Reflexiones detectivescas

Dicen que el éxito de un crimen de cuarto cerrado es generar desconcierto: “Pero, ¿quién pudo asesinarlo si el cuerpo fue encontrado dentro de una habitación cerrada desde adentro?”, “¿Cómo pudo salir de la escena del crimen”, “El suicidio se descarta por tal y tal motivo, de modo que tuvo que haber una segunda persona en la habitación”, “¿O acaso no se habrá ido?”, “No pudo desvanecerse”, “¿O sí?”. Pero, un crimen de cuarto cerrado exitoso, ¿en realidad no sería en el que nadie nunca abra la puerta de ese cuarto, uno en el que nunca se descubra el cuerpo? ¿Para qué tomarse la molestia de cerrarla si no? Digo, si eres un asesino creativo, quizás quieras que vean tu obra, quizás quieras asegurarte de que la admiren, y bien puedes esconder el acertijo en un lugar diferente a las puertas. ¿No es un recurso demasiado trillado a estas alturas del género? Definitivamente, mejor dejo la puerta abierta. Sí. La puerta abierta y un letrero de bienvenida. Y las rosquillas. A todos los detectives del estereotipo nos gustan las rosquillas. Las rosquillas y un buen asesinato. Así tengamos que comprarlas o perpetrarlos nosotros mismos.

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