El buen nigeriano

Hola. Sé que no nos conocemos. He seleccionado su correo electrónico a través de un software pirateado que prueba múltiples direcciones por minuto, para detectar cuál son reales y activos. Soy consciente de que esos primeros datos te puede generar un gran alto nivel de desconfianza; pero así es como estoy de comprometido con la verdad. Lo segundo que puedo decirle para que veas que mi interés es ser 100% sincero es que soy nigeriano. Sí, lo sé. Después del pirata software, decir que soy nigeriano hace que las cosas no se vean del todo bien. Pero, ¿qué culpa tuve que haber nacido en un país que hoy en día se ha convertido en sinónimo de fraude? ¿Qué puede hacer un buen nigeriano como yo para ganarse la confianza de las buenas almas que aún permanecen en el mundo, a pesar de que sus esperanzas ya han sido destruidas por el engaño? Solo yo puedo saber quién soy y cuánto vale mi palabra. Tú no tienes ningún compromiso para creerme y lo sé, y lo defiendo además. Los buenos nigerianos, que hay y en cantidad, defendemos las dudas razonables como en otros países que luchan por la libertad y otros por la comida. Pero si ha llegado hasta acá, incluso si tiene el problema a merced de soportar el mal que resulta de la traducción mediocre que he hecho con los servicios de web automáticos, es porque tienes dudas, es porque, como todos los hombres y mujeres buenos de el mundo, Usted ha decidido tener fe de sostener el inminente colapso de la moral mundial. Esa moral que buenos hombres, nigerianos, alemanes, canadienses, o cualquiera que sea tu país (insisto, no sé cuál es su país o identidad, porque he elegido al azar), nos comprometemos con la reforma. Y si esta carta ha llegado a usted no es por coincidencia. Al menos no creo que existan coincidencias, que estoy seguro que no crees tú ni ningún hijo bueno de Dios. Todo es parte de un plan más grande. Un plan en el que han convocado a pocos, seleccionados para reforzar la moralidad, la fe, la fraternidad entre los países del mundo, y acabar con el hambre, la miseria y todo lo que nos socava, por dentro y fuera. Pero renovar la fe del mundo cuesta dinero. Y sí, ya sé, soy un nigeriano que pide dinero a anónimos en Internet a través del software pirateado; pero nunca pedí que crea en mí, ni tampoco le dado credenciales para alentar una imagen más creíble. Soy consciente de lo que produzco, de los miedos que mueve mi esencia, como el polvo seco sobre el desierto. Yo, de hecho, no quiero que me creas. Solo quiero un dinero de Usted, de su buen dinero, para este buen nigeriano, con ideas buenas para que el mundo se cambie, que no las puede contar todavía porque no está dado el tiempo para que esto sea contado. Si das el salto de la fe, ¿qué vas a recibir en cambio? No seré el que te diga lo que tú recibirás. Será usted el que lo disponga. Porque el que tiene un corazón de oro no puede recibir cortezas de pan con moho. Sea como fuere, el temor, la sospecha, la ligereza del prejuicio es perdonable, como es digno de elogio elevarse por encima de él, como un fénix, renovado con el deseo de creer en el otro. Así que no insisto más, ni me justifico más. Espero que este buen nigeriano haya despertado al buen hombre o mujer que seas y que tus bolsillos estén llenos tanto como lo que decidas dejar ir. En los adjuntos le dejo datos de mi cuenta bancaria y espero seguir conociéndote.

Con amor y deseos de cambios,

El buen nigeriano.