La mujer y la silla

Todo el día se la pasaba jugándole bromas. Cuando se iba a sentar para comer, la silla retrocedía y ella caía. Cuando se disponía a leer, la silla comenzaba a temblar para desconcentrarla. Al fin se decidió y la clavó al suelo con fuertes remaches. Por las noches, entonces, la silla gemía y ella no podía dormir. Tampoco le era posible, durante el día, comer o leer a gusto. Se sentía culpable. Así que se levantó, le sacó los remaches y, cuando estuvo liberada, pasó su antebrazo por su frente ligeramente sudada, en un sobreactuado ademán de cansancio, al que le siguieron una serie de movimientos forzadamente predecibles cuyo destino, la silla lo sabía, era sentarse a descansar. La silla retrocedió y ella quedó tendida en el suelo. Fingió levantarse molesta, se dirigió a su cuarto musitando una falsa rabia y se acostó. Durmió toda la noche. Definitivamente, una buena amistad debe proteger sus rituales.

El Otro Cuerpo

Intentó perseguir su alma hasta el otro cuerpo. Le lanzaba los gusanos que se despegaba de las agallas de piel tratando de retarla, como un niño que amenaza a otro con tumbarle la hoja seca del hombro. Pero el alma seguía su ascenso. Entonces fue cuando el cuerpo, en un último acto de desespero, le gritó ya sin ningún pudor:

–          Si te vas y no me llevas, le voy a contar a la prensa sensacionalista de aquel secreto que prometimos guardar con la muerte.

Entonces el alma se detuvo a medio vuelo y dubitativa regresó a tierra santa para meterse de nuevo, con la cabeza gacha, en su primer y único cuerpo. Sabía que no podía hacer nada. La prensa sensacionalista pasaba dos veces por semana por ese cementerio a hablar con los cuerpos desolados que, ya sin alma, vendían sus secretos más bochornosos a cambio de un poco de dinero, una almohada de plumas de ganso, una cobijita para el frío y una botellita de licor de canela o licor de menta. Y la verdad ya no le importaba ese tonto secreto. Pero, si tenía la suerte de que le dieran una botella de canelita, no le permitiría que se la tomara solo. Cualquiera en el mundo sabe que el alma necesita, después de todo, más alcohol que el cuerpo. Se metieron juntos al catafalco y al fin se durmieron.

Paul

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Advertencia: Esta reseña de Paul puede ofrecer detalles de la trama, que quizás no quieras conocer si aún no ves la película.

La primera película que vi este año. Literalmente, iba por la mitad cuando tocó dar el abrazo de feliz año, así que también fue la última peli del año pasado. Eso habla del espíritu navideño que corre en mi familia… o acaso de su espíritu cinéfilo.

Una película que me intrigaba bastante porque mezclaba 2 géneros: road movie y película de extraterrestres, por no decir que también incluye el género de la comedia, y cumplió mis expectativas con creces en cada una de sus incursiones temáticas.

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