Descafeinada irlandesa

Untitled, por Noel Feans (2012)

 

Fue una de las peores tardes de mi vida. La consciencia no dejaba de empujarme a límites dolorosos que no había experimentado y no era capaz de comprender. Mi estómago me ardía, como en una suerte de premonición, o quizás en una sensación de estar delatándome a mí mismo un secreto que ni yo terminaba de escuchar, y que vine a escuchar por primera vez, hace una semana, un año exacto después de esa tarde en que la conocí a ella, y no la volví a ver jamás. La conocí en el Café Pärde, que habitualmente estaba vacío, y en esa tarde solo estuvimos ella y yo. Ella leía París era una fiesta de Hemingway. De eso me enteré después cuando logré sentarme en su mesa. También me enteré que tomaba descafeinado irlandés, lo cual me parecía una combinación absurda, y hasta el día de hoy es mi mayor referente de lo que ella representa como ser humano. Una chica descafeínada, desabrida, sin chispa, que guardaba dentro de sí una melancolía de bar, aunque frecuentara cafés. Quizás Hemingway le permitía completar aquel arquetipo a través de sus historias. Luego me comentó que también leía a Pedro Juan Gutiérrez, lo que vino a ser una forma más de completar ese perfil de descafeinada irlandesa, que se le salía por los poros del suéter tejido en esa tarde de sol.

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