La literatura es un revólver

La literatura es un revólver y el escritor es el gatillo. El lector siempre hace lo que puede para esquivar las balas. Para su infortunio, las más de las veces queda herido. Leer entonces es jugar a la ruleta rusa. Una ruleta rusa no muy justa. Se entiende, de esta forma, su poder adictivo.

Él sentía que ya nada tenía significado. Había fallado en todas las formas imaginables de vivir, incluyendo la vida artificial, y en todas las posibles recreaciones de la muerte, incluyendo la muerte natural. Sabía que no podía morir a voluntad aguantando la respiración, pero sí podía atarse al fondo de una piscina y esperar a que sus pulmones estallasen en una sinfonía sorda. Así que construyó una piscina y de tanta anticipación por morir se ató a un conjunto de pesados bloques, mientras esta empezaba a llenarse con una delgada manguera. Se necesitaba un día y medio para llenar la piscina. Pero él no contaba con un día y medio y se soltó de sus amarras para idear un nuevo plan.

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