Novela

No somos libres. Somos la reacción en cadena de la explosión primigenia que parió al Universo y a nosotros. No somos libres y gritamos libertad, como si con ello untáramos mantequilla en los rieles del tiempo, para que trastabille y podamos engañar al determinismo por al menos un segundo, y besar a esa chica, y romperle la nariz a ese imbécil, y robar ese banco, y fumar ese cigarro y decir ese discurso que se atraganta porque el Big Bang no perdona y en realidad escribe mejor que tú. Toca seguir leyendo su novela.

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Sobre el IX Concurso de Cuentos de SACVEN

Este será un post muy corto, solo para comentarles algo que me emociona. Hace unos cuantos días me enteré que había obtenido la primera mención en el IX Concurso de Cuentos de SACVEN. Es algo que me parece genial, pues podría decirse que es el primer premio de tal magnitud que me gano (o que casi me gano, si nos ajustamos a que solo fue una mención). Ya había participado en el concurso en una edición anterior, sin obtener ninguna gloria, y en esta oportunidad me tocó la suerte con mi cuento “Los siete mandamientos de la Granja Muck”, que los que son lectores habituales de mi blog, sabrán que este es un cuento que empecé a escribir para lo que fue la primera edición de nuestro Proyecto 3 Variables, en el blog de Letra Franca. Después de ese pequeño cuento, que sirvió de germen, me la pasé más de un año repasándolo, mejorándolo, y sobre todo ampliándolo, pues pasó de tener unas 5 páginas o menos a ser un cuento de más de 20. Ahora, en su versión final, no solo tiene un premio que me emociona, sino que espera ser editado en un libro, junto con el cuento ganador del concurso y los otros finalistas. Todo indica que el libro podrá estar listo antes de que este año termine. Ojalá sea así, porque ya quiero tenerlo en mi mano.

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El síndrome de la Bella*

Cuando Bella conoció a la Bestia, el mundo estaba sumido en una cruenta guerra entre los reyes y las hadas. Los magos y brujas, en alianza con las hadas, reclamaban el poder que aseguraban les pertenecía por derecho natural. Un poder superior al de cualquier rey y al de cualquier humano. Después de todo, eran criaturas fantásticas y podían hacer del mundo un lugar mejor. También podrían volverlo un lugar nefasto y oscuro, pero cada cual vendía el paraíso que más le convenía. Mientras tanto, los reyes, armados con cachivaches algo más precarios, pero con una retórica más pulida, hacían lo que podían para sostener su poder y sus riquezas.

Muchos campesinos eran llamados a unirse a las milicias de los reyes. Pero eran también muchos los militares y campesinos que desertaban su labor, seducidos por las promesas de los seres mágicos, y empezaban a pelear del lado de estos.

El padre de Bella, un mercader antes rico, ahora venido a menos, ansiaba creer que con el ascenso al poder de las hadas el mundo sería más justo y él recobraría su antiguo estatus, con el que podría darle de nuevo una vida digna a sus tres hijas, pero en especial a Bella, que era su favorita. Por el destino económico de sus tres hijos varones nunca se preocupó, al menos no desde su rol de proveedor, porque su educación le dictaba que a su edad ya debían sostenerse por sí mismos e incluso tomar alguna postura, ni siquiera importaba si contraria, en la guerra, cosas que no parecían dispuestos a hacer y que, ahora desde su rol de mentor moral, no hacían más que llenarlo de vergüenza y deshonra.

Por ello, comenzó a batallar del lado de los seres mágicos, y Bella todas las noches le rogaba que abandonara la batalla, mientras sus hermanas le aupaban, esperanzadas también de que la victoria de las hadas les permitiera a sus cuellos volver a lucir las costosas prendas que antaño tuvieran y que la crisis les obligó a empeñar.

La Bestia, desde su castillo, peleaba del lado de los reyes, príncipe como había sido alguna vez y maldecido por un hada como estaba desde hacía mucho tiempo. Su odio por los seres mágicos, sumado a su astucia y fuerza animal, lo convirtieron pronto en un bastión de gran importancia para la guerra. Su castillo se había vuelto campo de tortura y prisión para toda clase de seres, humanos o mágicos, que peleaban en el bando contrario.

En una de esas celdas fue a parar el padre de Bella, como prisionero de guerra. Y, cuando el caballo de su padre llegó a la casa sin él, ella supo que algo malo le había pasado y se precipitó en su búsqueda. No tardó en encontrar el castillo de la Bestia y, viendo a su padre disminuido terriblemente por las torturas que había recibido, le suplicó que lo dejara libre y que la apresara a ella en su lugar. La Bestia, al ver la frágil belleza de aquella mujer, aceptó, con la condición de que ella fuera su compañera sexual. El padre fue botado del castillo entre súplicas de piedad por su hija que, por supuesto, no fueron escuchadas. La condena de Bella apenas empezaba.

Pasaron exactamente once semanas, en las cuales Bella recibió de la Bestia toda clase de torturas inconcebibles y donde vio cómo otros seres, humanos y mágicos, recibían algunas peores. Pasó exactamente ese tiempo antes de que Bella comenzara a sentirse enamorada de su captor. Y no pasaron ni dos semanas más antes de que empezara a sentir empatía por sus luchas.

Así se lo hizo saber una tarde, después de que este yaciera con ella, ya sin sus antes habituales gritos y lágrimas. Le dijo que lo amaba, lo besó en todo su pelaje y este se transformó en un apuesto y elegante príncipe.

La nueva investidura no sorprendió de más a Bella, quien solo le pidió contribuir con la guerra, y la Bestia, ahora humano, cumplió asignándole pequeñas tareas al inicio y otras mucho más importantes antes de cumplido el primer mes. Ahora Bella era la responsable de buena parte de las torturas, y parecía tener un don para hacer que los rebeldes confesaran sus secretos.

Así fue como hizo encerrar a su familia. Su padre ya se había recuperado y estaba de nuevo en el frente de batalla, ahora junto a sus hermanos, que se movilizaron a la lucha tras el secuestro de quien creían seguía siendo su pequeña e inocente hermana. Era evidente que necesitaban un escarmiento. Y sus hermanas, pues, sencillamente eran unas cabezas huecas que merecían un castigo inusitado por su frivolidad. Las torturas propinadas al padre mermaron su salud de tal forma que murió después de tres días de no poder procesar los alimentos, por el daño masivo a su sistema digestivo. Los hermanos murieron pocas semanas después, tras comprobarse su inutilidad como informantes o carnada para negociaciones. Las hermanas, en cambio, no tuvieron tanta suerte. Bella ordenó a una de las hadas prisioneras que transformara a sus hermanas en estatuas, pero que les mantuviera la consciencia, para que sufrieran por la eternidad, viéndola a ella feliz.

A estas alturas, el príncipe estaba más que enamorado de Bella, pero ahora le temía, pues al perder su condición de bestia también se había esfumado gran parte de su odio, y su activismo político le parecía cada vez un constructo más artificial. Así se lo hizo saber a Bella una noche en que sus responsabilidades les dejaron espacio para dormir juntos. Bella supo inmediatamente lo que tenía que hacer.

Lo arrastró desnudo por todo el castillo y lo llevó hasta la celda donde ella alguna vez había vivido. Allí lo encerró, lo torturó y lo humilló durante semanas. Cada noche volvía, abusaba de él y lo dejaba en el suelo como un trapo mugriento. No perdía las esperanzas de que el cambio al fin le llegara y sintiera de nuevo, como ella alguna vez lo sintió, el llamado a la guerra, el llamado a ser de nuevo una bestia.

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* Este cuento es la primera parte de tres cuentos que reconstruyen el imaginario de La Bella y la Bestia, publicado en el libro Cuentos de hadas para dormir adultos.

Sobre una relatividad

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“TODO ES RELATIVO”

Albert Einstein.

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Adoramos repetir lo que oímos sin comprender sus implicaciones reales. “Todo es relativo”, decimos, y creemos que se trata de una fórmula semántica, que existe para explicar situaciones en las que, dos puntos de vistas humanos, chocan entre sí. La causa puede ser cualquiera: el tiempo transcurrido en una espera para una cita pactada, el cansancio producido por una actividad de alto desgaste energético, el uso del espacio geométrico y el color en el cubismo u otras artes, entre millones de nimiedades de la experiencia humana cotidiana.

Difícilmente nos damos cuenta que la relatividad poco (o nada) tiene que ver con esto. La relatividad del espaciotiempo se preocupa por los fenómenos naturales en los que la velocidad es cercana a la de la luz, la cantidad de materia es tal que produce fuerzas gravitacionales, y las distancias son astronómicas (literalmente). Y, a menos que tu masa corporal sea similar a la de un planeta, te traslades de un lugar al otro a unos 290 mil Km/seg., vayas en caída libre dentro de una caja de Einstein, o liberes energía por fisión o fusión, la relatividad no juega un papel relevante en tu vida. Lo que nos enseñaron de física en el colegio, es suficiente para explicar nuestra experiencia.

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