Comando MacGuffin para parejas de acción

Se conocieron tratando de desmantelar el Jurásico, el artefacto deshibridizador que estaba en manos del líder del Clan Serpiente, alias el Ruso Maldito, que pensaba usarlo para destruir el mundo. En el viaje descubrieron que eran el uno para el otro. El hombre descubrió que no debía ocultarse tras su máscara de chico rudo, que podía mostrarse vulnerable ante una mujer sin ponerse en riesgo. Ella descubrió que era posible trascender sobre la basura acumulada de decenas de relaciones marcadas por la hostilidad. Al Ruso Maldito también le alcanzó el tiempo para entender que su soberbia de creer que nadie más podía hacer las cosas como él había terminado por alejarlo de sus más fieles aliados, de sus únicos amigos, incluso de su humanidad. La policía lo arrastró hasta la patrulla, aunque en el fondo él sabía que había obtenido lo que merecía.

Sin embargo, los años pasaron y la relación de los héroes del Jurásico, o los héroes del Día 1, como solían llamarles, se desgastaba con cada nuevo día. Nada parecía capaz de devolverle la intensidad de aquellas jornadas en el CIT. Así que asistieron a terapia de pareja y notaron que su problema no era atípico tomando en cuenta la génesis de su relación. Después de meses de terapia, y con el amor renovado, decidieron que podían extender su aprendizaje a otras parejas con las mismas dificultades y crearon su propia empresa, a la que llamaron Comando MacGuffin para parejas de acción (CMPPA). Donde fuera que hubiera un dispositivo para desactivar, un virus por recuperar, un programa informático por rastrear, un portafolios de documentos por destruir, un chip, una valija de dinero, un diamante, una reliquia arqueológica, un arma biológica -la verdad es que el motivo importaba muy poco-, allí estaba el CMPPA, ofreciendo a una pareja con problemas de comunicación, o de confianza, de ego -de lo que fuese-, para su resolución o rescate. Si seguían su programa de 10 pasos, no solo conseguirían resolver el MacGuffin del momento, sino que reavivarían la llama de su relación, y saldrían liberados de sus ataduras emocionales. El Comando se volvió un éxito, por su margen de resolución de casos, y estas parejas de acción nunca fueron más felices.

Mientras tanto, en una prisión de máxima seguridad, el Ruso Maldito sentía que el peso del aprendizaje del Jurásico había desaparecido casi por completo. Extrañaba esos primeros días en prisión, en los que sentía que su vida tenía un norte, que sus emociones no colgaban de un hilo como ahora. Así que, desesperado por una nueva lección de vida, tomó lápiz y papel y empezó a planificar su siguiente ataque, esta vez con un dispositivo mucho más complejo y poderoso, pero igual de irrelevante. En cientos de celdas, cuevas, mansiones, oficinas gubernamentales, aulas escolares, habitaciones de motel, a lo largo y ancho del globo, otros villanos, de todos los colores y tamaños, hacían exactamente lo mismo.

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