Palabra y carne

Él le escribió un relato sucio, obsceno, para encenderla, para enseñarle todo lo que era capaz de provocarle solo con las palabras. Y ella se encendió. Como nunca. Quería más, lo quería todo. Así que él le ofreció otro relato, más sucio, más salvaje, pero ella ya había tenido suficiente de sus palabras y lo quería a él. Deseaba, sin saberlo, todo lo que él no podía darle. Necesitaba introducirse muy hondo dentro de ella algo de lo que él carecía, algo sin lo que había nacido. A otros le habían asignado la máquina para penetrar carnes. A él solo le habían asignado la palabra. La palabra y el deseo.

Y él la deseaba sin control. Como nunca. Y quería más, mucho más, la quería toda. Pero deseaba justo lo que ella no podía darle. Necesitaba introducirse muy hondo dentro de él algo de lo que ella carecía, algo sin lo que había nacido. A otras le habían asignado la máquina para penetrar almas. A ella solo le habían asignado la carne. La carne y el deseo.

Así que lo desnudó, resignada, lúbrica; lamió las frisadas, vacías paredes de su hombría. Y él narró en voz alta, conformista, lascivo; la penetró con el aire cargado de sonidos. Invocó tótems y falos, cavernas y sombras, mientras ella desgarró y chupó, arañó y bailó. Por solo un segundo él logró ungir por completo las frisadas, vacías paredes del alma de ella, y ella le dibujó con palabras una carga seminal que le hinchó al punto de la explosión.

Y estallaron. Estallaron con el ímpetu de una deuda ancestral, él con el cuerpo, ella con el alma. El aire se calentó a límites radiactivos y las palabras se fundieron al sudor, a la carne, formando un caldo espeso, ácido, que ensució las sábanas y en el que se revolcaron, exhaustos. Sin darse cuenta, sus ojos se fueron cerrando y quedaron dormidos, llenos de sueños inquietos e indescifrables.

Despertaron con ardor en el pecho, ella, y en la garganta, él, se dedicaron una mirada esquiva, asustada y empezaron a vestirse, de espaldas, mientras el ardor se disipaba. Abandonaron la habitación como se abandona el cadáver de un bebé, de un hijo que de súbito ha muerto. Él pronto pudo reponerse lo mínimo para volver a las palabras, y ella, lo mínimo para volver a la carne. Pero ahora solo podía escribir relatos mortuorios y ella solo podía desinflamarse con hojillas las heridas y memoria del cuerpo.

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Póster-Promocional-1

2 comentarios en “Palabra y carne

  1. ORGÁSMICO! XD
    Me ha parecido hermoso, más, sin embargo, tengo una duda. Me he creado algunas hipótesis al respecto q te las compartiré a ver si atino con alguna. Aunque bien puede ser una narrativa con sentido totalmente subjetivo.
    Si lograron por un ínfimo momento complementarse, unirse y formar uno. Por un momento superaron sus limitaciones y lograron darse placer uniendo lo único que tenían en común “el deseo” ya que… “Por solo un segundo él logró ungir por completo las frisadas, vacías paredes del alma de ella, y ella le dibujó con palabras una carga seminal que le hinchó al punto de la explosión”… Por qué tuvieron tanto miedo?????.
    Mis hipótesis:
    a) Porque lo que sintieron al fusionarse fue tan intenso y desconocido que los aterró y temieron romper con antiguos paradigmas.
    b) Porque lograron entender en ese momento que sus vidas cambiarían y que, como todo, debían pagar un precio y sintieron miedo. Les era más cómodo seguir como antes (aunque era mentira porque después no siguieron como antes).
    c) Porque a pesar del placer obtenido a él le asustó el territorio CARNE y a ella el territorio PALABRAS
    d) O… metiéndonos en la parte teológica, alimentar la carne es muerte y la palabra vivifica y él temió la muerte y ella temió a la vida.

    Sea cual sea el por qué, o quizás no tenga ninguno (aunque todo miedo tiene su raíz y su porqué), te ha quedado genial

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    • Hola, Erika. Siempre me encanta leer tus comentarios, porque haces unos análisis muy acertados y además me ayudas a ver cosas que yo no necesariamente veo al escribir mis cuentos. Yo me inclino más hacia la opción a, porque en efecto esto fue un intento de reconstruir, en clave erótica y con un poco más de énfasis en el perfil psicológico de los personajes, la fábula de “La flauta y el burro” de Augusto Monterroso, que dice así:

      “Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.

      Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia”.

      Sin embargo, la opción d me ha encantado. Creo que hay allí tela para cortar. Aunque al final ambos decidan darle un giro mortuorio a sus pulsiones de palabra y carne respectivamente.

      En fin, por lo pronto me gusta que haya opciones para escoger y que no quede aprisionado el cuento en una sola interpretación.

      Gracias por leer. Un abrazo.

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