. Una fe que pide por otros, cuando descubre que ya no hay salvación para sí misma. Una fe de la cintura para arriba, porque ya no hay instinto que se mantenga en pie, ni siquiera el de supervivencia. A esas alturas solo queda la necedad de ver el paisaje con ojos perdidos y nostálgicos, como quien todavía puede ver lo que alguna vez hubo debajo, como quien se aferra a creer que todavía hay algo que retratar. Mirarlo todo, en definitiva, como una virgen, como esa madre arquetipal con corazón de oro y carácter de hierro, que aun así no puede evitar hundirse hasta el pecho en la miseria, que no puede más que resignarse a ver a sus hijos morir en la cruz de sus propios deseos de civilización.

Todo sobre citas textuales, paráfrasis y plagio

Hace un tiempo ya, en este mismo blog, expresé mi opinión sobre lo que suelo llamar el chip del copy/paste. En ese artículo me pronuncio en contra del vicio de usar contenido ajeno sin darle la debida reseña o pedir autorización. Pero se suele decir que quejarse sirve de poco si no se ofrecen alternativas para resolver el problema. Y dado que considero que gran parte de este problema guarda relación con la poca (o nula) instrucción que recibimos en colegios y universidades sobre el valor de citar bien, y la metodología para hacerlo, consideré oportuno crear este artículo, adaptando un material que suelo entregarle a los estudiantes a los que asesoro en sus trabajos de grado.

En este artículo resumo las reglas para elaborar un correcto sistema de citas en solo 10 puntos. Así que podemos verlo como un decálogo del respeto a los derechos de autor. Al menos en lo que refiere a textos académicos, que es sobre lo que está centrado el artículo. Quizás en otra oportunidad hablaré de las implicaciones de este tema en la literatura y otras disciplinas. Así que si estás enfrentándote a la elaboración de un trabajo académico (tesis, monografía, ensayo, informe, etc.) o estás próximo a enfrentarte a este monstruo, continúa la lectura, que no solo conocerás las 10 reglas para un correcto citado, sino que también encontrarás unos ejemplos bien específicos, para que puedas distinguir una cita textual de una paráfrasis, y cualquiera de estas dos de un texto propio o un plagio.

Y si hay algo que dejé por fuera y te sigue generando dudas, puedes usar la sección de los comentarios para preguntarme. Por lo pronto, pasemos a lo que nos interesa.

10 reglas para el correcto citado

1. Lo que se debe citar

Todo lo que haya escrito alguien antes que ustedes (incluso lo que ustedes mismos hayan escrito con anterioridad), y que deseen incorporar a un trabajo académico, de forma textual, debe colocarse como cita. 

2. Exponer claramente los datos del autor citado

Para que una cita se considere como tal, debe quedarle claro al lector cuáles son las palabras exactas que dijo el sujeto citado, además de su nombre, el año en que lo dijo y, si aplica, en qué páginas o secciones del texto citado lo dijo.

Al menos en APA, para citas de 40 palabras o menos encerramos el texto entre comillas. Para citas de más de 40 palabras lo colocamos en un párrafo aparte, con un margen especial y sin comillas. En toda cita de 15 palabras o más debemos agregar la o las páginas en que aparece el texto o, en su defecto, el número de párrafo o la sección a la que pertenece. 

3. Lo que se considera paráfrasis

Una forma alternativa de darle crédito al contenido intelectual de un autor es a través de la paráfrasis. Esta implica que se tome como base el texto de un autor, para reordenarlo o volverlo a redactar, a conveniencia de quien hace la paráfrasis.

Para que se considere una paráfrasis, debe incorporarse, en algún punto de la misma, el apellido del autor y el año en que escribió el texto que sirvió de base para la paráfrasis. Esos serían los datos mínimos.

4. Lo que se considera plagio

Todo lo que no se cite de acuerdo a las reglas anteriores se considera plagio, incluso cuando proviene de un error y no del interés de plagiar. También se considera plagio si se realiza esta acción con un texto propio (se le suele denominar autoplagio).

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Mi hija mordió un libro de Coelho

⸺Mi hija mordió un libro de Coelho. ¿Debería preocuparme?
⸺¿Cómo dices?
⸺Coño, que mi hija mordió un libro de Coelho y ahora estoy cagado. No sé si le pueda dar una infección o algo así.
⸺¿Y qué demonios hacía tu hija con un libro de Coelho?
⸺…
⸺¿Dónde lo consiguió?
⸺En nuestra biblioteca.
⸺¿Cómo? ¿Y desde cuándo tú tienes un libro de Coelho en tu biblioteca?
⸺La verdad es que no lo sé. Siempre ha sido un misterio.
⸺¿De qué hablas?
⸺No sé. Simplemente un día apareció y ni yo ni Helena sabemos quién lo pudo haber dejado allí.
⸺…
⸺Creemos que fue una broma de alguien del colectivo de literatura.
⸺Y… ¿por qué no botaste esa mierda apenas la viste?
⸺No sé. Bueno… es un libro. Los libros no se botan.
⸺Eso no es un libro. ¿Acaso tú eres inepto? No parecen cosas tuyas.
⸺Bueno, es que no me nace botar nada que se parezca a un libro. Tú has visto mi biblioteca. Allí tengo hasta unos volúmenes sueltos de una enciclopedia de mi abuela, que están todos marrones, secos y comidos.
⸺Coño, chico, pero eso es otra cosa muy distinta.
⸺Y también tengo una serie de folletines que publicó ya ni me acuerdo qué periódico, y los tengo todos remendados con tirro, de lo mala que era la edición. Ya ni me atrevería a leerlos y aun así no los boto.
⸺Deja de cambiarme el tema. Tú sabes que debiste haber botado ese libro hace mucho tiempo.
⸺Sí. Pero Helena y yo lo dejamos en la biblioteca al principio porque nos tomamos la cosa como un chiste. Queríamos averiguar quién lo había dejado. Era como un juego de detectives. Cuando venían los amigos a la casa, les hacíamos ciertas preguntas camufladas, a ver si alguno se delataba. Y nada. El misterio seguía sin resolverse. Una vez, incluso, en un cumpleaños de Helena, con todo el colectivo reunido por primera vez en más de un año, hicimos un supuesto concurso, que consistía en descubrir cuál era el libro que no calzaba en nuestra biblioteca. Y nadie adivinó. Y eso que el premio eran todos los libros de ensayos de Hanni Ossott. Y allí siguen en la biblioteca los ensayos de Ossot y el libro de Coelho.
⸺¿Ustedes son medio locos? ¿Iban a sacrificar esas joyas solo por averiguar la tontería del libro de Coelho?
⸺Bueno, pero es que de verdad nos intrigaba la cosa. Imagínate que un día te levantas y ves un libro de…
⸺Un libro de nada, chico. Dices que no botas libros y pensabas botar los libros de Ossott de esa manera.
⸺No los íbamos a botar. Era un regalo. Todo el mundo regala libros.
⸺Eso no es regalar un libro. Es botar un libro. ¡Y para proteger una basura empastada!
⸺Bueno, para nosotros era un regalo. Porque siempre sospechamos que había sido Leticia la que lo había dejado allí. Y como ella estaba haciendo su tesis sobre Hanni Ossott, igual se los pensábamos regalar. De hecho, como dos semanas después se los regalamos. Pero ella nada más los aceptó como préstamo y, después de la tesis, nos los devolvió.
⸺Definitivamente no se puede hablar contigo.
⸺Y luego ya simplemente nos acostumbramos a tener ese libro allí. Para ese entonces Helena y yo ni soñábamos con que algún día tendríamos una hija. Creíamos que ya estábamos muy viejos. Y menos que encontraría ese libro y lo mordería.
⸺Mierda, sí… la bebé. ¿Y cómo está ella?
⸺Yo creo que todavía está bien. No le ha dado fiebre ni nada, pero me preocupa la situación.
⸺¿Y ya hablaste con un méd…? ¡Un momento! ¿Tú no tienes como dos meses vendiendo todos tus libros por Instagram?
⸺Sí, ¿por?
⸺¿Has vendido la mitad de tu biblioteca y no te has desecho de esa mierda de Coelho?
⸺Coño, pero es que esa vaina me da pena venderla.
⸺Pues, regálala entonces.
⸺¿Tú eres loco? ¿A quién coño se la voy a regalar?
⸺El mundo está lleno de gente que ya tiene dañado el criterio literario de forma irreparable. Te lo aseguro que candidatos sobran. Pero, coño, tu hija es solo una bebé inocente. Ella no tiene por qué sufrir las consecuencias.
⸺Yo lo sé. ¿Tú crees que no tengo todo el día recriminándome lo mismo? Sé que lo debía haber botado, y mucho más cuando empecé a vender los libros. Porque esa es la razón de que ella lo haya conseguido. Un tipo ahí que tiene una librería de saldos nos compró casi veinte libros de un solo golpe, varios de ellos de los caros, y teníamos el mesón todo desordenado con esos libros y otros más y no sé cómo coño llegó el de Coelho allí. Supongo que estaba cerca de alguno de los que habíamos vendido y se me coló en el mesón. Y, coño, el tipo nos transfirió enseguida, y nos dijo que si todo salía bien nos iba a comprar otro lote grande más. Y tú sabes cómo estamos pariendo Helena y yo con los riales para podernos ir. Es doloroso vender tus libros. Pero más que doloroso es hiperpelúo. Los libros se venden lento y a mal precio. Y este tipo ni regateó. De bolas que estábamos emocionados y, en medio de la vaina de organizar los libros para el envío, de cuadrar una compra de dólares con lo que habíamos ganado, nos descuidamos un ratico, te lo juro que fueron un par de segundos, y la bebé se montó en la sillita y, cuando nos dimos cuenta, tenía el libro de Coelho entre los dientes.
⸺Me perdonaras, mi pana, pero, ¡qué padres tan descuidados son!
⸺¡EH! ¡Eso sí no te lo permito! Helena y yo somos excelentes padres. Nuestra hija no sabía ni llorar, no había ni nacido, cuando nosotros le leíamos los mejores libros infantiles del mundo. Libros que no hemos vendido y que no venderemos nunca, por principios. Antes de irnos de aquí, los repartiremos entre nuestros sobrinos y primos. Mi hija solo ha conocido buena literatura desde que era un embrión.
⸺Bueno, pero el trabajo de toda una vida se puede escoñetar por un descuido así.
⸺¡Lo sé! ¡Lo sé! Nojoda, no me estás ayudando en nada. ¿Crees que no sé todo lo que me dices? Mi pregunta es qué puedo hacer para revertir cualquier posible efecto secundario.
⸺Eso depende. ¿Qué libro era?
⸺¿Ah?
⸺¿Qué libro era? ¿Qué libro mordió?
⸺Ehm… Maktub, sí, Maktub.
⸺¡Coño de su madre!
⸺¿Qué?
⸺¿En serio dejaste que tu hija mordiera Maktub? Si por lo menos hubiera sido alguna de las novelas… pero, ¿Maktub…? ¿Ese pastiche de frasecitas de mierda, que el tipito cagaba en el periódico solo para cobrar sus riales e irse a hacer lo que sea que haga un escritor millonario?
⸺¿Y tú has leído Maktub?
⸺¿Yo? ¿Tú eres loco?
⸺¿Y cómo sabes que trata de eso?
⸺¿Por qué más va a ser, pues? Cultura general. Yo sé un millón de vainas sobre cosas que no sirven para nada y ni siquiera tengo idea de cómo las sé. Tú eres igual. ¿O acaso tú no sabías de qué trataba el libro?
⸺Helena y yo nos prometimos nunca leerlo. Ni siquiera la contraportada. Y al menos yo cumplí con mi promesa. De hecho, para lo único que usaba el libro era para matar los coquitos esos que se meten a la casa en temporada de lluvia. Usaba el libro como una raqueta y los bombeaba contra la pared. Luego los sacaba del apartamento empujándolos con el libro como una palita.
⸺¿En serio?
⸺Ehm… sí.
⸺¿En serio dejaste que tu hija mordiera un libro de Coelho con el que además matabas insectos?
⸺¡Mierda, no lo había pensado hasta este momento!
⸺…
⸺¡Qué basura de padre soy!
⸺¡Exacto!
⸺¡EH! Eso solo me lo puedo decir yo mismo.
⸺Lo que sea. ¿Y qué has hecho hasta ahora para resolver la situación?
⸺Su mamá se quedó leyéndole cuentos en la casa, tratando de que no se duerma. Nos da miedo que se duerma. Y yo fui a hablar con la pediatra, que no contestaba el teléfono, y tampoco la conseguí en el consultorio. Luego vine a hablar contigo, que pensé que podías ayudarme.
⸺¿Y por qué pensaste que yo podía ayudarte? Yo ni siquiera tengo hijos.
⸺Bueno, porque no conozco a nadie que desprecie más la mala literatura que tú. Entonces pensé que quizás sabías de algo que se pudiera hacer.
⸺Yo sé lo que se puede hacer.
⸺…
⸺No morder ni leer nunca un libro de Coelho. Y menos Maktub.
⸺¿Y qué diferencia hubiera habido si mordía El alquimista o cualquier otra mierda por el estilo?
⸺¡Mucha! Esos por lo menos tienen un argumento. Imagino que le habrá tomado al menos una semana escribirlos. Hay un mínimo de honestidad de autor, si se le puede adjudicar eso a Coelho.
⸺Bueno, pero ya no puedo hacer nada para retroceder el tiempo. Ya mordió Maktub. Algo tengo que hacer si quiero que mi hija no enferme. ¿Qué puedo hac…? Ya va… Espérate, que me están llamando (…). ¿Helena? (…). ¿Cómo está la bebé? (…). ¿Cómo? (…). ¿En serio? No te lo puedo creer. ¡Gracias a Dios!
⸺¿Qué te dice, qué te dice?
⸺Que el libro de Coelho solo tenía la portada. Qué adentro tenía La máquina de follar, de Bukowski. ¡Qué alivio tan grande!
⸺¿Cómo?
La máquina de foll… No, amor, no es contigo (…). Con Asdrúbal… Lo vine a visitar para que me asesorara en lo del libro de Coelho, porque la pediat…
⸺¿La máquina de follar? ¡El coño de su madre!
⸺¿Cómo dices? (…). No, amor. No es contigo. Es con Asdrúbal, que me dijo algo.
⸺No, nada. Dile que bote ese libro inmediatamente… ¡que ni se le ocurra leerlo!
⸺¿Y por qué? Solo es Bukowski (…). No, amor, es que Asdrúbal me estaba diciendo algo (…). Una estupidez (…). Que botes el libro inmediatamente, sabrá Dios por qué…
⸺Sí, dile que no lo piense más y lo bote.
⸺Cállate, Asdrúbal, que no escucho a Helena (…). No te entendí nada. Repite (…).
⸺No les conviene tener ese libro en su casa. ¡Dile que lo bote!
⸺¡Coño, que te calles! (…). No, amor, no es contigo. Repíteme, por favor (…). Sí, ya se calló (…). ¿Cómo? (…) ¡Ese coño de su madre! (…). Dale, amor. Hablamos en un ratico. Dale un besito a la beba de mi parte.
⸺Yo te lo puedo explicar.
⸺…
⸺Ya ni me acordaba que había hecho eso.
⸺…
⸺Lo hice como una broma, el día que hicieron la fiesta para celebrar que se habían mudado juntos.
⸺Eso fue hace 12 años. Nosotros tenemos ese libro hace menos de 8 años.
⸺No. Yo lo dejé allí la primera vez que fui. Te lo juro que fue solo un chiste.
⸺¿Estás insinuando que duramos 4 años con ese libro en la casa sin que ninguno de los dos nos diéramos cuenta?
⸺Exacto. En serio fue como un chiste de bienvenida al mundo de los casados. Yo no tengo la culpa de que nunca lo abrieran. Incluso les dejé una nota adentro.
⸺Sí. Helena me la leyó.
⸺…
⸺…
⸺¿Y? ¿Entonces? ¿Me perdonas?
⸺Bueh… no puedo no perdonarte. No te imaginas lo que me alivia que mi hija haya mordido un libro de Bukowski.
⸺A mí también. Y también que no me cayeras a golpes aquí en mi propia casa.
⸺Jejeje. Nunca te golpearía en tu propia casa… Te hubiera arrastrado hasta la calle de en frente.
⸺Qué condescendiente.
⸺¡Así soy yo! Pero… espera un segundo, ¿y cómo llegó a tus manos un libro de Coelho?
⸺¿Ah?
⸺¿Cómo llegó a tus manos Maktub? Para poder hacernos la broma, tuviste que haber tenido el libro completo; no solo la carátula.
⸺…
⸺¿Entonces?
⸺Mierda…
⸺¿Qué?
⸺La verdad es que no lo sé…
⸺¿Cómo dices?
⸺No lo sé. Simplemente un día apareció en mi biblioteca y ni yo ni Mónica sabemos quién lo pudo haber dejado allí.

3 nuevas publicaciones en marzo

3 publicaciones

Este marzo, mes número tres del año, ha traído sorpresas por partida triple en forma de antologías y revistas. Es una fortuna increíble para mí poder decir que mi nombre sale en tres nuevas publicaciones. En la imagen superior pueden ver el collage que forman las tres portadas, aunque no en el orden de publicación.

La primera en salir a las estanterías digitales fue Dispara usted o disparo yo, la antología de microrrelatos policiales que organizó la Revista Brevilla, de la mano de Lilian Elphick y la colaboración de una decena de corresponsales de varios países; once para ser precisos y, entre ellos, nuestra Geraudí González, encargada de la compilación y cacería de los autores venezolanos, a quien le debo y le agradezco el gesto de sugerirme para la publicación.

Este 13 de marzo las redes se llenaron de enlaces para descargar este tan esperado libro digital, que compila a más de ciento setenta autores, de dieciséis países y tres idiomas, todos unidos por el lenguaje en común del cuchillo, la celada nocturna, el cadáver y la huella oculta. Casi 300 microcuentos de variadísima extensión: desde el constricto espacio de un tweet hasta el expansivo de poco más de un folio. E incluso cuenta con un microcuento fotográfico que termina de darle variedad al trabajo de compilación, junto con los textos bilingües en inglés y portugués. Toda una joya para cultivar buenas horas de lectura y disfrute.

Es mucho más que un lujo compartir bits junto con escritores cuyo trabajo admiro y es un referente continuo de todo cuanto hago, como Ana María Shua y Guillermo Bustamante Zamudio, además de mis compañeros de letras venezolanos. Confieso que hasta el momento he leído a muy pocos (que todavía no sé combinar la paternidad con la lectura), pero esto es lectura obligada para los próximos días, que ya la curiosidad me mata casi tan impunemente como en buena parte de las historias que se pueden leer aquí.

Si quieres leer esta genial obra, puedes descargarla sin costo por aquí: http://bit.ly/Brevilla

El segundo libro en ver la luz del día fue la antología del ganador y los 4 finalistas del Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia [1° Ed.]. Este 20 de marzo se realizó una bonita presentación y bautizo de la obra en el Rectorado de la UC, a cargo de Joaquín Marta Sosa, quien es parte del consejo editorial de Fundavag Ediciones, la editorial encargada de traer este libro a la vida, lo mismo que de promover el concurso, junto con la Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo (FILUC).

Joaquín habló de forma muy sensible y elocuente tanto sobre la obra y legado de Salvador Garmendia como del trabajo de los autores que forman parte de la obra. Para este momento, cuando ya he logrado leer tanto el cuento ganador como las tres menciones especiales (sin contar la mía que, por supuesto, ya había leído antes… y que volví a leer ahora en papel), puedo decir que es altamente gratificante formar parte de un libro con historias tan bien logradas e ingeniosas. Si esta es solo una muestra de 5 de los 421 participantes del concurso, puedo entender que los jurados realmente lo tuvieron difícil para tomar su decisión. Pero ya hablaré con un poco más de detalle sobre este libro más adelante, en un post dedicado exclusivamente a este.

Por lo pronto, si quieres leerlo debes estar muy atento a las redes sociales, para cazar alguna de las varias presentaciones que se estarán haciendo del libro que, por el momento, son las ocasiones idóneas para comprarlo. Creo que ya será a partir de la FILUC 2017 cuando se conseguirá más fácilmente para la venta, junto con el volumen que compilará al ganador y las posibles menciones de este premio en su segunda edición, que en este mismo momento tiene su convocatoria abierta. Así que, si tienes un cuento que se ajuste a lo indicado en las bases del premio, no dejes de participar.

Y para cerrar, la última obra en ocupar las estanterías digitales viene por partida doble. Se trata de la edición 2017 de la revista peruana de ficción breve Plesiosaurio que, como nos tiene acostumbrados desde su edición número 3, incluye simultáneamente dos volúmenes. El primero de ellos, que es en el que salen dos de mis textos publicados, es el dedicado a la divulgación de estudios sobre la microficción, e incluye ensayos, entrevistas, reseñas y más. Allí aparecen dos de mis microensayos sobre microficción venezolana.

Porque de lo más emocionante que tiene esta edición de Plesiosaurio, al menos para mí y muchos amantes venezolanos de la microficción, es que está por completo dirigida a mostrar el desarrollo de este género en nuestro país. Y, como es bastante lógico, aquí también aparece el nombre de Geraudí González vinculado, en el rol de editora invitada, junto a su editor en jefe y director, Rony Vásquez Guevara. A ambos les agradezco la amabilidad de permitir que dos de mis textos hagan vida en medio de tan valiosa selección de trabajos.

El segundo volumen de este número de Plesiosaurio es el encargado de mostrar la antología de microcuentos, que para esta ocasión hace un repaso por los autores más influyentes y relevantes de nuestra microficción venezolana (más de treinta en total), y lo suma a su habitual selección de escritores jóvenes, con veinte autores más, de seis países distintos. Una selección tan cuidada y variada como esta, que va desde lo académico hasta lo literario, es una de las razones por las cuales Plesiosaurio se ha vuelto un referente entre las revistas dedicadas a esta brevísima forma narrativa.

Si quieres leer el volúmen 1 de la revista Plesiosaurio, puede descargarla sin costo por aquí: http://bit.ly/Plesio9-1

Si quieres leer el volúmen 2 de la revista Plesiosaurio, puede descargarla sin costo por aquí: http://bit.ly/Plesio9-2

Dicho lo dicho, no queda mucho más por agregar salvo lo obvio: se siente genial publicar y hacerlo de tres en tres se siente mucho mejor. Espero que los que descarguen o compren las obras las disfruten tanto como yo me disfruto tener allí mis pequeñas huellas.

Anaís, la jinete marina*

Anaís adoraba la playa. Sus papás la llevaban de vez en cuando y se divertía mucho, bañándose en el mar y haciendo castillos de arena. Disfrutaba tanto pero tanto que de regreso del viaje siempre se quedaba dormida, por el cansancio. Esa parte del paseo también le gustaba. La última vez que viajó a la playa le pasó lo mismo, pero en el camino tuvo un emocionante y extraño sueño.

Vivía debajo del mar y era una jinete en competencias de caballitos de mar. El suyo era un hermoso caballito blanco con aletas color rosado. Y era el más rápido de todos. Siempre ganaban. Pero el caballito se cansaba mucho en las carreras, y de regreso a su casa, en el auto de sus papás, se dormía a aleta suelta. Después de la última carrera le pasó lo mismo y tuvo un extraño y emocionante sueño.

Soñó que era una niña que adoraba ir a la playa, y de regreso estaba tan cansada que soñaba que era la jinete marina de un caballito de mar, que soñaba que era una niña, que soñaba que era un caballito de mar, una niña y un caballito de mar, hasta el infinito o el verdadero despertar. Lo que no sabemos es si despertaba como niña o como caballito de mar.

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*Nunca publico cuentos infantiles en este blog. Pero hoy hay una razón especial para hacerlo y es que hace unas horas se hizo pública la cuenta de Instagram con el emprendimiento de mi mamá, llamado Mimo’s. A través de ella, hace vestidos para niñas, cada uno de ellos absolutamente único, y todos acompañados por un cuento infantil, que es la parte de la que me encargo yo. Los invito a pasearse por la cuenta (haciendo clic por aquí) y admirar los vestidos y disfrutar de los cuentos con sus hijos, sobrinos, nietos y más.

Cadáver social

Virtud insana la jueza ostentaba. Unos pobres lamían sueños en polvo mientras se fumaban esperanzas medidas por kilotones de niebla, que la decadente jueza divisaba como atormentada y disparando con injustas lágrimas cocodrilescas. Cadáver secreto, enarbolaba ideales y utopías. Ahora exquisito es un pabellón psiquiátrico extinto. ¿Quién hará cambiar? Debe accionar mientras controla todo minuciosamente, pero aún gomina lánguidamente. Corrijo: saboteo para continuar matando la ladilla diaria. Tal vez cambie de opinión y espante mariposas cósmicas. Definitivamente, aunque estén peligrando, siempre estarán desentonados para después (jamás) trasegar y trasegar.

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Uno dos seis… años de ConVíctor_y_Confeso

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¡Sí, señoras y señores! ConVíctor_y_Confeso cumple 6 años desde su primera publicación. Y este año quise hacer algo especial para celebrarlo. Quizás la imagen que corona el post les dé una pista. Para los que dijeron algo relacionado con la palabra “libro”, les aclaro que acertaron. He creado un pequeño libro digital, de descarga gratuita, al que he titulado Uno dos seis. Si hacen clic en la imagen lo pueden descargar, o lo pueden hacer por aquí, o ya bien al final del post. ¿Y para qué tantos enlaces de descarga? ¡Qué sé yo! Lo único que sé es que también lo pueden descargar por acá y por acá, aunque todos los acaces son el mismo enlace.

Spam aparte, la invitación a descargar es obvia, pero quizás no tanto la de que pueden compartir el libro con quien lo deseen. Si es alguien que nunca se ha dado un paseo por este blog, sería genial si lo invitan a que se descargue el libro directamente desde aquí. Pero, si se lo envían sin mediación, tampoco pasa nada.

Este libro está compuesto por 36 microcuentos, todos publicados en este blog a lo largo de los últimos 6 años, y elegidos por un simple criterio de gustos personales, pero divididos por año (6 microcuentos por cada año, contados de octubre a octubre). Así pueden explorar la cronología, la cualidad y variedad de mi trabajo a lo largo del tiempo.

Los microcuentos de este libro son muy variados tanto en extensión, como en temas y en recursos. En algunos hablo de zombis, en otros de fantasmas y en otro más de magia, mientras que también exploro géneros como el detectivesco, la mitología griega, los cuentos de hadas, los relatos bíblicos y otras relaciones intertextuales, con literatura, televisión, teatro y más. Los registros van desde la comedia al terror, pasando también por el drama y otras cosas un tanto más difíciles de catalogar. En definitiva, se trata de una selección de microcuentos tan variopinta como el espíritu de este blog y mis intereses al escribir.

No quedaría más que decir que invitarlos de nuevo a que descarguen el libro, lean (o relean) sus microcuentos a gusto (en el orden que deseen, en la cantidad que deseen) y lo compartan con quien crean que lo puede disfrutar. Y, mientras pasan las páginas, brindamos por otros seis años más de este blog. ¡Salud!

El enlace definitivo y final para su descarga, a continuación.

Haz clic aquí para descargar el libro.

PD: ¡Feliz cumpleaños, ConVíctor_y_Confeso!

Recibí mención en el Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia 1° ed.

cuento-concurso

En el que desde hace años es mi mes favorito, y en el marco de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC), una de las razones de que sea mi mes favorito, he recibido una excelente noticia: Mi cuento El dolor recibió mención en la primera edición del Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia.

Quizás alguno de los que ahora lee esto recuerde que, en el año 2013, mi libro Manual de patologías resultó ganador del VIII Concurso Nacional de Narrativa Salvador Garmendia. Como se puede ver, son dos premios completamente distintos, pero ambos parten del homenaje al mismo autor. Un autor que, por demás, merece estos y muchos otros homenajes. Y, si yo fuera un hombre creyente, se merecería que encendiera al menos una vela frente a una de sus obras. Porque es segunda vez que tengo el honor de que su nombre arrope algo escrito por mí. Aunque, ahora que lo pienso, siempre he tenido una vela (apagada) cerca del lugar de mi biblioteca donde reposa su selección de cuentos editado por la Fundación Bigott, titulada El regreso. Quizás de allí la suerte que me ha dado y que este cuento haya ganado justo en este concurso y no en los dos anteriores en los que lo inscribí, al igual que Manual de patologías, que fue enviado al menos a 3 concursos antes de que lo intentara con el que llevaba el nombre de este genial escritor.

Sea como sea, para mí es un honor haber recibido una mención en un premio cuyo jurado estuvo compuesto por nada más y nada menos que Victoria de Stefano, Antonio López Ortega y Miguel Gomes. Y compartir libro con 4 relatos que, por lo poco que adelantaron los jurados durante la entrega del premio, parecen geniales y me gustaría leer (ya les contaré cuando los lea). La Fundación Rosa y Giuseppe Vagnoni (FUNDAVAG), promotora principal junto a la FILUC de este concurso, editará un libro en el primer trimestre del 2017 con el cuento ganador y las 4 menciones. Y los libros que hace son preciosos, así que estoy ansioso por ver cómo quedará.

Como anécdota curiosa, puedo contar que en este concurso se tomaron la molestia de identificar cada cuento con un número, de acuerdo al orden en que fueron enviados para su participación, lo cual me permitió saber que yo fui el primero en enviar su cuento. No sé qué demuestre eso de mí, pero lo quería contar.

Otra anécdota curiosa es que el germen de este cuento surgió en otro concurso de características muy distintas, del año 2011. Se llamaba To be continued y consistía en escribir capítulos para una novela negra colectiva. Con un primer capítulo de partida escrito por Santiago Rocagliolo, cada participante tenía que hacer su propuesta para un segundo capítulo. Y una vez elegido el segundo capítulo, se participaba por el tercero, y así sucesivamente. El germen de este cuento fue mi propuesta para el capítulo 8 si no me equivoco. Ahora puedo decir que agradezco no haber ganado, porque ello me permitió explorar con mayor profundidad este tema que me ha obsesionado desde hace mucho: escribir un relato sobre el Trastorno de Identidad Disociativa que fuera un poco más fiel a las descripciones de los manuales diagnósticos. Además de mi interés por escribir un relato enmarcado por completo en el lenguaje cinematográfico y otras ideas que quería incorporar y no hubiera podido hacer en el concurso original.

Me tomó 4 años (por periodos sueltos)  terminar de escribirlo y creo que, para la fecha, es la cosa más enrevesada y extraña que haya escrito. Así que estoy orgulloso del final que tuvo y me anima a seguir sumergiéndome más en experimentos enrevesados y extraños. De hecho, ya hay algunos proyectos en activo basados en esa premisa. El tiempo dirá qué surgirá de allí.

Por ahora, despido esta nota personal transcribiendo el veredicto del jurado, para dejar constancia aquí del ganador y los otros autores con menciones. A todos, mis felicitaciones.

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