Un manual entre amigos

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Hace unos días, mis amigos del Colectivo Letra Franca, comandados por una idea de mi esposa, Anaís Barrios Flores, me dieron una genial sorpresa: organizaron una presentación para mi libro Manual de patologías a solo cuatro días para mi cumpleaños, precisamente como regalo. Esta corta nota es para ofrecer los datos de la misma.

Ya durante la FILVEN de este año se hizo la presentación del libro, pero como en muchas presentaciones similares el acto fue bastante formal. Y aunque resultó una tarde Anaís insistió en que sería bueno hacer una presentación menos formal, quizás más parecida a un conversatorio, a las tertulias de Letra Franca cuando logramos juntarnos todos. Así que planteó la idea al colectivo y los muchachos la apoyaron, entre otras cosas con la creación de un póster, que es el que decora esta entrada, y estuvo a cargo de Emma Meléndez.

La presentación será íntima en su dinámica, pero estará abierta al público y esperamos ver muchas caras conocidas y desconocidas allí. Se llevará a cabo el 12 de septiembre a las 10 am en la Librería del Sur de Valencia, ubicada junto al Museo de Arte Valencia, cerca de la estación del Metro de la Cedeño. Allí tendré la oportunidad de escuchar a mis compañeros de Letra Franca hablar un poco sobre el libro, para luego leer algunos cuentos. Y, por supuesto, para quien lo desee, podrá comprar su propia copia del libro, que estará (lo está desde hace un par de meses) a la venta en la librería a 120 Bs., al igual que en las demás Librerías del Sur a lo largo y ancho del país.

Como puede resultar evidente tras este preámbulo, quedan todos invitados y espero que podamos vernos en este espacio para la conversación y la lectura, que de seguro les agradará tanto como a mí el recibir esta sorpresa.

Gracias, amigos, por este inesperado gesto, que viene a cumplir una de mis fantasías con este libro. Nos vemos en doce días. La espera se me hará larga.

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La persiana

Una persiana golpea contra la ventana cerrada y el hombre que la mira moverse se recrimina por temer, por ese ardor en la boca del estómago que le sobreviene, como si fuera una máquina de tener miedo que se activa ante los más repetidos clichés del terror. ¿Quién nos enseñó a temer cortinas y demás trastes sobre una ventana? ¿Quién fue el primero en sentir miedo ante ese batir de telas? ¿Es posible que aquel pánico no existiera antes de que el primer sujeto lo nombrara, lo describiera, le diera forma con sus palabras? Preguntas que el hombre se hacía para racionalizar el horror, para reafirmar su cordura. Pero al décimo movimiento de la persiana, después de haber sellado toda fuente de viento, después de haber garantizado que ninguna corriente de aire llegaba hasta los predios de la persiana, el hombre decide mandar al demonio todo su razonamiento. Allí pasaba algo. Quizás era cierto que antes del primer relato fantástico, antes de la primera novela de terror, las persianas eran objetos inocuos, que hasta que el primer escritor no se vio obligado a maquillar una atmósfera de tensión que antecediera al fantasma, al grito, a la muerte, las cubiertas de ventanas no eran más que materiales inertes. Pero, quizás la suma de los temores conectados, generación tras generación, habían dado vida a lo inmaterial, lo habían poblado de monstruos o acaso le habían impregnado de la sensibilidad para detectarlos, para señalarlos con su lenguaje curvilíneo. Con la undécima ondulación de la persiana el hombre termina de enloquecer y abandona su casa con la noche en su espalda. Ya sola, sin nadie que la mire, sin nadie que le tema y la impregne de vida, la persiana descansa.

Acusticofobia

Si aKaso fuera posible rRRRealizar un esKema físico, pues no es un ente material, habría que describirla como una Gruesa GarGanTa, APOTEÓSICA, del tamaño de un TÚNEL, de una kueva, donde K-be un humano, o muchos, de cuclillas [CUCHILLAS, AFILÁNDOSE, CHOQUE DE CABILLAS, CAMPANILLAS], hundiendo la cabeza entre las rodillas [CORONILLA, EXPUESTA, CLAVAR UNA ASTILLA, BARBILLA], tapando sus oídos con las palmas de sus manos, APRETANDO FUERTEMENTE LOS OJOS, frunciendo los labios CON UN GRITO CONTENIDO, ¡AGHGGGGGH!, con la piel erizada y escalofríos recorriéndola. Al final de la garganta, una caja [UNA KAJA, U-NA-KA-JA] de rrRreZZonanZia (((inmensa))), COMO UN KRAKEN [¡krak, KRASH, krunch!], que devuelve cada sonido en forma de eco ((((((ECO, eco, ECO))))), duplicado, triplicado, en completa confusión [pLICcHOFcOFtOCbANGgLUPbOOMhICpSST cRONCH]. El eco se siente prehistórico.

Conviven allí en total desarmonía el rugido de un dinosaurio el silbato de un tren el golpe de un látigo de un jet de una quijada cayendo en la lona de un cuerno entrando en la ingle del matador y el suspiro de la duplicación de la primera célula.

Con la velocidad, CON EL ESTRUENDO, de balas, ¡BANG-BANG!, los sonidos cortan el aire, ¡SWOOSH!, impactan en una pared y la otra, ¡ZIS, ZAS!, se devuelven, impactan en el suelo, ¡PLAF!, en el techo, ¡KAPOW!, atravesando miles de veces, MILLONES DE VECES, los tímpanos del sujeto, ¡¡¡KAPOW!!!, de la MUCHEDUMBRE en cuclillas [COSTILLAS, QUEBRÁNDOSE, CÓMO CHILLAS, LADILLAS], a quien le chirrían, COMO CHICHARRA, los dientes. Las paredes de la garganta, COSTRADAS de porosidades, atrapan los aGudos sonidos de las KORrrRnetas de KAmiones, ¡FUNK, FUNK!, autobuses, motos, ¡FIIIIINK!, los gritos, en una vibración esTáTica, que duele como un TímPano RoTo… En el techo y el piso, lisos como lagos congelados, rebotan, ¡PUF, PAF!, los graves, los resoplidos de los motores y LA SORDA MARCHA DE ZAPATOS sobre el asfalto, sorda como una Konstelación de KOmas,,,,,,, como el timbre tras una cachetada (((TASH))) … … …

Toda una orquesta de decibeles contaminantes licuadoras televisores taladros risas frenazos orgasmos tambores una orquesta demasiado lejos de quedarse afónica.

Esta bestia es selectiva y engulle a pocos. Los deja a la deriva en aquella garganta como túnel, como cueva, que no se puede ver, pues tal vez en realidad está oculta en los laberintos de los oídos de la víctima, en los jugos que se mueven entre una y otra célula. Por eso el sujeto desea arrancarse la cabeza, aplastarla, explotarla. Cuando termina haciéndolo, y el estallido cesa, hay un último segundo en el que se puede escuchar claramente la verdadera voz de esta bestia, y la reverberación puede durar el resto de la vida eterna…

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