Sobre “Breve manual para reconocer minicuentos”

portada 1.AIEmpiezo con la contundencia que creo necesaria: el mejor libro que he leído sobre microficción. Sé que Violeta prefiere el término minicuento, pero yo todavía no me convenzo (más que todo por un asunto de sonoridad), de modo que sigo diciéndolo de la forma en que me acostumbré. Con un excelente abordaje teórico y una selección genial de microcuentos, este libro es un buen ejemplo de aquello de los dos pájaros que se pueden matar de un solo tiro. Aunque eso sería así solo si se le lee con visión limitada. De otra forma, este libro puede llevarnos a matar media docena de pájaros de un solo y minúsculo tiro. Nunca un libro teórico había sido tan fiel a la forma del tópico que estudia. Es un libro breve que habla sobre la narrativa más breve de todas. Y es un libro que se hace extenso en las interpretaciones que se pueden hacer de él, en la utilidad que es posible sacarle, justo como el género al que estudia.

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Gusanos

Tengo gusanos verdes mordiéndome el cerebro, gusanos amarillos mordiéndome el corazón, gusanos morados mordiéndome los pulmones, gusanos naranjas mordiéndome huesos y músculos, gusanos rojos mordiéndome el hígado, gusanos azules mordiéndome las vísceras restantes y gusanos negros succionando toda mi sangre. Luego de que se sacien, solo quedará mi piel, arrugada como ropa sucia, y los gusanos se esparcirán por el mundo como pixeles libres de lo que alguna vez fui. Será como apagar un televisor y acostarse a dormir.

Vámonos a casa

-Vámonos a casa. Creo que ya tomamos demasiado.

-¿Sabías que esa es la frase más repetida en el cine?

-¿Cuál? ¿Creo que ya bebimos demasiado?

-No. Vámanos a casa.

-¿Vámanos o vámonos?

-Vámonos. Se me enredó la lengua.

-¿Viste que estamos borrachos? Mejor vámonos a casa.

-¿Sabías que esa es la frase más repetida del cine?

-¿Cuál? ¿Viste que estamos borrachos?

-No. La otra.

-¿Cuál otra? ¿Pedimos la otra? Cantinero, otra ronda.

-La otra frase. Vámonos a casa.

-¿Que nos vayamos? Pero si acabamos de pedir la otra ronda.

-Bueno, nos tomamos esta y nos vamos.

El mudo

No te puedo seguir escuchando. Me he quedado ciego y yo siempre hablé a través de los ojos. Es una lástima que a ti las palabras te salgan de los poros y haya que tocarlas para entenderlas, para volverlas corpóreas, visibles, porque yo nunca he sido de creer en lo que no veo y tampoco de tocar lo que podría terminar mordiéndome. No digo que tus palabras muerdan. Digo que soy un cobarde y no me atrevo a escucharlas ni a tocarte. Ni siquiera para saber si sigues allí, mirándome no mirarte, escuchándome no hablarte. No te puedo seguir escuchando.