Recibí mención en el Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia 1° ed.

cuento-concurso

En el que desde hace años es mi mes favorito, y en el marco de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC), una de las razones de que sea mi mes favorito, he recibido una excelente noticia: Mi cuento El dolor recibió mención en la primera edición del Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia.

Quizás alguno de los que ahora lee esto recuerde que, en el año 2013, mi libro Manual de patologías resultó ganador del VIII Concurso Nacional de Narrativa Salvador Garmendia. Como se puede ver, son dos premios completamente distintos, pero ambos parten del homenaje al mismo autor. Un autor que, por demás, merece estos y muchos otros homenajes. Y, si yo fuera un hombre creyente, se merecería que encendiera al menos una vela frente a una de sus obras. Porque es segunda vez que tengo el honor de que su nombre arrope algo escrito por mí. Aunque, ahora que lo pienso, siempre he tenido una vela (apagada) cerca del lugar de mi biblioteca donde reposa su selección de cuentos editado por la Fundación Bigott, titulada El regreso. Quizás de allí la suerte que me ha dado y que este cuento haya ganado justo en este concurso y no en los dos anteriores en los que lo inscribí, al igual que Manual de patologías, que fue enviado al menos a 3 concursos antes de que lo intentara con el que llevaba el nombre de este genial escritor.

Sea como sea, para mí es un honor haber recibido una mención en un premio cuyo jurado estuvo compuesto por nada más y nada menos que Victoria de Stefano, Antonio López Ortega y Miguel Gomes. Y compartir libro con 4 relatos que, por lo poco que adelantaron los jurados durante la entrega del premio, parecen geniales y me gustaría leer (ya les contaré cuando los lea). La Fundación Rosa y Giuseppe Vagnoni (FUNDAVAG), promotora principal junto a la FILUC de este concurso, editará un libro en el primer trimestre del 2017 con el cuento ganador y las 4 menciones. Y los libros que hace son preciosos, así que estoy ansioso por ver cómo quedará.

Como anécdota curiosa, puedo contar que en este concurso se tomaron la molestia de identificar cada cuento con un número, de acuerdo al orden en que fueron enviados para su participación, lo cual me permitió saber que yo fui el primero en enviar su cuento. No sé qué demuestre eso de mí, pero lo quería contar.

Otra anécdota curiosa es que el germen de este cuento surgió en otro concurso de características muy distintas, del año 2011. Se llamaba To be continued y consistía en escribir capítulos para una novela negra colectiva. Con un primer capítulo de partida escrito por Santiago Rocagliolo, cada participante tenía que hacer su propuesta para un segundo capítulo. Y una vez elegido el segundo capítulo, se participaba por el tercero, y así sucesivamente. El germen de este cuento fue mi propuesta para el capítulo 8 si no me equivoco. Ahora puedo decir que agradezco no haber ganado, porque ello me permitió explorar con mayor profundidad este tema que me ha obsesionado desde hace mucho: escribir un relato sobre el Trastorno de Identidad Disociativa que fuera un poco más fiel a las descripciones de los manuales diagnósticos. Además de mi interés por escribir un relato enmarcado por completo en el lenguaje cinematográfico y otras ideas que quería incorporar y no hubiera podido hacer en el concurso original.

Me tomó 4 años (por periodos sueltos)  terminar de escribirlo y creo que, para la fecha, es la cosa más enrevesada y extraña que haya escrito. Así que estoy orgulloso del final que tuvo y me anima a seguir sumergiéndome más en experimentos enrevesados y extraños. De hecho, ya hay algunos proyectos en activo basados en esa premisa. El tiempo dirá qué surgirá de allí.

Por ahora, despido esta nota personal transcribiendo el veredicto del jurado, para dejar constancia aquí del ganador y los otros autores con menciones. A todos, mis felicitaciones.

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Acta del jurado

Nosotros, el jurado de la primera edición del Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia, compuesto por Victoria de Stefano, Antonio López Ortega y Miguel Gomes, evaluamos un total de cuatrocientos veintiún manuscritos y, después de una discusión exhaustiva, decidimos preseleccionar un grupo de cinco relatos finalistas. Nuestros criterios abarcaron tanto la consistencia en la creación de personajes y tramas como el grado de sofisticación expresiva; tanto las exploraciones formales novedosas como las más esenciales destrezas en el uso del idioma. Prestamos atención, asimismo, a la posibilidad de que los argumentos no se agotaran en lo simplemente anecdótico para incitar al lector una reflexión de orden ético, estético o psicológico.

La lista de los cinco cuentos elegidos fue la siguiente (numerados según su recepción):

001. “El dolor”
159. “Bajo tierra, fuera de vista”
249. “El mapa de las cicatrices”
255. “El colocador”
308. “Mi hermano mayor”

En una discusión subsiguiente, ceñidos igualmente a los criterios descritos, se acordó conceder el premio al relato titulado “El colocador” y menciones honoríficas a los restantes. Abiertas las plicas, se determinó la identidad de los autores:

Ganador: Luis Moreno Villamediana, por “El colocador” (seudónimo: Venceslao Martín)

Menciones (en orden de recepción):

Víctor Mosqueda Allegri, por “El dolor” (seudónimo: Efecto Ganzfeld)
Carlo Egañe, por “Bajo tierra, fuera de vista” (seudónimo: Román Barracas)
Luis Guillermo Franquiz, por “El mapa de las cicatrices” (seudónimo: El cartógrafo)
Mario Morenza, por “Mi hermano mayor” (seudónimo: 0.0.0)

Con respecto a la pieza ganadora, creemos que “El Colocador”, de manera provocadora, aborda acontecimientos que en una lectura inicial pudieran parecer sencillamente arraigados en un horizonte social preciso e histórico. No obstante, su capacidad evocativa es tal y con tanta destreza la narración se abre a las posibilidades de lo indeterminado, que a dicha interpretación pronto cabe sumar otras que harían posible el traslado de la anécdota a culturas o épocas distintas. Su centro dramático no lo constituye tanto la denuncia como la representación de los procesos de deterioro del sujeto y el papel que en ellos puede tener el lenguaje; cómo la alienación de los signos es indisociable del extrañamiento de los individuos. Lo que a primera vista podría considerarse mera fábula da pie a una sostenida meditación sobre invariables humanas.

Fechado: 1 de octubre de 2016

Victoria de Stefano, Antonio López Ortega y Miguel Gomes.

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