Preámbulo a las nuevas instrucciones para darle cuerda a un reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño cielo inocuo, uno de esos de paisajes en acuarela y qué triste que no sabías pintar mejor, ni tampoco elegir mejor los regalos, porque ya nadie usa relojes de pulsera porque para eso están los teléfonos inteligentes, y qué inteligente es sacarlos del bolsillo cada vez que necesitamos ver la hora y así de una vez se revisan las notificaciones de las redes sociales, la comparativa del costo de la batata a nivel mundial y la letra de esa canción que se te pegó desde que te levantaste en la mañana. Cuando te regalan, en cambio, un reloj incorporado a un teléfono inteligente, no te regalan solamente ese monolito cromado que suelta chispas y luces de colores para que te lo combines con los pantalones y la ropa interior. Te regalan (no lo saben, lo terrible es que no lo saben, que siguen sin saberlo a pesar de las pistas y los duelos) un apéndice artificial de ti mismo, un exoesqueleto que termina enquistándose en la piel y ya no hay forma de saber quién es quién, cuál es cuál, qué es qué. No hay forma de saber quién pasea y quién es paseado, cuál es el artefacto y cuál el usuario, qué suena de fondo, su risa o su timbre. Te regalan la obsesión de llevar un cargador a todas partes, de pegarte a cualquier enchufe como una rémora a una ballena, para que permanezca encendido, para que no deje de ser un reloj incorporado a un teléfono inteligente; te regalan la obsesión de comparar tu aplicación para presentar la hora con la de tus amigos, la de las celebridades, la de los especialistas en YouTube. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa, de salir de casa sin él, de quedarte sin señal, sin batería, sin conexión a Internet, de que se desconfigure, se moje, se dañe o se te olvide en un baño público. Te regalan su marca, y la seguridad de que es la mejor marca en el ránking de la semana; te regalan la tendencia de comparar tu reloj incrustado en un teléfono inteligente con los demás relojes incrustados en teléfonos inteligentes, y el pánico de que surja algo mejor, algo diferente, algo nuevo; el terror de que se haga obsoleto, como esas viejas instrucciones para darle cuerda a un reloj, de Cortázar, como lo serán dentro de dos días estas nuevas instrucciones. Aunque hay algo en lo que parece que el tiempo no ha avanzado, en lo que parece que alguien olvidó darle cuerda. Y es que cuando te regalan un reloj dentro de un teléfono inteligente, no te regalan un reloj dentro de un teléfono inteligente; tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj, de la calculadora, de la agenda, de la cámara fotográfica, la linterna, el termómetro, el escáner, el procesador de textos, el chat, los archivos del FBI y la CIA. Eres tú la virgen ofrecida en sacrificio para el cumpleaños del teléfono inteligente, si es que tiene la suerte de completar su primer año de vida.

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