A Armas Alfonzo

Los ángeles, a la postre, no difieren demasiado de los pájaros cantores. Por más intentos que hacen los primeros por diferenciarse de los segundos, cuando la muerte les fulmina sin aviso, en pleno vuelo, sobre una acera indiferenciada, las hormigas también les devoran y tú los esquivas en tu tránsito, sin darte necesariamente por enterado.

La paradoja del minotauro

Como era costumbre, cada año soltaban a 14 vírgenes en los laberintos del minotauro, y ese año los primeros 5 habían estado deliciosos. O era solo el hambre, retrasada por todo un año. El minotauro seguía creciendo en tamaño, agilidad y agresividad, por lo que cada vez necesitaba más y los tragaba con más salvajismo. Después de haber devorado a los 13 primeros, solo quedaba uno por atrapar. Un joven escurridizo, que se había escapado ya en 3 ocasiones, mientras todavía el minotauro tenía otros jóvenes con los que entretenerse entre sus pasadizos. Pero, ahora solo quedaba él, y el minotauro le había arrinconado, en un pasillo donde las gardenias mareaban con su tufo. Así que el joven, en un intento por salvar su pellejo del destino inminente, habló al minotauro antes de que este le devorase:

–         He escuchado que este año también han introducido un unicornio en tus predios.

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