Comenzando el día con la porción correcta de acentos

Hay una canción que me gusta bastante, llamada “That time”, en donde su cantante, Regina Spektor, le pregunta (suponemos) a su pareja “¿Recuerdas aquel tiempo en que solo podía leer las partes de atrás de las cajas de cereales”. Un poco antes le pregunta si recuerda el tiempo en que solo leía Shakespeare. Esto, además de un bonito recurso de generalización, a partir de la exposición de opuestos, nos habla de una persona que ha tenido lecturas equilibradas; desde las más complejas hasta las más informales. Pero, todo esto no es más que una canción. No podemos siquiera pensar que se trate de más que una ficción en beneficio de la música. Lo que sí podemos tomar como cierto, en cambio, es el hecho de que efectivamente hay personas para las cuales la única (o prácticamente la única) lectura que realizan es en sus cajas de cereales, mientras desayunan. Es casi un cliché tomar la caja con la mano izquierda e ir leyendo la tabla nutricional (e incluso los teléfonos de atención al consumidor, los días de más tedio) mientras la mano derecha (asumimos como posible el cambio de lateralidad, por supuesto) empuña maquinalmente la cuchara, baja al plato y sube a nuestras bocas, sin que siquiera lo notemos demasiado. Es por ello que, desde hace mucho tiempo, las compañías de cereales, se han preocupado por llenar de contenidos diversos sus cajas: desde juegos mentales, hasta cuentos infantiles. Y si en adultos resulta altamente probable la lectura de estos contenidos, imaginen la proporción en los niños. Y más si sumamos el hecho de que dichos contenidos por lo general están dirigidos a ellos, en tanto el cereal se concibe como una alternativa para el desayuno de niños en su mayoría. Todo bien hasta allí.

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