Sexo sucio a lo Walking Dead

Si en vez de Rick Grimes hubiera sido yo, mi yo de dieciocho o diecinueve años, máximo veinte, el que hubiera despertado en un hospital un mes y medio después del apocalipsis zombi, de seguro no hubiera sobrevivido las siguientes veinticuatro horas. Ni que decir que jamás habría llegado a Atlanta, a la prisión, a Terminus. Ni siquiera a la tienda de la esquina. Y no por lo obvio: no soy policía, ni tengo conocimientos en defensa personal o uso de armamento. También he sido un sujeto bastante apegado a la realidad, y amanecer en un mundo sucumbido por una epidemia zombi, el zombi de Hollywood, que no el haitiano, amanecer en medio de lo que parecería una fantasía gore me hubiera descolocado de tal forma, que la sensación de desrealización me hubiera devorado el cerebro más rápido que una horda de caminantes hambrientos (dejemos de llamarles zombis para respetar el canon). Todo eso sería, en definitiva, lo de menos.

En Trilogía sucia de la Habana, Pedro Juan le dice a una prostituta, de seguro Luisa, no lo recuerdo, que el sexo no es para personas escrupulosas, para personas higiénicas o demasiado prudentes. Y mientras le dice esto le mete tres dedos por el culo, llenándose de su mierda. Tampoco recuerdo si eso es lo que pasa, pero bien podría haber pasado. Y la mujer se corre y él se queda en el mueble, con la mano llena de heces, sin apremio por limpiarse, mientras espera que le den alguna lamida a su pene, lo más probable es que con mal aliento; con el aliento mezclado de otra docena de felaciones en sus dientes, sus encías, su lengua sin cepillar, sumadas a un almuerzo carnívoro y etílico, que espera con paciencia el tiempo de la descomposición natural.

La cosa es que yo nunca podría hacer algo siquiera parecido. Por eso jamás he logrado tener ninguna variante del sexo anal, a pesar de que la figura, en sus fórmulas más depuradas, despierta cierto morbo en mí, que viene a mezclarse sin demoras con la culpa y el recato. Por ello no solo no he tenido ninguna forma de sexo anal, sino que cualquier insinuación de que puede darse la posibilidad ha terminado por arrancarme la erección que había alcanzado, resultando bastante cuesta arriba volver a conseguirla, para completar al menos una transacción burda, similar al acto sexual, que no me deje tan mal parado.

Porque, si somos sinceros, y para llegar al punto, aceptaremos que sobrevivir a una invasión de caminantes es bastante parecido a sobrevivir al sexo sucio, al más sucio de los sexos sucios. Se necesita ser lo menos higiénico y pudoroso posible, perder todo impulso de limpieza, para tener al menos un poco de éxito: tomar el cuchillo y enterrárselo en el cráneo semideshecho al caminante, con tus manos ahora llenas de sangre coagulada, carne rancia, pedazos de hueso débil y, con suerte, algunos gusanos. Todo ello con la seguridad de que no tienes un baño cerca, jabón, gel antibacterial, lejía; y con la seguridad de que si lo tuvieras no se puede desperdiciar el tiempo en minucias, porque alguien ha soltado un disparo y es cuestión de tiempo antes de que el sonido atraiga a más caminantes, y todo el grupo se encuentre en un callejón sin salida. Entonces toca retrasar la satisfacción de la limpieza para mantener la de la supervivencia. Toca dejarse la mano embarrada de mierda mientras se espera recibir la felación.

Por ello, al levantarme en el hospital tras días enteros sin bañarme, en un escenario lleno de cuanta inmundicia pueda caber en un plano televisivo, la única voluntad que podría juntar para moverme sería la de buscar una regadera y regresar toda esa suciedad a su lugar, conseguir algo de ropa limpia y quedarme refugiado en algún lugar donde no lleguen los olores a muerte. Porque nadie habla de los olores de los caminantes. Ni de sus propios olores. O no lo hacen lo suficiente. Pero yo siento que puedo olerlos, cada segundo, incluso cuando pongo todo mi empeño en no hacerlo.

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Busco editor

Alto, joven, de mirada profunda y ojos preferiblemente claros (mis favoritos son los de tono esmeralda, pero no pido tanto), con musculatura definida aunque no demasiado marcada, gusto por la moda, sensibilidad emocional y empatía. Que sea un romántico empedernido, de los que no se avergüenzan de llorar en una película de amor en el discurso final y que te tome de la mano por la calle como si no hubiera nadie más en el mundo al que aferrarse. Que no crea en tontos convencionalismos sociales y no cuente el número de citas o el número de días para devolver una llamada o decir “te amo” si de verdad su cuerpo y su alma le piden avanzar más rápido.

Que quiera saberlo todo de mí y los ojos le brillen de fascinación cuando le hable de mis proyectos más alocados, de mis novelas de aventura, de mis libros de fantasía. Que sin dejar de mirarme a los ojos un segundo, y ardiendo de deseo, me diga “serás el próximo Dan Brown, te lo prometo; aunque tenga que arriesgar todo lo que tengo para ello”. Que su amor por mí sea tal que le resulte imposible encontrar mis defectos y que, siempre con una sonrisa al borde del beso desenfrenado, me diga que para él soy perfecto, que me ruegue que nunca cambie, tal como yo le pediré el mismo compromiso, incapaz de verle costura alguna, ciego, completamente ciego de pasión y amor.

Busco editor, soltero, demócrata, socialmente sensible, de buena familia y de preferencia católico pero de pensamiento religioso libre y crítico, que crea en el amor a primera vista, con contactos en Random House Mondadori y HBO o AMC. A cambio, obtendrás a un escritor en ciernes, con cuerpo trabajado en gimnasio y una tetralogía de terror místico religioso inédita, con sueldo anual de cuatro cifras… por ahora. Vamos, anímate y escríbeme al teléfono de contacto y tengamos una primera y delirante cita. Te lo juro que no te arrepentirás. Y tus jefes tampoco.

Black Mirror: Bandersnatch. Una reseña / crítica interactiva

bandersnatch

Sí. La reseña también es interactiva. No solo la peli

Lo que sigue a continuación es producto de un mes de ociosidad y necesidad atrasada de escribir. Hace exactamente 30 días vi la película interactiva del universo de Black Mirror, “Bandersnatch”, estrenada el 28 de diciembre (una eternidad en los tiempos agitados que corre la televisión y la programación por streaming), y luego de varias horas de jugar a ser un minidiós de las decisiones dicotómicas, me introduce en un pequeño vórtice de Wikipedia y YouTube y descubrí que el programa que habían usado para escribir el guion de la serie se llamaba Twine y era de código abierto. Así que me lo descargué, empecé a jugar y, cuando me vine a dar cuenta, estaba escribiendo una reseña (o una crítica, nunca me terminé de decidir) interactiva sobre la película interactiva de la que todos están hablando.

Honestamente, hubiera querido publicar esto mucho antes, que ya sé que en este mes el tema ya se ha estado agotando (ya dije que la televisión vive tiempos agitados), pero es que no podía resistirme a dejar que nacieran más y más opciones en este juego interactivo que, en algún lugar, tiene algo de reseña, algo de crítica y algo de “Black Mirror: Bandersnatch”, pero sobre todo tiene muchos easter eggs, muchas trampas de osos, juegos y experimentos narrativos y un compilado de cultura pop serial y cinematográfica.

Quiero leer la reseña (o la crítica)

Entonces, si te animas y tienes ganas de leer algo diferente, lo único que tienes que hacer es clicar sobre el enlace a continuación. Sobra decir que te encontrarás con un mar de spoilers, pero doy por sentado que si continúas es porque ya viste la peli o no te interesan los spoilers. Y si, al final del recorrido (o donde decidas parar), sientes que te pasaste un buen rato, compártelo con tus amigos, déjame algún comentario o dale un “me gusta”, para ver si esto lo leen al menos tres personas. Así que, sin más preámbulos, los dejo con el enlace:

¡Vamos a la reseña interactiva!

 

Abuso del vocativo

Cuando mi hija de 2 años y medio hace juego de roles, repite hasta el hartazgo el nombre del personaje ficticio en el que sea que me haya investido. Y me dice: “Hola, Papá Noel. Vamos a salvar la navidad, Papá Noel. Sígueme, Papá Noel, por aquí, Papá Noel”. Y yo le recuerdo que eso constituye un abuso del vocativo, que es un error de estilo espantoso, que no es necesaria la repetición del nombre del personaje una vez que la audiencia ya lo conoce, que eso le resta realismo al diálogo, y ella que sigue: “Hola, lobo amistoso. Vamos a la casa de los chanchitos, lobo amistoso, por aquí, lobo amistoso. Sígueme, lobo amistoso”. Y yo le insisto, y le agrego que el abuso del vocativo se torna más desagradable cuando se le incorpora un adjetivo, porque eso representa una sobreadjetivación, y solo un personaje patéticamente monodimensional se puede reducir a un único adjetivo, además adherido a su nombre. Y ella intenta un plot twist y me dice: “Hola, duende. Hay que buscar el tesoro, duende. Sígueme, duende, por aquí, duende”. Y yo empiezo a perder mi paciencia, porque además del abuso del vocativo sus historias empiezan a resultar evidentes y predecibles. Siempre hay un ser mágico, una búsqueda y un camino que ella marca y yo debo seguir. Y no hace falta ser muy inteligente para entender lo que esas historias simbolizan. Se trata de la dominación del niño por sobre el poder de sus padres, de trata de instrumentalizarme, de volverme un utensilio al servicio de sus necesidades egocéntricas, de reducirme a la imagen narcisista que ella ha construido de mí. Y no me molesta la revelación de que me quiera involucrar en su juego de poder, en el que yo siempre soy el patiño y ella la líder, en el que yo suplo las carencias de su cuerpo todavía pequeño e inútil. Ese es un deseo normal a su edad; es comprensible que no pueda ver más allá de sus pequeñas frustraciones existenciales. Lo que me irrita es que se delate tan fácil, que no haga un esfuerzo narratológico mínimo, y que cualquiera pueda notar cuál es su metáfora obsesiva. Porque se supone que un autor es interesante solo en la medida en que pueda ocultar al menos un poco el tema que recorre su obra, que solo tiene valor en tanto sea lo suficientemente plástico como para jugar con los límites de sus propios intereses y estirarlos tanto como sea posible. Y ella contraataca y me dice: “Hola, dragón. Vamos a rescatar al caballero, dragón. Por aquí, dragón. Sígueme, dragón”. Y yo estallo y le grito y la golpeo y la dejo sin merienda y la castigo sin televisión en su cuarto, por su bien, porque no quiero que cuando sea directora de cine cometa esos errores tan vergonzosos y la gente haga memes de sus películas, como hacen con Titanic, que abusa del vocativo con el maldito Jack y la maldita Rose, como si a alguien le fuera a interesar menos la historia solo porque los personajes dejan de llamarse por sus nombres al menos una puta vez, como si eso funcionara como niebla para que no nos diéramos cuenta de los otros miles de errores de la película. Y le muestro los memes en YouTube a mi hija para que vea que no es solo un capricho mío, sino una tendencia cada vez mayor en el gusto del consumidor, que desea productos de calidad, depurados, refinados. Y ella sigue llorando y yo no quiero que llore, porque la amo y porque si llora se le empaña la vista y no ve bien los vídeos. Así que lo retrocedo para que vuelva a ver el pedazo que sus lágrimas le ocultaron y, como para provocarme, ella estalla y me grita: “Ya basta, papá. Vete de mi cuarto, papá. Te odio, papá. Ya no te quiero más, papá, y no quiero ver ese video, papá”. Y yo trato de contenerme, porque soy el adulto, y le digo: “Retráctate. Pídeme que me vaya de tu cuarto y dime que me odias sin apelar al vocativo. A menos que quieras que el castigo sea ahora de un mes”. Y se ahoga en llanto y no puede hablar, pero trato de no hacerme ilusiones, de no pensar que ha optado por dialogar a través del silencio, de la acción dramática, que es, después de todo, el recurso dialógico final y más refinado. Porque ya son muchas decepciones en un solo día y no estoy seguro de que pueda aguantar una más. Por eso espero incólume a que las lágrimas bajen su caudal y despejen el camino de su garganta. Si aún así renuncia a hablar, sabré que en el fondo hay esperanzas, que es posible que de verdad escuche lo que le digo, que sea real esa inteligencia superior que le he visto desde que nació y que me ha llevado a intentar estimularla de la forma más propicia, para que tenga un futuro del tamaño de su brillantez, para que nadie pueda burlarse de sus películas, o sus novelas, o lo que sea que ella decida escribir, que tampoco se trata de prescribirle un destino, pero sí de garantizarle que podrá transitarlo por una ruta llena de éxito y admiración colectiva. Porque el abuso del vocativo no lleva a ningún lugar de valor. El silencio dialógico sí. Por eso espero, así, tan callado como ella, diciéndole cuánto la amo y de cuánto la protejo, con mi gesto firme y mi rostro serio, a la espera de algo, por pequeño que sea, y mejor si pequeño o incluso imperceptible, que me diga que esta conversación ha terminado.

Hablemos sobre: diálogos realistas y buenos debates dialogados

NOTA: Si quieres saber en qué consiste y cómo se organiza esta sección del blog (Hablemos sobre corrección literaria), visita este enlace, donde también encontrarás un índice con los artículos publicados y algunos de los próximos a publicar.

Para ponernos en contexto

La corrección que abordaremos hoy es sobre una novela de aventuras de contenido místico y religioso, y el autor me contrató para que puliera su trabajo y que el resultado final apuntara a best-seller. La novela está llena de diálogos, pero en el borrador que me entregó hacía falta cierto naturalismo en los mismos. Se sentían bastante artificiales varios de ellos. Y en los casos en los que los personajes se enfrentaban en largos debates (la novela trata algunos temas polémicos), había un desequilibrio de fuerzas entre los personajes que apoyaban el punto de vista central de la novela y los que apoyaban el contrario. Casi siempre a los primeros les resultaba demasiado fácil ganarle a sus oponentes, que no exponían contraargumentos muy convincentes. Al autor se le sugirió equilibrar mejor estos debates y, en general, naturalizar más las líneas de diálogos.

 

En la línea de diálogo que estaremos analizando hoy, el protagonista (al que llamaremos Norman) se encuentra en una reunión informal de fin de año con los empleados de la empresa en la que trabaja, que se está realizando en casa de su mejor y quizás única amiga de la actualidad (a la que llamaremos Selma). Los demás nombres poco importan. La mayoría de los empleados están sumidos en conversaciones frívolas. Pero Norman, recién, un par de horas atrás, tuvo una conversación reveladora con un personaje que le era hasta ese momento desconocido y que le ha llevado a cuestionarse muchos asuntos personales y sociales, entre ellos la insensibilidad de la comunidad europea (Norman vive en Baja Austria).

Al ser interpelado por sus compañeros por una pregunta sobre farándula, se siente indignado y comienza a vociferar un largo discurso, donde expresa su repudio por la actitud de sus compañeros y expone las bases de su recién adquirida filosofía. La pregunta frívola con la que comienza la discusión es:

⸺Norman, ¿crees que es verdad que las cantantes de Pussycat Dolls eran prostitutas o es solo algo que se inventó la exmiembro esa?

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El patito feo

Ocho punto cinco millones de dólares les había ofrecido la revista People y diez millones la revista Hello! por la sesión de fotos en primicia de sus gemelos, apenas cumplieran los seis meses tras su nacimiento. La primera revista pagaría los derechos de explotación en Estados Unidos y la segunda, los internacionales. La pareja de actores de Hollywood se decidió por esta opción, ignorando la propuesta de la dupla de revistas Forbes y Ok!, que ascendía a los veintidós millones de dólares, para no dejar la impresión de que buscaban sacarle rentabilidad a su embarazo. Detrás de la People y la Hello! quedaron decenas de ofertas de otras revistas, que no superaron los diez millones. A esas ni las consideraron una milésima de segundo. El primer trabajo de sus hijos les traería mayores dividendos que las primeras diez películas de sus padres juntas. Eso, si lograban mantenerse alejados de los paparazis durante los primeros meses de vida de los bebés. Esperaban que la villa comprada en una pradera casi inhabitada de Escocia sirviera para ocultarse de esos lentes indeseados.

Después de haber adoptado a cuatro niños de diferentes partes del mundo, la pareja decidió tener hijo propio y, al poner manos a la obra, el resultado fue un embarazo gemelar, que muchos aseguran fue conseguido por medio de intervención genética. Algunos más osados afirman que la intervención también tuvo como objetivo manipular los genes de la belleza y la salud. Como si la pareja más atlética y sexy de Hollywood requiriese de tales artilugios para crear vida hermosa y sana. Sería como afirmar que manipularon sus genes para garantizar su futura filantropía. Con padres tan comprometidos con el trabajo social, tan generosos y empáticos con la realidad del mundo era imposible que crecieran para actuar de otra manera.

El día del nacimiento, sin embargo, todo el emporio que empezaron a construirles en plena vida intrauterina se derrumbó. Ni la carta astral de la que se valieron para programar la cesárea les habría permitido predecir lo que pasó. El primer gemelo nació llorando fuerte, y tras secarle la sangre lo que se vio fue un varón robusto y hermoso, como pocos niños en su primer día de vida llegan a ser. El segundo niño, en cambio, tenía los latidos al mínimo y no lloró, pues estaba anémico, contrariando todas las evaluaciones prenatales, que no predijeron ninguna de estas complicaciones. Cuando fue limpiado, pudo verse a un niño horrendo, de piel oscura y con pelos en casi todo el cuerpo. De inmediato, y durante tres días, fue puesto en incubadora, mientras recibía decenas de medicamentos para compensar las fallas de su cuerpo, que parecía resistirse a vivir.

La pareja estaba devastada. Incluso el hijo adoptado de África era mil veces más hermoso que ese engendro. Por supuesto que ellos se habían asegurado de tomar al más guapo de todo el centro de refugiados, pero incluso así era sorprendente la fealdad de aquel niño, y mucho más puesta en contraste con la gracia de su hermano. De esa forma no podían ofrecer una sesión de fotos. Serían el hazmerreír del mundo del espectáculo.

Una vez que el niño atravesó por primera vez el umbral de su casa, sus padres empezaron a comunicarse con médicos de todas partes del mundo para resolver su problema. Apenas les preguntaban por la posibilidad de cirugías estéticas, depilaciones láser y aclaramiento químico de la piel, los médicos se ofendían dramáticamente. Tuvieron que pagar más de medio millón de dólares en chantajes a doctores que pedían una recompensa por olvidar que les habían consultado para tales horrores. Pero el mismo dinero que les ayudó a callar falsas dignidades lastimadas les ayudó a conseguir aliados en su batalla. Al mes de nacido, el gemelo feo estaba recibiendo la primera operación estética: una cirugía de nariz. Antes de que pasara el tiempo suficiente para verificar que el chico reaccionaba a la intervención según lo esperado, se le realizó cirugía de orejas, de quijada, corrección maxilofacial, tratamiento químico cutáneo y depilación láser. La inhalación de los vapores del blanqueamiento químico le produjo neumonía, que fue tratada con muy poco cuidado pues no había tiempo para realizar todas las operaciones que hacían falta y atender a su salud al mismo tiempo. La sesión de fotos sería en mes y medio y no podrían postergarla de ninguna manera.

Faltando un mes para la sesión de fotos, el gemelo feo reaccionó de forma negativa a uno de sus tres implantes siliconados y tuvo una intoxicación producto de las inyecciones de bótox; y, lo que antes empezaba a verse como un niño relativamente agradable al ojo, se convirtió en un adefesio cien veces más insoportable de mirar de lo que era el día de su nacimiento. Los padres perdían toda la esperanza y se culpaban entre sí por cada pequeño defecto físico del vástago.

A solo diez días de la sesión de fotos, sin haberse recuperado del todo de sus anteriores afecciones, convulsionó mientras tomaba una siesta en la cama de sus padres, sin protección, y cayó al piso, con lo cual se fracturó la nariz y la quijada operadas. Ya no había nada qué hacer. Incluso si se tratara de un bebé hermoso, no podían ponerlo ante las cámaras con la mitad del rostro vendado.

Ese día tomaron una determinación. Matarían a su hijo, fingirían una muerte inesperada por enfermedad, pedirían un retraso de seis meses para la sesión de fotos, por duelo, y fotografiarían al único hijo que valía la pena fotografiar. Lo ahogaron en su propia bañera y lo velaron a urna cerrada.

El buen nigeriano

Hola. Sé que no nos conocemos. He seleccionado su correo electrónico a través de un software pirateado que prueba múltiples direcciones por minuto, para detectar cuál son reales y activos. Soy consciente de que esos primeros datos te puede generar un gran alto nivel de desconfianza; pero así es como estoy de comprometido con la verdad. Lo segundo que puedo decirle para que veas que mi interés es ser 100% sincero es que soy nigeriano. Sí, lo sé. Después del pirata software, decir que soy nigeriano hace que las cosas no se vean del todo bien. Pero, ¿qué culpa tuve que haber nacido en un país que hoy en día se ha convertido en sinónimo de fraude? ¿Qué puede hacer un buen nigeriano como yo para ganarse la confianza de las buenas almas que aún permanecen en el mundo, a pesar de que sus esperanzas ya han sido destruidas por el engaño? Solo yo puedo saber quién soy y cuánto vale mi palabra. Tú no tienes ningún compromiso para creerme y lo sé, y lo defiendo además. Los buenos nigerianos, que hay y en cantidad, defendemos las dudas razonables como en otros países que luchan por la libertad y otros por la comida. Pero si ha llegado hasta acá, incluso si tiene el problema a merced de soportar el mal que resulta de la traducción mediocre que he hecho con los servicios de web automáticos, es porque tienes dudas, es porque, como todos los hombres y mujeres buenos de el mundo, Usted ha decidido tener fe de sostener el inminente colapso de la moral mundial. Esa moral que buenos hombres, nigerianos, alemanes, canadienses, o cualquiera que sea tu país (insisto, no sé cuál es su país o identidad, porque he elegido al azar), nos comprometemos con la reforma. Y si esta carta ha llegado a usted no es por coincidencia. Al menos no creo que existan coincidencias, que estoy seguro que no crees tú ni ningún hijo bueno de Dios. Todo es parte de un plan más grande. Un plan en el que han convocado a pocos, seleccionados para reforzar la moralidad, la fe, la fraternidad entre los países del mundo, y acabar con el hambre, la miseria y todo lo que nos socava, por dentro y fuera. Pero renovar la fe del mundo cuesta dinero. Y sí, ya sé, soy un nigeriano que pide dinero a anónimos en Internet a través del software pirateado; pero nunca pedí que crea en mí, ni tampoco le dado credenciales para alentar una imagen más creíble. Soy consciente de lo que produzco, de los miedos que mueve mi esencia, como el polvo seco sobre el desierto. Yo, de hecho, no quiero que me creas. Solo quiero un dinero de Usted, de su buen dinero, para este buen nigeriano, con ideas buenas para que el mundo se cambie, que no las puede contar todavía porque no está dado el tiempo para que esto sea contado. Si das el salto de la fe, ¿qué vas a recibir en cambio? No seré el que te diga lo que tú recibirás. Será usted el que lo disponga. Porque el que tiene un corazón de oro no puede recibir cortezas de pan con moho. Sea como fuere, el temor, la sospecha, la ligereza del prejuicio es perdonable, como es digno de elogio elevarse por encima de él, como un fénix, renovado con el deseo de creer en el otro. Así que no insisto más, ni me justifico más. Espero que este buen nigeriano haya despertado al buen hombre o mujer que seas y que tus bolsillos estén llenos tanto como lo que decidas dejar ir. En los adjuntos le dejo datos de mi cuenta bancaria y espero seguir conociéndote.

Con amor y deseos de cambios,

El buen nigeriano.

Esnob

Deberías poner tus ojos sobre él con más frecuencia. Realmente es un sujeto interesante. Aun siendo un esnob, ama, no mira el reloj si no hace falta, no bota comida ni desperdicia dinero, sabe cuándo es momento de dar un cumplido y cuándo de abrazar en silencio, no tiene enemigos, pero tampoco pretende agradar sin mostrarse tal cual es, al tiempo sabe que no lo puede hacer pues va en contra de su naturaleza. Lo que te quiero decir es que es un esnob de pies a cabezas, pero que no por ello es un inepto social. Se manifiesta con desdén de ciertas personas a quienes considera inferiores, más que todo por cumplir con el rol; pero si debe tenderles una mano no se la limpia luego.

Es un hombre educado en una buena universidad y se podría decir que todo lo que tiene lo ha conseguido con tesón e inteligencia. Hasta la fecha no ha tenido que lamer las medias de ninguno de los hombres a los que imita para parecer superior. Digamos que estos hombres son imitados sin saberlo, pues no les contacta hasta no haber alcanzado su estrato. Y una vez alcanzado no se detiene, y empieza a imitar a alguno de un estrato superior. Así ha sido desde casi siempre, y por lo general su método es limpio y sin fisuras.

Sabrás entender mi manía de crear personas con algo de sustancia por debajo de sus rasgos más esquemáticos. A mí es que particularmente el esnobismo me da urticaria y por ello trato de sazonarlo con algo más. Al otro que me encargaron un par de décadas atrás (por suerte no son muchos los que me asignan), al moreno, de cabello negro crespo y ojos azules medio atigrados, a ese lo puse pobre, por aquello de la ironía. Pero pobre, pobre, de esos que no tienen ni tendrán la menor posibilidad de escalar jamás. En todo caso de seguir bajando. Y mira cómo le ha ido. Todo un esnob en medio de la más triste marginalidad. El pobre es un incomprendido y eso debería llevarle a reflexionar, pero le cuesta y se la pasa al borde de la depresión. El otro día intentó suicidarse, pero también le hice torpe y el corte no fue preciso. Dos días en el hospital y le descontaron la paga de esas jornadas en el trabajo.

En cambio, con este tengo esperanzas de que habrá algo diferente. En cierto punto me lo imagino colocando todo su dinero en causas nobles para irse a vivir a alguna comunidad desolada al otro lado del mundo. Un lugar donde nadie le salude ni le pregunte el nombre. Únicamente para volver a sentir el placer de ser un don nadie y empezar a escalar desde cero. Después de todo, es lo único que sabe hacer y es lo único para lo que vive.

De llegar a darse ese momento, tengo planeado ponerle en medio, de nuevo, a la primera mujer que amó y que le amó. La única, cabría decir. Es una mujer tan humana y hermosa, que te lo juro que a veces pienso que no la hice yo. Tú sabes que por lo general a mí no me quedan así de preciosas. De hecho, las otras dos novias que le he puesto son más bien sencillas. Bonitas, pero sencillas. Pero esta mujer es un espectáculo para la vista y el alma. En su momento todo terminó mal, pero nunca dejaron de amarse. Ninguno ha vuelto a saber nada del otro. Ni siquiera pueden saber si el otro sigue vive o murió años atrás.

Lo cierto es que si decide deshacerse de todo su dinero y lanzarse al exilio, ahí mismo le vuelvo a poner a aquella mujer, como un evento casual. Lo que sea. Pon que hago que se la encuentre trabajando de cajera en un supermercado mientras compra las últimas provisiones para su viaje. Justo ahora trabaja en un autolavado, pero dudo que así se la encuentre si también dona sus autos. En fin, me estoy dejando llevar por la imaginación. Pero es que me emociona pensar en todo esto.

Te confieso que no estoy seguro de cuál camino tomará y eso es lo que más me fascina. Con los esnobs básicamente nunca me emociono. Todo es predecible. Pero a este le he agarrado cariño, pues de tanto en tanto me sorprende con algo. Yo solo espero que la decisión que tome lo ponga en un camino donde me siga ofreciendo entretenimiento. Hasta el momento ha sido un viaje genial. Pero, si se llega a poner aburrido, ya veré si le corto una pierna o algo parecido. Lo de siempre, ya sabes. Para que se dé cuenta que hay cosas más importantes en la vida que el dinero y el estatus y bla, bla, bla. Ya veremos qué sucede con el tiempo.

Clickbait

No creerás lo que pasó en esta ficción.

 

Un cuento prepotente se acercó a un personaje de relleno para insultarlo.
El diálogo que le actuó lo dejó sin palabras.

 

Este narrador juntó a los diez personajes más bizarros en su historia.
El número ocho te pone los pelos de punta.

 

Todos creían que era una microficción adolescente,
pero cuando se quitó la blusa quedaron con la boca abierta.

 

Un metanarrador portugués deja un error ad rede en su cuento.
El nuevo significado de la historia es hilarante.

 

Nadie tomaba en cuenta a ese pobre relato,
hasta que se quitó el disfraz y mostró a su millonario autor.

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Relato cómico de aficionado termina fatal.

 

Anaís, la jinete marina*

Anaís adoraba la playa. Sus papás la llevaban de vez en cuando y se divertía mucho, bañándose en el mar y haciendo castillos de arena. Disfrutaba tanto pero tanto que de regreso del viaje siempre se quedaba dormida, por el cansancio. Esa parte del paseo también le gustaba. La última vez que viajó a la playa le pasó lo mismo, pero en el camino tuvo un emocionante y extraño sueño.

Vivía debajo del mar y era una jinete en competencias de caballitos de mar. El suyo era un hermoso caballito blanco con aletas color rosado. Y era el más rápido de todos. Siempre ganaban. Pero el caballito se cansaba mucho en las carreras, y de regreso a su casa, en el auto de sus papás, se dormía a aleta suelta. Después de la última carrera le pasó lo mismo y tuvo un extraño y emocionante sueño.

Soñó que era una niña que adoraba ir a la playa, y de regreso estaba tan cansada que soñaba que era la jinete marina de un caballito de mar, que soñaba que era una niña, que soñaba que era un caballito de mar, una niña y un caballito de mar, hasta el infinito o el verdadero despertar. Lo que no sabemos, ni supimos, ni sabremos nunca es si despertaba como niña o como caballito de mar.

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*Nunca publico cuentos infantiles en este blog. Pero hoy hay una razón especial para hacerlo y es que hace unas horas se hizo pública la cuenta de Instagram con el emprendimiento de mi mamá, llamado Mimo’s. A través de ella, hace vestidos para niñas, cada uno de ellos absolutamente único, y todos acompañados por un cuento infantil, que es la parte de la que me encargo yo. Los invito a pasearse por la cuenta (haciendo clic por aquí) y admirar los vestidos y disfrutar de los cuentos con sus hijos, sobrinos, nietos y más.