Cuentos de hadas para dormir adultos

Portada

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Cuentos de hadas para dormir adultos (2018), por Víctor Mosqueda Allegri.
CreateSpace Independent Publishing Platform
A la venta en Amazon, tanto en libro físico, como en versión Kindle.

Algunos enlaces de interés sobre el libro:

Muestra de 8 cuentos (en la versión Kindle pueden leer otra muestra gratis con algunos cuentos adicionales).
Perfil en Goodreads.
Enlace de compra para usuarios de amazon.es.

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Reseña breve del libro

En la tradición del pastiche literario, Víctor Mosqueda Allegri nos trae su segundo libro de cuentos, el primero de su trilogía Intertextos, donde hace un homenaje a ratos soez y crudo, a otros cínico y cerebral, pero siempre lúdico, del cuento de hadas, el primer género literario con el que tuvo contacto. En estos 32 cuentos se explora el imaginario de más de 50 de estos relatos fantásticos, ahora teñidos de un tono adulto e imbricados en una maquinaria de referencias a la cultura pop y literaria, enclavados en la más grosera contemporaneidad, globalizados. Cada cuento en este libro es un batido de recursos literarios mezclado con inteligencia, es un viaje al núcleo del mito fundante, del arquetipo, para sacar de ellos algo que si bien nadie osaría llamar moraleja, al menos sí es capaz de dejar al lector pensando… y quizás sin sueño.

Historia detrás de la creación de Cuentos de hadas para dormir adultos

El primer cuento de este libro lo escribí, sin saber que en algún momento pertenecería a libro alguno, en el año 2011, para un juego literario entre compañeros de letras. Se supone que todos debíamos escribir acerca de un mismo tópico, y el de esa ocasión fue sobre la “palabra empeñada”. Sin analizar demasiado el porqué, esto a mí me hizo conectar con el determinismo que podrían experimentar los personajes de ficción si fueran al menos un poco conscientes de su condición de personajes; al menos lo mínimo como para no parecer psicóticos ante sus coprotagonistas y como para no poder confrontarse a sí mismos en la necesidad de actuar un guion que otros diseñaron para ellos.

Desde ese punto de vista, la villanía no parecía una empresa tan sencilla como se nos intenta vender. Así que me decidí por un villano arquetípico, que no solo se moviliza por los hilos de su narrador de turno, sino por toda una maquinaria que activa el inconsciente colectivo. Ese villano fue el lobo; más especificamente en su forma de némesis de Caperucita Roja (encubierto en la figura de un humano, asesino en serie de niñas), y así surgió, sin quererlo ni proponérmelo, mi primera adaptación adulta de un cuento de hadas. En homenaje a este primer cuento, surge la portada del libro, con este lobo (en realidad coyote) en CYMK (otro de los muchos lobos con los que experimenté en este libro).

Las siguientes adaptaciones vinieron dos años después, con la invitación a un proyecto que fracasó tan rápido como inició, de escribir artículos para un blog de variedades recién naciente. Cuando pregunté si podía escribir relatos de ficción en vez de artículos, y la respuesta fue afirmativa, pero condicional (“necesitamos que todos los cuentos estén enmarcados en un mismo eje temático”), surgió el título de este libro, que se convirtió en la sección de dicho blog y me propuse escribir una de estas parodias por semana, cosa que no duró más de dos meses y medio antes de la cancelación del proyecto.

Esos primeros ocho o diez cuentos eran ingenuos, muy ingenuos. A diferencia de la adaptación de Caperucita Roja de dos años atrás, aquí no había hecho un ejercicio de reflexionar sobre la naturaleza de la historia de fondo, o de problematizar sus elementos en busca de un núcleo o centro que conectara con lo que somos hoy como sociedad. Y no hice nada de esto porque no estaba enamorado del proyecto, y solo me atraía por su facilidad de escritura y la posibilidad de darle agilidad a mi lápiz al escribir bajo unos tiempos específicos de entrega. Ya luego me daría cuenta que este proyecto no tenía nada de fácil y que tampoco podría ajustarme a mis propias imposiciones de tiempos de finalización.

De los cuentos de aquel proyecto fallido solo unos tres o cuatro quedaron fuera del libro, pero los otros tuvieron que recibir las más intensas cirugías y pasar por períodos de abandono en gaveta, investigación y reescritura para poder estar hoy aquí compilados. Porque para entonces todavía no tenía claro qué era lo que quería con el libro y, de hecho, cuando por fin creí que lo tenía claro, todavía faltaba terminar de entenderlo. Creo que esa es la parte más apasionante de escribir un libro: comprender su esencia, para que te pueda guiar en las fases finales de su escritura y corrección.

En 2015, ya con Manual de patologías publicado, empecé a trabajar más seriamente en la escritura de este libro, en la lectura de cientos de cuentos de hadas, relatos maravillosos, fábulas y mitos, además de decenas de ensayos y libros que abordaban el tema desde múltiples posturas. Con ello, llegué a la conclusión de que quería elaborar mucho más que un libro de parodias de cuentos de hadas, material literario del que hay muestras de sobra en los anaqueles de las librerías (muchas de ellas en mi biblioteca por el afán de entender lo que otros ya habían hecho). Mi deseo era, aunque pareciera demasiado, hacer el libro definitivo de actualización de cuentos de hadas, con su respectivo traslado al lenguaje adulto, que es de donde vienen en sus bases orales. Para ello, necesitaba cavar tan hondo como fuera posible en cada cuento, para encontrar algo más que su esencia arquetípica: una clave narrativa que sirviera de pivote entre lo antaño y lo que yo estaba construyendo. Con algunos, como es lógico, se me hizo más difícil que con otros.

Ahora faltaba entender el libro como unidad, más allá de su composición como un conjunto de cuentos aislados. Eso me tomó el último año de trabajo, cuando ya creía tener un libro completo y al que entendía, aunque me resignaba diciendo “bueno, supongo que no todo libro debe sentirse como un gran libro cuando se termina de escribir”, al notar que no estaba del todo satisfecho con su trabajo.

Allí fueron vitales dos cosas. La primera, la mirada objetiva y lapidaria de Marie Lépinoux, mi correctora, a quien nunca le ha temblado la voz para decirme lo mejor y lo peor que esconden mis letras, al tiempo que me guía para entender mi obra. Ella fue la primera en ver algo más allá de lo que yo estaba viendo (o a lo que me estaba resignando) y me impuso tareas severas, no solo de reescritura, sino de escribir nuevos cuentos. Y así pasé de tener un libro de no más de 20 cuentos a tener un libro con 32 historias, eliminando varias que sobraban a lo largo del camino.

La segunda cosa vital fue una feliz revelación que tuve una noche, y que me imbuyó en una intensa investigación de meses, para lograr con ello el relato más largo y complejo del libro, un cuento que había querido escribir desde que tuve claro el libro que supuestamente deseaba, pero que nunca supe cómo hacerlo. De ese relato, surgieron otras revelaciones, con tres cuentos más que le dieron su final a la obra.

Ya con el libro listo, lo demás fue carpintería, para armar una bonita edición, que cubriera con las expectativas de los lectores como yo, a los que nos gusta tener un libro bien diagramado y con buen diseño entre nuestras manos. Para ello me valí de varios cursos afines que estuve haciendo desde un par de años atrás, cuando tomé la decisión de que probaría con la autoedición, para saber cómo era la experiencia.

Todos estos pasos me llevan a sentir un gran orgullo por el libro que hoy publico, con el que creo que he logrado dar un paso adelante en la búsqueda de lo que me interesa narrar. Manual de patologías fue un libro centrado en la experimentación de forma, muy vistoso por la cantidad de recursos literarios y juegos del lenguaje, pero más plano en la búsqueda del fondo. Creo que con Cuentos de hadas para dormir adultos hay un equilibrio, en el cual los juegos del lenguaje también son relevantes (porque creo que siempre lo serán en mi voz narrativa), sobre todo en la base estilística del libro, que es la intertextualidad, pero lo que priva es la búsqueda del fondo común, esa masa de tierra que unía a todas las islas de un planeta insular que describió Jung muchos años atrás, y que es lo que nos tiene aquí, atados, escribiendo historias y leyendo historias, para dormirnos… y despertarnos.

13 comentarios en “Cuentos de hadas para dormir adultos

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