El Oeste sensible de “Slow West”

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Slow West es el primer largometraje de John Maclean, quien asume el rol tanto de director como de guionista. Estrictamente hablando es un western en todo el sentido del género, y estrictamente no lo es. En cualquiera de los casos, el hermoso nombre de la obra ya nos da una pista de lo que encontraremos. Un oeste lento, medio melancólico, más limpio y depurado que el promedio, pero no por ello menos cruel que el oeste americano que nos ha mostrado el cine y la misma historia de este período.

La obra tiene como protagonista a Jay Cavendish (Kodi Smit-McPhee), un escocés de 17 años que viaja al Oeste de los Estados Unidos con el propósito de encontrar a Rose Ross (Caren Pistorius), la mujer que ama, una coterránea que tuvo que abandonar su país junto con su padre por problemas con la ley. Pero Jay no es el personaje habitual de un western. Se trata de un niño más bien ingenuo y frágil, con intereses artísticos y una sensibilidad humana impropia y peligrosa para la época.

Aunque la historia nos es contada por su compañero de viaje, el forajido Silas Selleck (Michael Fassbender), un representante bastante claro de lo que el Oeste americano es (silencioso, frío, letal, traicionero), los ojos a través de los que vemos la historia son los de Jay. Y ello se hace evidente desde la misma dirección de arte y fotografía. Con una selección de los planos cada cual más elocuente y elegante, los ojos de Jay nos permiten ver un oeste americano distinto: más iluminado, más florido, más paisajístico y lleno de pequeñas estelas de esperanzas.

Jay nos acerca a un oeste donde es posible acostarse y nombrar las estrellas en el cielo nocturno, donde la imaginación puede hacerlas brillar más cuando se las reconoce; un oeste donde es posible leer un libro o entablar una conversación sobre la aniquilación de la cultura indígena como elemento de interés cultural, humano y literario; un oeste donde se puede apreciar una buena canción y recitar un buen poema; un oeste donde es posible luchar por un amor más bien infantil e idealizado y donde se puede intentar confiar en los demás hasta sus últimas consecuencias.

En resumen, Jay nos permite ver un oeste sensible, donde todo flota con la lentitud y parsimonia de quien ha desarrollado el afán por la contemplación. De allí que sea una película tan contemplativa y de tan largos silencios. En palabras del mismo Silas: “Ese chico era admirable. Veía las cosas de forma diferente. Para él estábamos en una tierra de esperanza y buena voluntad. La forma en la que yo lo veo: patea sobre cualquier piedra y muy probablemetnte un pistolero se arrastrará y te apuñalará justo en el corazón de haber dinero de por medio”.

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Y la mirada de Silas agrega algo importante. El Oeste americano también es un lugar sucio, donde se mata por la espalda, donde muchos mueren de hambre, donde se está siempre en medio de una guerra, y Slow West se salva del absurdo al permitirnos ver también esto, y nos muestra la maestría de su guion (inhabitual en óperas primas, donde se desea decir todo lo más claramente posible) cuando nos permite ser simples observadores de estos contrastes, sin plantearnos juicios de valor que condicionen la forma en que vemos una u otra realidad, o nos intenten llevar de la mano a una forzada reflexión sobre lo cruel que es la violencia y lo humanos que nos vuelven la cultura y el amor.

Esta película, entonces, se vuelve un título obligado para los amantes del género de los vaqueros contra los pieles rojas, pero mucho más obligada para sus detractores, porque se logró desarrollar en ella una historia tan equilibrada que puede satisfacer a ambos extremos. Muchos hablan de que el western se está renovando a sí mismo para calzar con los esquemas del cine contemporáneo. De ser así, probablemente haya que incluir a Slow West dentro de ese nuevo canon, pues es una obra que sabe hablar en el lenguaje contemporáneo al tiempo que le rinde un merecido homenaje a una tradición fílmica de años y que tuvo también sus grandes genios y cultores.

Slow West, entonces, a mitad de camino western, a otra bildungsroman (o novela de aprendizaje), o quizás road movie, nos traslada a un oeste inédito y necesario de mirar, que con sus contrastes de lentitud y vértigo, sensibilidad y crueldad, no podrán dejarte indiferente.

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Todas las imágenes son propiedad de A24 Film y Lionsgate UK, y aquí solo se utilizan con fin ilustrativo.

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