Hablemos sobre: narraciones anticlimáticas

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Para ponernos en contexto

Hoy abordaremos la corrección de una novela corta de difícil definición genérica. Y precisamente es difícil de definir en cuanto a género por la razón que nos lleva a hablar de ella hoy. Tiene elementos de humor, de drama, de reflexión y desparpajo en distintos niveles, pero al no estar bien distribuidos o manejados estos elementos, no se termina de entender si el libro es una comedia, un drama o algo intermedio.

En algunas ocasiones, sin embargo, deja la sensación de que rechaza la opción de mostrar algún tipo de clímax, y que esto es una decisión consciente del autor. En otras, no queda claro si ocurre por decisión o por un mal manejo de recursos narrativos. Lo que sí queda claro en todo momento es que la obra apunta más a ser anticlimática, o que le convendría más ajustarse a este modelo, que al modelo básico donde el clímax y la definición genéricas son requeridos.

Ahora bien. ¿Qué quiere decir que una narración sea anticlimática? En palabras muy sencillas, que no use la estructura estándar de dos grandes picos de tensión (evento desencadenador y nudo o clímax) y que incluso renuncia los momentos de poca tensión que se suelen incorporar en el medio de la trama. Igual, más adelante explicaré esto de mejor forma, aprovechándome de copiar un extracto del informe de lectura que redacté para este cliente.

Baste saber aquí que, dado lo acostumbrados que estamos como lectores a que nos metan todas las historias con la cucharilla forzada del clímax, enfrentarnos a una obra anticlimática genera una primera sensación natural de rechazo. Algo al estilo de “en esta historia no pasa nada” o “nada de lo que pasa me emociona”. Por ello, escribir desde el anticlímax no es sencillo. Hay que saber hacerlo para no espantar ni aburrir al lector, y lograr transmitir una historia de forma equilibrada. De eso hablaremos aquí.

Y para ello, vamos a hablar de una escena de esta novela, en la que al protagonista le chocan el auto en un semáforo. Al bajarse para reclamar, quien le choca, se baja del auto agresivo y petulante, diciéndole que ni piense que pagará nada y tratándolo de imbécil, afeminado y más. El agresor va con otros dos hombres en el vehículo, que todavía no se han bajado, y el agredido tiene un copiloto, famoso por ser adicto a pelear, que tampoco se ha bajado aún. En cambio, rodeándolos a ambos, ya había al menos seis personas.

El protagonista evalúa la situación y sabe que entre él y su amigo podrían con los tres del otro auto. Además, tiene tiempo sin pelear y la excusa le cae bien para hacerlo. La sangre le hierve, desea justicia y el agresor le sigue insultando. Sin una sola fibra de miedo en su cuerpo, sin embargo, y sin que medie ninguna explicación, el protagonista decide abandonar la pelea, antes de que inicie, se da la vuelta, se mete en su auto y se va.

Mi planteamiento para el autor es que la escena resultaba, más en su tratamiento que en su esencia, demasiado anticlimática, incluso para el nivel habitual en su novela, y que podría generar decepción en los lectores, lo mismo que la sensación de que no se respetaba la lógica emocional del personaje. Veamos, entonces, qué soluciones podemos encontrarle a ello, pero antes de pasar al apunte donde explico esto, los dejo con un extracto breve del informe de lectura de la novela.

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Evangelio apócrifo del rock: We Will Rock You

Casi inmediatamente después de su lanzamiento, We Will Rock You, de Queen, escrita por Brian May, se volvió un himno, no solo del rock, sino un símbolo de la victoria. Antes de que su coro se escuchara a palmas y patadas en los partidos deportivos, se le llegó a escuchar en algunas protestas, donde los manifestantes se infectaban de sensación de poder sobre sus opresores y se llenaban de energía y voluntad para resistir el gas pimienta y los rolos quebrando los huesos de sus piernas. Aquel niño con lodo en la cara, esa gran desgracia que se volvió un anciano también lleno de mierda en el rostro, y que aun así no perdía la esperanza de hacer temblar a sus enemigos, de hacerlos rockear, tenía el poder de movilizar a las masas hasta el delirio colectivo.

Un año antes de su lanzamiento, Freddy Mercury y Brian May visitaban una fábrica de algodón en China, que esclavizaba a niños, mujeres, hombres y ancianos desnutridos, que trabajaban por migajas casi hasta su muerte. El sonido de fondo de aquella fábrica lo hemos escuchado todos más de una vez con los vellos erizados y la garganta incendiada por la fiebre de cantar. Es el mismo sonido que más tarde Mercury y May recrearían con patadas y palmas. El mismo sonido que nos ha inyectado vitalidad y furor en tantas ocasiones era el que derrumbaba la voluntad de vida de aquellos trabajadores.

Pero la visita de los astros del rock a esa fábrica no era azarosa. Sus dueños, poderosos hombres del comunismo chino, habían pagado cifras astronómicas para que Brian y Freddy se dieran un paseo, bajo estricto pacto de confidencialidad, por sus galpones hacinados de esclavos moribundos. Su misión: escribir una canción que sonara por el sistema de megafonía y que llenara de energía a sus trabajadores, para ahorrarse algo de los elevados costes por muerte y aumentar la productividad general.

Esa noche, en el hotel, la canción surgió sola con el eco del sonido de aquella fábrica retumbando en sus sienes. Un mes después, We Will Rock You era escuchada por primera vez por los oídos de los esclavos del algodón, que nada entendían de la letra, pero que aun así sentían su cuerpo arder de ganas de vivir. A los seis meses, la productividad había mejorado en un 20% y la mortandad había bajado casi un 40%.

Los magnates rojos nada pudieron hacer para evitar que la canción se colara en la producción de News of the World, un título que intentaba hablar, en clave, al igual que Frank, el robot de la portada del álbum, de lo que habían visto en China. Pero Mercury no tuvo el valor de firmar como autor y le dejó a May todo el mérito. Y tampoco pudieron hacer nada, los gigantes asiáticos, para evitar que se convirtiera en lo que se convirtió.

Dos años después, la canción dejaría de escucharse para siempre en los megáfonos de la fábrica y, tan solo un mes después, una revuelta sangrienta de los esclavos redujo toda la fábrica a cenizas. Murieron cientos en el proceso, y al menos un par de comunistas de élite. No hay forma de saber qué relación tuvo We Will Rock You con la revuelta obrera, pero resulta tentador adjudicarle ese poder a la obra, como forma de compensar este terrible capítulo de la historia del rock y así poder seguir dando patadas y palmas, sin complejo ni culpa, cada vez que nuestro equipo se prepare para salir al campo o el balón cruce la marca de gol.

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Guía práctica sobre la atmósfera, el tono y el ritmo del cuento (o la novela)

La atmósfera de un relato es mucho más que un conjunto de elementos descriptivos acerca del escenario o los personajes. Para tenerlo más claro, veamos lo siguiente: la atmósfera terrestre nos cubre en cualquier actividad que hagamos dentro del planeta (aunque no lo notemos). Así debe ser la atmósfera de un relato. Debe estar en cada palabra escrita, y debe poder respirarse incluso más allá de las palabras, en los silencios dejados, en lo que no se dice. La atmósfera es, entonces, una abstracción, una entelequia que sobrevuela todo el relato, y que se puede asir por medio de los recursos literarios y la elección consciente de las palabras a usar, el orden de las mismas, su tono, su ritmo.

En ese sentido, el tono de un relato es el matiz o la serie de matices que se imprimen a la escritura de un texto literario, con el fin de favorecer cierta atmósfera específica. Se refiere también a las emociones que adrede se propician en el lector. Por ejemplo, si se quiere lograr una atmósfera de misterio en un cuento, es necesario que el tono del mismo sea oscuro, y que propicien emociones de incomodidad en el lector. De la misma forma, si se quiere lograr una atmósfera de esperanza, el tono del relato debe ser cálido y propiciar emociones positivas en el lector.

En la conjunción de estos dos elementos subyace el éxito de una obra, y a esta unión se le conoce como ritmo. El ritmo, entonces, sería el efecto logrado en el lector por medio de la atmósfera y el tono, que estimula un tipo de lectura específica. Este no se define por el tipo de lector (ávido, lento, etc.), pues un buen relato crea al lector que requiere, manipulando un ritmo específico. Así pues, si el ritmo de un relato apunta a ser leído con incredulidad y sin apuro, incluso los lectores más ávidos y apurados tendrán que detenerse cada vez que las pautas del ritmo así lo marquen para él.

Y se hace clara la relevancia de estos tres elementos sobre todo en los casos en los que se cuenta con una historia muy interesante, pero el lector no logra conectarse con ella, en tanto que no se ha establecido una atmósfera, tono o ritmos claros, o los que se han colado en el relato no le favorecen. Por ejemplo, sería un error crear un cuento infantil con un ritmo muy lento y que se aproxime al lector con hostilidad. Sin embargo, en otros casos pasará lo contrario: la base argumental del cuento es simple, pero la atmósfera, el tono y el ritmo son coherentes con la intención narrativa y se ha trabajado con consciencia estética y rigor técnico en ellos, de modo que esa historia en apariencia desabrida termina resultando trascendente. Podrán imaginar, entonces, lo que se logra cuando se da la feliz unión de un cuento con base narrativa original y buena atmósfera, tono y ritmo. Dentro de los dos últimos grupos es posible encontrar igual cantidad de obras maestras de la literatura.

Ahora bien, para establecer la atmósfera del relato, su tono y su ritmo, es necesario hacerse primero una serie de preguntas sobre lo que queremos conseguir con el mismo. Sobre cada una de ellas, es perfectamente posible que escojamos más de una opción de respuesta. Porque, por ejemplo, un relato puede tener una atmósfera simple, compuesta por una sola sensación que se transmite al lector de forma directa, o puede ser muy compleja, teniendo múltiples capas de sensaciones, que se superponen en el relato, con el fin de generar confusión al tiempo que conexión. También habrán cuentos que requieran de una atmósfera específica en una parte del mismo (simple o compleja), y de otra u otras en otra u otras partes (ya sean, también simples o complejas). Conviene, entonces, tratar de entender qué es lo que se quiere buscar en cada parte del relato, pero también tener una atmósfera general que cubra todo el cuento de punta a punta, independientemente de los cambios que puedan surgir entre las partes de la historia. Esto es extensible, también, al tono y al ritmo.

Preguntas para definir la atmósfera del cuento

Principal: ¿Qué se vivencia a lo largo de todo mi cuento como una instancia superior que lo domina todo?

Locura (  ) Cordura (  ) Misterio ( ) Esperanza (  ) Desesperanza ( ) Pasión ( ) Salvajismo (  ) Violencia (  ) Paz (  ) Caos (  ) Orden (  ) Vida (   ) Muerte (  ) Creación (  ) Destrucción (  ) Vejez ( ) Novedad (  ) Localismo ( ) Alienación ( ) Optimismo ( ) Pesimismo ( ) Realidad (  ) Ficción ( ) Surrealismo ( ) Hiperrealismo ( ) Absurdidad ( ) Victoria (  ) Derrota ( ) Pesadez ( ) Ligereza ( ) Velocidad ( ) Lentitud ( ) Oscuridad (   ) Luz ( ) Frialdad ( ) Calor ( ) Felicidad ( ) Tristeza ( ) Amor ( ) Odio ( ) Asfixia (   ) Miseria ( ) Lujo ( ) Humor ( ) Terror ( ) Clase ( ) Obscenidad ( )

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7 razones para leer “Sex Criminals”

portadas

Portadas de los números 11, 5 y 2 de Sex Criminals

Sex Criminals es un cómic escrito por Matt Fraction e ilustrado por Chip Zdarsky, publicado por Image Comics desde septiembre de 2013, todavía en activo. Narra la relación de Suzie, una bibliotecaria que intenta rescatar la biblioteca en la que trabaja del embargo de un banco, y Jon, un actor que en realidad trabaja en un banco (sí, el mismo banco antes mencionado), y que en la adolescencia (cada uno por separado) descubrieron que tenían un raro don: podían detener el tiempo cuando tenían un orgasmo. Creyendo que eran los únicos en su tipo, se conocieron en una fiesta y se sorprendieron al descubrir que alguien más podía detener el tiempo. Desde entonces están juntos y planean robar bancos para pagar el embargo del banco y salvar la biblioteca, al tiempo que descubren que hay más personas como ellos, muchas más, e incluso una suerte de policía del sexo, encargada de regular a estos sujetos.

Lo que sigue a continuación es mi apreciación general del cómic y las razones por las cuales creo que es una excelente obra, que vale la pena leer. Sin embargo, debo hacer dos aclaraciones importantes antes de seguir. La primera, que colocaré algunas imágenes referenciales del cómic y, por ser una obra para adultos, algunas de esas imágenes no serán para todo público. Así que absténganse de continuar la lectura los que no tengan la edad requerida. Y la segunda, que no soy un especialista en cómics. Apenas me estoy iniciando en la lectura de este basto y complejo género, así que tal vez no sea el más adecuado para hacer una revisión crítica de nada en esta área. Pero, pueden tomarlo de una forma pragmática, si les gusta: mi crítica validaría la opinión de alguien que apenas se acerca al cómic, así que, si están en mi mismo nivel, les puede aclarar si es o no una buena obra para iniciarse.

Dicho esto, pasemos a las 7 razones para leer Sex Criminals. Y demos por descontado que no hablaré de las cosas más obvias. Por ejemplo que, siendo un cómic de comedia sexual como es, está lleno de situaciones hilarantes y sexies, o que está escrito con agudeza, o ya bien, más obvio aún, que está muy bien ilustrado.

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Hablemos sobre: la coma en las oraciones yuxtapuestas y antes de “y”

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Para ponernos en contexto

Hoy abordaremos la corrección de un cuento corto. Pero ya que hablaremos de una regla gramatical general, poco importa el argumento del cuento, y nos basta con saber que en el texto que analizaremos se cometen dos errores de puntuación muy frecuentes y que confunden mucho.

Una de las primeras pistas que tuve como corrector de que debía explicar los errores que corregía de forma más pedagógica surgió del primer error que abordaré hoy (la coma en las oraciones yuxtapuestas). Porque, cuando se ve la sugerencia de agregar una coma pero se desconoce la regla, el cliente puede llegar a creer una de dos cosas (o las dos a la vez): 1. que quieres ralentizar su texto agregándole cientos de comas, hasta que llegue a un punto en el que parezca que es escrito por un tartamudo, o 2. que no sabes nada de reglas gramaticales y te estás inventando comas donde no van.

Con uno de mis primeros clientes pasó todo esto, y además me acusó de querer transformar su texto a mi estilo, porque cualquiera que me haya leído (y sobre todo unos cinco años atrás) sabrá que mis cuentos y microcuentos están plagados de comas, ya que las adoro y las uso de forma estilística (aspecto del que hablaremos en otro artículo de esta sección).

Pero yo lo que menos deseo es tener un puñado de personas escribiendo de la misma forma que yo (dónde quedaría mi distinción como autor, entonces), así que aquí no se trata de hacer que todos amen y usen las comas según mi estilo, sino que conozcan las reglas gramaticales que implican comas que no se pueden eludir.

Pasemos a la frase de ejemplo, que es una línea de diálogo:

—Sí —contesté y al hundir la mirada en el piso por la vergüenza, contemplé el polvo acumulado revoloteando por la brisa entre los dedos de mis pies—, pero aun a riesgo de que te vayas, debo decir que no.

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Mi libro GRATIS en Amazon por 4 días

PortadaA principios de febrero del año pasado, como ya comenté por acá, publiqué mi segundo libro, Cuentos de hadas para dormir adultos, por la plataforma de Amazon. Si quieres saber un poco más de él, puedes hacer clic acá. Y si quieres leer ocho cuentos de muestra que he publicado en el blog, lo puedes hacer por este enlace.
Pero eso no tendrá mayor sentido en los próximos 4 días, porque desde el primer segundo de hoy viernes 6 de abril hasta el último segundo del lunes 9 la versión digital del libro estará disponible para todos y completamente gratis. Así que no tendrás ocho cuentos de muestra, sino todo el libro, con sus 32 historias.

Creo, por ende, que tiene sentido que te aconseje que no pierdas tiempo y vayas a reclamar tu copia gratis para que disfrutes de estos cuentos de hadas intoxicados y adulterados. Y ya luego me contarás, por aquí o por el perfil en Amazon, qué tal te ha parecido. Tu descarga del libro y la valoración que hagas de él me ayudará a que se haga más visible entre la montaña de obras que publica Amazon a diario. Así que más que agradecerme el gesto a mí, te agradezco yo tu contribución.

¿Y qué tienes que hacer si deseas una copia gratis? Nada complicado. Entras en alguno de los enlaces que dejaré al final de este post y, si ya tienes cuenta en Amazon, podrás comprar con solo un clic en el botón naranja a la derecha de la página. Y, si no tienes cuenta, haces clic en el mismo botón y Amazon te guiará en el proceso para crear una cuenta (tan sencillo como abrir una cuenta de correo electrónico). Así que, ahí te dejo los enlaces:

* Para usuarios de amazon.com: http://amzn.to/2EqT5fI

* Para usuarios de amazon.es: https://amzn.to/2IZ30IL

PD: Para usuarios de Amazon en otras locaciones (ej.: México), basta con que escriban en el buscador “Cuentos de hadas para dormir adultos” y lo encontrarán.

Hablemos sobre: recursos simplistas para narrar

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Para ponernos en contexto

Hoy abordaremos la corrección de una novela corta de misterio. Aunque su género y argumento no son relevantes para lo que ocupará nuestra atención. Estaremos hablando sobre recursos simplistas para narrar. Esos elementos que en ocasiones usamos porque son la salida más fácil, porque no nos requieren demasiado esfuerzo, no nos sacan de nuestra zona de comodidad o porque nos vimos en un callejón sin salida, tratando de expresar una idea por medio de recursos estéticos más adecuados y con afán preciosista, pero nunca supimos terminar de darle forma.

En el caso de este autor, eran tres los recursos simplistas que se repetían con cierta frecuencia a lo largo de la obra: 1. Dirigir las emociones del lector por medio de palabras de peso (apunte 24). 2.  Incorporar preguntas excesivas como forma de mostrar el aspecto reflexivo del texto (apunte 25). 3. Incorporar exclamaciones excesivas para mostrar sorpresa o entusiasmo (apunte 52).

Para ello, entonces, vamos a analizar dos trozos de texto, el primero de ellos que corresponde a las primeras oraciones de la novela (después de su prólogo ficcional), y el segundo ya en un punto más avanzado, pero todavía ubicado en la fase de presentación de la obra. Los dejo, entonces, con los textos a analizar.

Texto 1:

Hace una semana, me caí del sofá en medio de una siesta de mediodía y, al revisarme el golpe en el espejo, descubrí algo inaudito. Descubrí  con espanto que mi cara estaba cubierta por completo de tatuajes horribles. Inexplicablemente, nadie sino yo, hasta ahora, lo ha notado. ¿Cómo es posible que algo así suceda y nadie se dé por enterado? De verdad, lo ignoro.

Texto 2:

Anoche fuimos a ver el ballet en un teatro que queda a pocas cuadras de casa. Por eso fuimos a pie. El teatro estaba recién remodelado y esta obra fue la elegida para su estreno. Melinda pensó que me haría bien caminar. ¡Y no se equivocó!

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Me publicaron en la revista “Temporales” de la NYU

Temporales

Este será un post muy breve, solo para informarles algo que debí haber anunciado hace ya varios días, pero que no había tenido tiempo de hacer. La revista Temporales, que edita el MFA de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York, publicó Juanita Reverón, que ya saben es uno de mis cuentos favoritos y más queridos de cuantos he escrito, en su edición del mes de marzo. Ahorita mismo podrían encontrarlo tan solo con acceder a la página principal. Pero si están leyendo esto y ya no estamos en marzo de 2018, entonces basta con que vayan a la sección de ediciones anteriores (al final de la página) y seleccionen el mes correcto.

Y si ya han leído Juanita Reverón, igual vale mucho la pena que se pasen por la página de Temporales, porque en la edición de este mes, compilan 15 textos de excelente calidad, que representan una muy buena muestra de lo que se está haciendo ahora mismo en el mercado iberoamericano, y que, por su variedad (encontrarán cuentos, poemas, crónicas, ensayos, reseñas literarias, etc.), dejarán satisfechos a lectores de todos los gustos. Y apenas les estoy hablando de la edición de este mes, que es una muestra a escala del buen trabajo que está llevando a cabo esta revista, que mes a mes nos deja una selección pequeña pero bien nutrida de literatura contemporánea, para que nos actualicemos y deleitemos.

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Hablemos sobre: diálogos realistas y buenos debates dialogados

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Para ponernos en contexto

La corrección que abordaremos hoy es sobre una novela de aventuras de contenido místico y religioso, y el autor me contrató para que puliera su trabajo y que el resultado final apuntara a best-seller. La novela está llena de diálogos, pero en el borrador que me entregó hacía falta cierto naturalismo en los mismos. Se sentían bastante artificiales varios de ellos. Y en los casos en los que los personajes se enfrentaban en largos debates (la novela trata algunos temas polémicos), había un desequilibrio de fuerzas entre los personajes que apoyaban el punto de vista central de la novela y los que apoyaban el contrario. Casi siempre a los primeros les resultaba demasiado fácil ganarle a sus oponentes, que no exponían contraargumentos muy convincentes. Al autor se le sugirió equilibrar mejor estos debates y, en general, naturalizar más las líneas de diálogos.

 

En la línea de diálogo que estaremos analizando hoy, el protagonista (al que llamaremos Norman) se encuentra en una reunión informal de fin de año con los empleados de la empresa en la que trabaja, que se está realizando en casa de su mejor y quizás única amiga de la actualidad (a la que llamaremos Selma). Los demás nombres poco importan. La mayoría de los empleados están sumidos en conversaciones frívolas. Pero Norman, recién, un par de horas atrás, tuvo una conversación reveladora con un personaje que le era hasta ese momento desconocido y que le ha llevado a cuestionarse muchos asuntos personales y sociales, entre ellos la insensibilidad de la comunidad europea (Norman vive en Baja Austria).

Al ser interpelado por sus compañeros por una pregunta sobre farándula, se siente indignado y comienza a vociferar un largo discurso, donde expresa su repudio por la actitud de sus compañeros y expone las bases de su recién adquirida filosofía. La pregunta frívola con la que comienza la discusión es:

⸺Norman, ¿crees que es verdad que las cantantes de Pussycat Dolls eran prostitutas o es solo algo que se inventó la exmiembro esa?

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Palabra y carne

Él le escribió un relato sucio, obsceno, para encenderla, para enseñarle todo lo que era capaz de provocarle solo con las palabras. Y ella se encendió. Como nunca. Quería más, lo quería todo. Así que él le ofreció otro relato, más sucio, más salvaje, pero ella ya había tenido suficiente de sus palabras y lo quería a él. Deseaba, sin saberlo, todo lo que él no podía darle. Necesitaba introducirse muy hondo dentro de ella algo de lo que él carecía, algo sin lo que había nacido. A otros le habían asignado la máquina para penetrar carnes. A él solo le habían asignado la palabra. La palabra y el deseo.

Y él la deseaba sin control. Como nunca. Y quería más, mucho más, la quería toda. Pero deseaba justo lo que ella no podía darle. Necesitaba introducirse muy hondo dentro de él algo de lo que ella carecía, algo sin lo que había nacido. A otras le habían asignado la máquina para penetrar almas. A ella solo le habían asignado la carne. La carne y el deseo.

Así que lo desnudó, resignada, lúbrica; lamió las frisadas, vacías paredes de su hombría. Y él narró en voz alta, conformista, lascivo; la penetró con el aire cargado de sonidos. Invocó tótems y falos, cavernas y sombras, mientras ella desgarró y chupó, arañó y bailó. Por solo un segundo él logró ungir por completo las frisadas, vacías paredes del alma de ella, y ella le dibujó con palabras una carga seminal que le hinchó al punto de la explosión.

Y estallaron. Estallaron con el ímpetu de una deuda ancestral, él con el cuerpo, ella con el alma. El aire se calentó a límites radiactivos y las palabras se fundieron al sudor, a la carne, formando un caldo espeso, ácido, que ensució las sábanas y en el que se revolcaron, exhaustos. Sin darse cuenta, sus ojos se fueron cerrando y quedaron dormidos, llenos de sueños inquietos e indescifrables.

Despertaron con ardor en el pecho, ella, y en la garganta, él, se dedicaron una mirada esquiva, asustada y empezaron a vestirse, de espaldas, mientras el ardor se disipaba. Abandonaron la habitación como se abandona el cadáver de un bebé, de un hijo que de súbito ha muerto. Él pronto pudo reponerse lo mínimo para volver a las palabras, y ella, lo mínimo para volver a la carne. Pero ahora solo podía escribir relatos mortuorios y ella solo podía desinflamarse con hojillas las heridas y memoria del cuerpo.

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