Lector de autobús

Especie en peligro de extinción, o al menos así le gusta sentirse a cada uno de estos especímenes, movilizados en gran parte por la fantasía de que son seres extraños y  necesarios para una sociedad en decadencia. Usan los libros para evitar contactar con los ojos de los otros, pero les tienta el levantar la mirada, para corroborar si alguien los mira y admira su hazaña de no cejar en su intento de culturizarse en medio de la fiesta de música popular y peleas sobre ruedas en la que viajan a sus admirables destinos. Los libros han de ser de preferencia gordos y por obligación canónicos, descatalogados, ladrillos, clásicos, librobjetos o cualquier formato que escape del best seller y el readers digest o la recomendación semanal de Oprah.

Les espanta la idea de leer en público un libro desde la primera página y que alguien los acuse de retrasados, de haber empezado demasiado tarde con la lectura de un ejemplar obligado como ese. Luce más agradable para su imagen especular abrir el libro por la mitad (aun a costa de saltarse la primera mitad del libro) y pasar las páginas a buen ritmo, no sea que alguno de sus observadores los acuse de lectores lentos o con déficit atencional. Si pasados dos minutos no se concluye la lectura de una página, el lector de autobús la pasará para simular que la ha completado y de esa manera mantener su reputación en medio del ecosistema de no lectores que encuentran en su afán lector la esperanza de que alguien está trabajando por un mundo mejor. Por ello ha de mantener la continuidad entre los diferentes autobuses y transportes públicos que le sirven de sala de lectura. No puede rescatar el párrafo perdido en el autobús uno dentro del autobús dos, porque jamás reconocería si alguien del primero viaja también en el segundo, y su discapacidad lectora quedaría en evidencia.

Después de años leyendo en autobuses, esta especie ha perdido el placer, la disciplina o ambos por la lectura privada, de modo que sus libros se quedan abandonados en mochilas y carteras hasta que el sujeto en cuestión sube a un transporte colectivo y se expone a la mirada de los otros. De vez en cuando, el lector de autobús se encuentra a otro de su especie, y entre ambos levantan sus plumas, comparan lecturas, exponen sus medallas y cada uno queda convencido de ser un mejor lector y resultar más necesario para la supervivencia de una especie digna del apellido sapiens. Si los lectores son de distinto sexo, quizás se imbuyan en fantasías inocuas de sexo erudito mientras pasan mecánicamente las páginas de sus libros y se ignoran el resto del viaje.

Pero si bien la mayoría de los lectores de autobús temen iniciar un libro frente a los demás pasajeros, no hay nada que teman más que terminarlo antes de haber llegado a destino. Cuando se les acaban las letras, cuando ya no queda ni el índice y el número de copias impresas por leer, el lector de autobús hiperventila y tiembla; suda y traga muy hondo, porque sabe que no queda más que cerrar el libro, abrir los ojos al mundo y descubrir que nadie lo miraba, que de nuevo está solo y una vez más no es nadie; que nunca lo fue. Y allí, desnudo en su normalidad, no puede hacer más que pedir la parada y bajar corriendo del autobús, aunque falten cientos de cuadras para llegar a casa.

Del sueño al dinosaurio en menos de 7 palabras y más de 7 cuentos

1. Despertó enratonado con un dinosaurio bigotudo.

.               2. Y el dinosaurio besó a Blancanieves.

3. Despertó cuando el dinosaurio le disparaba.

.               4. La dinosauria creía que dormía sola.

5. Entre dinosaurio y dinosaurio, ella volaba.

.               6. Monterroso y el dinosaurio pactaron silencio.

7. El dinosaurio sufre insomnio desde entonces.

.               8. Comía dinosaurio frito antes de dormir.

Vota por mi blog en los Premios 20Blogs

20 min

Hoy empezó la fase de votaciones de uno de los concursos para blogueros más grandes e importantes de Iberoamérica. Hablo del Premio 20Blogs, que organiza el portal 20 minutos de España.  Esta es su décima edición y este año hay un total de 7562 blogs participantes, distribuidos en veinte categorías. Mi blog, Con_Víctor_y_Confeso, está participando en la categoría “Personal”, donde hay un total de 722 inscritos.

Como podrán suponer, este post es para animarlos a que se paseen por mi perfil en 20Blogs y voten por este espacio virtual para la literatura, el cine y la televisión. De esa forma estaré participando tanto por el premio del público (que lo gana quien obtenga más votaciones), por el de mejor blog por categoría y mejor blog 2015. Si los he animado, entonces lean a continuación los breves y sencillos pasos a seguir para poder votar por mi blog.

Pasos para votar

1. Entrar a este enlace:
http://lablogoteca.20minutos.es/convictor_y_confeso-50583/0/.

2. Registrarte en el portal de 20 minutos. La manera más sencilla es haciendo clic en el botón “Conéctate” de facebook, que se encuentra en la esquina superior derecha de la página.

NOTA: 20 minutos no envía ningún tipo de spam por suscribirse al portal.

3. Hacer clic en el botón que dice “Vota a este blog”. OJO: Solo de esa manera se vota. Las 5 estrellas donde dice “Vota” solo son para dar una apreciación al autor sobre su blog, pero no equivalen a un voto formal.

4. ¡LISTO! Lo demás es totalmente opcional. Puedes dejar un comentario al final de la página (normal o por facebook), y puedes compartir el enlace por tus redes sociales.

———————

Eso sería todo. Mil gracias anticipadas por ayudar a que Con_Víctor_y_Confeso llegue cada vez a más personas. Y nos vemos en la premiación. ¡Cruzo los dedos!

El gesto de la Muerte

Jean Cocteau, en su cuento El gesto de la muerte, nos habla de un jardinero persa que viaja a Ispahán en un caballo prestado por su príncipe, para escapar de la Muerte, tras encontrársela una mañana e interpretar un gesto suyo de sorpresa como uno de amenaza. La Muerte en realidad estaba sorprendida por encontrar al jardinero tan lejos de Ispahán, donde se supone que debía matarle esa noche. La bondad del príncipe, pero sobre todo la confusión del jardinero persa permitieron que la muerte se sucediera como estaba destinada, circunscribiendo al cuento en el subgénero de la profecía autocumplida y el relato circular. Borges, Bioy Casares y Ocampo seleccionan este cuento en su antología de la literatura fantástica asumiendo inocentemente que los entresijos de esta historia no se ajustaban a los parámetros de la realidad.

Sin embargo, si tomamos en consideración los estudios realizados por Simon Baron-Cohen a mediados de los ochenta, entenderemos que el núcleo del cuento es realista. Baron-Cohen realizó experimentos diversos con chimpancés y, a partir de algunos de ellos, notó que estos animales tenían la capacidad para empatizarse por lo que le pasara a otros chimpancés (a través de imágenes de un televisor) e incluso a humanos. También descubrió, a través de su aparato para la detección de la dirección ocular, que los chimpancés miraban a los ojos de los humanos y otros animales en busca de información emocional, que les permitiera interpretar adecuadamente sus interacciones con estos. Por último, notó que estos animales podían comprender el principio de que es posible tener una creencia errada (digamos la creencia de que una banana era real cuando en realidad era de plástico). A todo esto lo llamó el mecanismo de la teoría de la mente, aludiendo a que los chimpancés podían procurarse la idea de que los humanos y otros chimpancés tenían una mente propia. No tardó demasiado antes de extrapolar su teoría a los humanos, verificando cómo se iba refinando la teoría de la mente desde el mismo nacimiento del individuo hasta su adultez.

Más tarde, a través de la elaboración de pruebas psicológicas determinó que las mujeres tenían un mejor desarrollo de la teoría de la mente (a lo que llamó el cerebro empático o cerebro femenino), mientras que los hombres tenían un mayor desarrollo de la sistematicidad o comprensión de sistemas (en este grupo de definiciones la empatía era la comprensión de sistemas humanos). Por último, notó que las personas con autismo carecían del desarrollo de una teoría de la mente, o de capacidades mentalistas como otros teóricos empezaban a llamarla. Baron-Cohen definió la mente de las personas con autismo como sistemática extrema o masculina extrema, muriendo antes de poder descubrir si existía una mente empática extrema.

Lo cierto es que, teniendo en cuenta que las capacidades mentalistas son las que le permiten a un individuo tener consciencia de que los demás sujetos tienen una mente propia con la que crean sus emociones, pensamientos, deseos y creencias, se hace lógico que una persona con pocas o nulas habilidades mentalistas no pueda interpretar adecuadamente las expresiones faciales de otra, para concluir, a partir de estas, las emociones que intenta expresar. Desde esta perspectiva suena admisible que el jardinero persa del cuento de Cocteau en realidad tuviera alguna clase de Trastorno del Espectro Autista, más probablemente el Síndrome de Asperger, dada su funcionalidad general y la alta capacidad de sistematización que se requiere para mantener en perfecto estado los complejos jardines persas. Mirándolo desde este ángulo, validado científicamente como ya se vio, es razonablemente lógico que el jardinero interpretara un gesto de sorpresa como uno de amenaza, a pesar de las gigantescas diferencias que hay entre uno y otro. En conclusión, no se puede llamar fantástica a una historia tan bien enraizada en la ciencia contemporánea.

Aunque quizás haya quien diga que el énfasis en lo fantástico de esta historia no subyace en la confusión de expresiones faciales, sino en la existencia de la Muerte, como figura humanizada. Pero allí bastaría con reseñar los estudios de alto rango científico realizados por Pieter de la Court hijo en 1733, sobre la corporeidad de la muerte, para entender que allí no puede estar el foco fantástico de la historia. Con Baron-Cohen tenían excusa pues sus estudios surgieron mucho después de Cocteau y la antología. Pero con de la Court, se trató de simple y deliberada ignorancia o acaso de un obsceno e innecesario escepticismo.