El blog Solo50 me ha entrevistado

A continuación, les dejo la entrevista que me ha hecho Carmelo Urso, quien lleva las riendas del blog Solo50, especializado en todas las formas de microliteratura, y donde tuve la oportunidad de hablar un poco sobre este tema desde mi experiencia. Espero que les guste.

———————

Carmelo Urso: Estimado Víctor, muchas gracias por esta oportunidad de dialogar. Antes que nada, cuéntales a nuestros lectores y lectoras algunas cosas sobre ti: dónde naciste, dónde creciste, qué estudiaste y a qué te dedicas en la actualidad.

Víctor Mosqueda Allegri: Gracias a ti por ofrecerme este espacio para hablar de la microficción, uno de mis temas favoritos en literatura. Contestando tu pregunta, nací en Valencia, Venezuela y crecí entre Valencia y Caracas, pero mudándome constantemente tanto de casas como de colegios. Estudié psicología en mi ciudad natal y a eso me dedico profesionalmente, aunque también trabajo como corrector ortotipográfico y de estilo e intento forjarme un nombre como escritor, aunque estas dos ocupaciones las desarrollé de forma autodidáctica.

CU: Estimado amigo, hay quienes hoy en día comienzan enseñando escritura creativa a través de los géneros breves (microcuento, haiku, nanorelato). Consideran que estos géneros son adecuados para escritores principiantes. No obstante, En tu “Microdecálogo del microcuentista” expresas: “Aprende a contar una historia con 10.000 palabras, luego con 1.000, más tarde con 100, luego con 10. Nunca al revés”. En tu caso personal, ¿cómo llegaste a la microficción?

VMA: Yo llegué a la microficción hace más de una década, sin saber que lo que estaba haciendo tenía un nombre. Había leído textos breves de Cortázar, Kafka, Monterroso, etc., pero creía que solo eran curiosidades de la literatura, que no se tomaban demasiado en serio. Pero a mí me resultaron apasionantes ejemplos de lo que la narrativa podía lograr con recursos y espacios muy limitados. Así que empecé a intentar reducir la extensión de mis cuentos y surgieron algunas microficciones informes, que poco a poco he intentado pulir. Confieso, de hecho, que todavía no me considero capaz de escribir buenas microficciones de 10 palabras, a menos que surjan de algún golpe de suerte, en los que, cabe acotar, no creo, y por ello no está allí mi apuesta.

Así que sí creo que los géneros breves son complejos y merecen el mismo respeto que cualquier otro género. Pero no necesariamente creo que es imposible empezar a escribir narrativa desde lo breve. Es más una cuestión de cómo se enfoque. Si la idea que se intenta vender es que deberías escribir microficción porque es más fácil que escribir cuentos largos o novelas, entonces entrarás a ella con concepciones erradas, que hará difícil que logres algo de calidad. Lo mismo si alguien dijera que se debe iniciar por los textos largos y luego seguir hacia los cortos, tal como yo digo en mi decálogo. Es decir, allí lo que intento es hacer ver, con un tanto de sarcasmo, es que este no es un género sencillo y requiere de dedicación y constancia, pero sobretodo de conocer las reglas generales de la narrativa y las específicas de la microficción. De otra manera, uno sale al campo de batalla que es la escritura armado a medias.

Punto y aparte, sí creo que los géneros breves son excelentes para interesar en la escritura a jóvenes reacios a ella. Porque si a esos jóvenes le enseñaron a odiar la literatura, empezar leyendo “La Ilíada” les terminará de arrancar toda motivación. Leer, en cambio, microficción humorística, que abunda, microficción lúdica, sórdida, sorprendente, que hable en el lenguaje del joven, lo ayudará a notar que la literatura tiene algo que ofrecerle, y que él tiene algo que ofrecerle a la literatura. Si luego se decide por los géneros breves, medios o largos, dependerá de los gustos que forje; no de las supuestas dificultades de un género u otro.

CU: En ese mismo microdecálogo afirmas que el microcuento es algo que se cuenta, pero no es cuento. ¿Podrías ahondar sobre ese aserto?

VMA: La microficción es una forma narrativa y, como tal, narra o cuenta algo. Pero no todo lo que es contado puede llamarse cuento. El resumen oral de mi día, que le cuento a cualquier persona, es algo que se cuenta, pero no es un cuento. No tiene estructura e irrespeta casi todo lo que se puede irrespetar del canon del cuento. Algo parecido pasa con la microficción. Si bien podemos encontrar casos donde el texto breve tiene inicio, desarrollo y desenlace, donde podemos identificar a un personaje principal y a otro secundario, e incluso donde se narra más de una anécdota, estos son la minoría, y rara vez son los más cortos. Por lo general, la elipsis que practica el microcuento es tan intensa que arrasa consigo no solo trozos de la anécdota a contar, sino trozos de la estructura interna de la narración. Si yo inicio un microcuento diciendo “Blancanieves llegó a la oficina de Sherlock Holmes para que le ayudara a resolver el crimen de uno de los enanos…”, ya no tengo que ahondar en la psicología de los personajes, recurso casi obligatorio en el cuento. Y si empiezo un cuento por el clímax (ej.: “Cuando la bala me atravesaba la sien…”), ya no requiero de plantear el inicio, ni el desarrollo. El afán de concreción del microcuento todo lo devora, y lo que termina quedando en la mayoría de las ocasiones no es un cuento, aunque se cuente, y en algunas ocasiones ni siquiera podría llevar el apellido de “narrativo”, aunque ese sí es un tema más denso.

CU: Hay quienes piensan que la escritura es un acto íntimo, estrictamente personal. Sin embargo, en el año 2015 formaste parte del proyecto “Memorias del Porvenir”, novela colectiva de ciencia ficción. Háblanos un poco de esa experiencia. ¿Qué se siente escribir a 24 manos? Explica a nuestras lectoras y lectores en qué consiste el Síndrome de Marfan.

VMA: Escribir a doce manos ha sido la experiencia más interesante, intensa, estresante y gratificante que he tenido como escritor. No solo se trata de doce plumas, con creatividad independiente, sino de doce egos en constante fricción, lo cual dentro del mundo del arte no es poco decir. Para enfrentarnos a un monstruo de tantas cabezas se tuvo claro desde un inicio que era requerido algún sistema que administrara a cada participante, aunque garantizando la libertad creativa de cada cual. Para ello se conformó un equipo de corrección de trama, que se encargaba de hacerle seguimiento a todos los hilos de la historia y sugerir las correcciones que fueran necesarias en cada momento, para que la novela no se resquebrajara y terminara resultando un libro con doce historias independientes sobre un tema en común. Yo formé parte de ese equipo de corrección y puedo decir que en muchos momentos se sintió como hacer equilibrio sobre un hilo de telaraña. Fue un trabajo que nos llevó más de un año, pero creo que el resultado fue una novela colectiva sólida, que si bien tiene las voces de doce escritores, con su respectiva individualidad creativa, deja la sensación de haber sido escrita por un solo cerebro, eso a pesar de tratarse de una compleja y enrevesada trama de ciencia ficción y misterio. Mezclar lo íntimo del acto creador con lo colectivo te recuerda que la literatura es arte, pero también es técnica y disciplina.

CU: En tus microcuentos se nota tu gusto por la fantasía y la ciencia ficción. En el pasado, estos géneros solían ser denostados por la crítica literaria, pero hoy en día gozan de una popularidad impresionante. ¿Cuál es tu impresión personal sobre esos géneros? ¿Qué autores le recomendarías a aquellos que quieran iniciarse en ellos?

VMA: Efectivamente, me gusta mucho lo fantástico al escribir microficción. Ya sea que deje de fondo una explicación mágica o científica, me encantan las historias que salen del hilo de la realidad cotidiana. Aunque también soy un gran consumidor de historias realistas y me encanta escribirlas. Creo que es parte de la visión ecléctica que se vive en la actualidad. Ya no es solo que géneros como la ciencia ficción, antes considerados géneros menores, son bien valorados, sino que también se ha abierto la puerta, dentro de la literatura, a otras expresiones culturales que antes se calificaban como de poco valor literario. El cómic, la televisión (buena o mala), el cine (bueno o malo), los videojuegos, las revistas del corazón (y agreguen ustedes lo que deseen) son medios que alimentan a la literatura, como temas de fondo y también como base para su estructura. Aunque sigo considerando que es muy importante conocer y estudiar la literatura clásica (dicen que para saber quiénes somos debemos saber de dónde venimos), hoy en día un joven escritor que solo ha leído cómics o que solo ha visto anime tiene una excelente bibliografía para alimentar una literatura seria y de calidad, siempre que tenga al menos un mínimo de instrucción en escritura creativa y mucha intuición y talento.

En lo particular, no soy un gran lector de ciencia ficción, pero sí la consumo mucho en cine y televisión. De allí que no pueda dar una lista de obras a consultar, porque de hecho, tampoco creo mucho en esas listas. Para lo que yo escribo cada día de mi vida, me ha servido tanto el recuerdo de algún clásico de la literatura, como el trozo de un capítulo de Los Simpsons, un artículo de Wikipedia, un chiste que me contaron de niño, una leyenda que escuché en un campamento, una conversación que capturé en el supermercado o una película increíblemente mala, que no volvería a ver y jamás osaría recomendarle a nadie. Creo que es importante consumir con espíritu crítico todo lo que nos pase por delante, y allí estaremos armando una bibliografía personal muy rica y variada, que tarde o temprano se reflejará en una mejor escritura.

CU: En 2013, ganaste el premio “Salvador Garmendia” por tu libro “Manual de Patologías”. Cuéntanos cómo se gestó ese volumen narrativo y de qué trata. ¿Dónde puede ser adquirido?

VMA: Me gusta pensar que “Manual de patologías” es una suerte de libro pulpo, porque allí convergen años de escritura de otros proyectos de libros que no había concluido para el momento. Pero eso no quiere decir que sea un libro compilatorio de varios cuentos de distinto origen. En principio “Manual de patologías” fue un proyecto independiente, con sus propios cuentos, su propia investigación y su trabajo particular. Duré dos años escribiendo cuentos para ese futuro libro, y terminé el proceso con 40 posibles candidatos. Pero cuando fue momento de cerrar la escritura, e iniciar las fases de corrección y edición, noté que muchos de los otros cuentos que había escrito para otros proyectos de libros tenían rasgos en común con “Manual de patologías” y decidí incluirlos en el paquete, para probar cómo funcionaban dentro de un libro con una filosofía diferente. Y me encantó notar que no solo funcionaban allí sino que seguían funcionando en los proyectos de libro para los que fueron creados, de modo que podían leerse de dos formas, de acuerdo al libro que los arropara. Así llegué a tener unos 55 cuentos en total, y empezó la fase de depuración. El libro final terminó teniendo 33 cuentos, de los cuales 11 pertenecen a otros 8 proyectos de libro, que no sé si escribiré algún día, aunque así lo espero. Pero si llego a hacerlo, me fascina la idea de que mi primer libro sea una suerte de mapa que sirva para trazar parte del camino de mis letras.

En “Manual de patologías”, entonces, compilo un conjunto de historias sobre mi visión personal de las patologías mentales. Allí expongo a unos personajes un tanto extraños, pero sin ningún afán pedagógico, ni mucho menos aleccionador o motivacional. Mi idea era explorar este imaginario desde una visión artística, humana a veces, inhumana en otras ocasiones, porque me dejé llevar, durante la escritura, por diferentes voces, para que el texto final fuera abierto y dejara en el lector la necesidad de completar la lectura con su visión personal. De la misma forma, exploro allí un repertorio bastante amplio de recursos literarios y formas narrativas, contando incluso con un capítulo de textos más experimentales, que reflejan la forma lúdica en que vivo la literatura.

Para los que estén interesados en adquirirlo y vivan en Venezuela, pueden conseguirlo en las Librerías del Sur de todo el país. Y para los que viven en otros lugares, espero poder tener pronto algunas copias disponibles en Amazon. Si se suscriben a mi blog, se enterarán de primeros cuando consiga hacerlo.

CU: Un mensaje a todas y todos aquellos que, pese a la difíciles circunstancias actuales, quieren dedicar su vida al arte de la escritura.

VMA: Salvo que tengan mucha suerte (que no estoy tan seguro de que justamente para lo que nos ocupa sea verdadera suerte), el camino a la publicación es largo, y por ello deben transitarlo con varios apoyos. El primero es la compañía. Caminar muy cerca de otras personas con nuestros mismos intereses ayudará a mantener la motivación en alto. Y si resulta que estos acompañantes son lectores críticos, que no temerán decirnos cuando algo de lo que escribimos no les gusta, mucho mejor, porque podrán crecer juntos. Para que ello funcione, entonces, también debemos empacar mucho de autocrítica, pero nunca tanta que nos quite la voluntad de continuar escribiendo o, peor, de mostrar lo que tenemos, participar en concursos, etc. Si a eso le sumamos una dedicación obsesiva a aprender cada vez más sobre los entresijos del arte que nos ocupa (en nuestro caso, aprender de ortografía, gramática, recursos literarios, errores frecuentes, etc.), lo único que restaría sería elegir las lecturas no técnicas que acompañarán nuestro camino. Y allí, como ya adelanté antes, no creo que sea prudente recomendarle algo a nadie. Lejos de lo que dicta el canon de lecturas obligadas, cada cual debe de leer (y consumir por otros medios) lo que siente que alimenta su necesidad de escribir. De nada sirve gastar una semana leyendo uno de estos ladrillos obligatorios, si saliste de allí tan vacío como entraste, y si no te movilizó ni una sola vez las ganas de escribir.

Para finalizar, no creo que nada de lo que haya dicho sea una fórmula del éxito (pues no creo que existan), pero al menos me parece uno de los caminos más congruentes a transitar, para que al final del día nos sintamos seguros de que estamos haciendo las cosas bien y, si la publicación sigue tardando en llegar, estaremos un poco más tranquilos, pero sobre todo, ocupados en seguir creciendo.

Sólo50: El Megasitio de la Microliteratura en Español

VÍCTOR MOSQUEDA ALLEGRI VÍCTOR MOSQUEDA ALLEGRI

Carmelo Urso: Estimado Víctor, muchas gracias por esta oportunidad de dialogar. Antes que nada, cuéntales a nuestros lectores y lectoras algunas cosas sobre ti: dónde naciste, dónde creciste, qué estudiaste y a qué te dedicas en la actualidad.

VÍCTOR MOSQUEDA ALLEGRI: Gracias a ti por ofrecerme este espacio para hablar de la microficción, uno de mis temas favoritos en literatura. Contestando tu pregunta, nací en Valencia, Venezuela y crecí entre Valencia y Caracas, pero mudándome constantemente tanto de casas como de colegios. Estudié psicología en mi ciudad natal y a eso me dedico profesionalmente, aunque también trabajo como corrector ortotipográfico y de estilo e intento forjarme un nombre como escritor, aunque estas dos ocupaciones las desarrollé de forma autodidáctica.

microficción

Carmelo Urso: Estimado amigo, hay quienes hoy en día comienzan enseñando escritura creativa a través de los géneros breves (microcuento, haiku, nanorelato). Consideran que estos géneros son adecuados…

Ver la entrada original 2.270 palabras más

Anuncios

Bolígrafo barato

Escribió su opera prima con un bolígrafo barato, que apenas podía costearse, en medio de la pobreza del que ha decidido apostar su último aliento a la literatura. Cuando llegaron los premios, los contratos editoriales, las ofertas de traducciones, todo al mismo tiempo, lo primero que hizo fue comprarse una pluma fuente con apliques en oro y botó en la papelera su bolígrafo mediocre, con promesas de nunca volver atrás. Pero ahora solo surgían ideas patéticas, escritas con peor gracia. Los editores le escupían los textos a la cara, y no faltaba quien acusara a la anterior obra como producto de la suerte del principiante. Mientras tanto, tapiado por una montaña de basura, custodiado por zamuros y buitres, daba sus últimos estertores, mordido en la punta, seco, el verdadero escritor.

Canción para amamantar

La veo allí, noche tras noche, día tras día, cantándole una nana mientras le da teta al espacio vacío entre sus brazos, a esa burbuja de aire que protege con cada retazo de su ser, y no tengo la voluntad para decirle, gritarle, confesarle que la que no existe es ella, y que la bebé a la que pretende alimentar bebe de otra leche y otra teta.

Sin tinta

Me quedo sin tinta, de modo que debo escribir rápido, economizar las palabras y evitar todo rodeo que me impida enfocarm  sin dilación en el pico qu   me interesa, y   que, adem   , no tend jamá   otr    op    tunidad, ni cho menos   a valentía, p    decirt palab      tan importantes como las   ue et  ndo decir en esta informa  y (lo sé) tardí   c  rta de despedida, que pret    día ser    ás que eso, per     u    a  ora, sin tinta, debe conform    se   on menos, pue  no me es pos bl   perder el tie   po    n  nim   da   es qu    n    est  n a la alt    a de  l    que de  v  rd   d  q    ero      cir, de lo ún             e realm        impo      ,    ues lo d  má    no