Los buenos genes llevan su acento

Después de haber estado “Haciendo ruido con los acentos” junto a mi novia y mis 3 sobrinos hace algunos días, me ha quedado la fiebre de seguir participando en este más que interesante (inspirador) proyecto colectivo, que lleva ya casi 3 años dándole la vuelta al mundo hispanoescribiente y lleva por nombre “Acentos Perdidos”. La cosa es sencilla: Imprimes unos cuantos acentos según el modelo que está disponible en la página oficial, buscas algunos acentos que estén faltando en la calle, pides permiso a la persona pertinente para corregirlo, y pegas el acento adhesivo. El sábado 25 de marzo estuve, como ya dije, pegando algunos de estos acentos con mi familia, y me sobraron algunos, entre ellos uno bastante grande, que decidí pegar en la parte de atrás del cuaderno de mi trabajo, que es quien me acompaña a diario. De modo que así tendré un acento siempre a mano para cuando me encuentre con algo que sea necesario corregir. La verdad me encantaría seguir pegando los acentos, pues el efecto social es mayor cuando resulta definitivo. Pero la verdad es difícil imprimir tantos acentos, de modo que me tocará conformarme con este acento efímero, que no dejará mayores huellas en la calle; pero sí en mi blog, donde iré montando mis pequeñas correcciones.

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