Sirope

Abre la nevera esperando encontrarse el sirope de arce. Cuando llegaron los papás del supermercado con las compras, corrió hasta el auto y se ofreció a cargar las bolsas. No la dejaron. Eso quería decir que había sorpresas para ella. Lo sabía. Le habían comprado su sirope y quizás hasta le hubieran comprado almendras confitadas. En la nevera no hay nada. Lo deben estar escondiendo para la noche. Y seguro traerán helados y galleta. Quizás hasta lluvia de colores. Se había portado bien; de eso no había duda.

Busca en las gavetas y nada. Cada vez son mejores escondiéndole la comida que le gusta. Cuando vio las bolsas de reojo, le pareció que había manzanas rojas. Seguro mañana se las darían, picadas, de desayuno. Quizás hasta compraron mermelada de frambuesa y la dejarían comérsela sola. Se merecía una torta, y había huevos. Esos no los habían escondidos. En la gaveta de abajo había harina. Repasó la utilería: las mangas para el decorado estaban, la batidora estaba, la espátula blanda estaba. Era seguro que le prepararían una torta marmoleada, con trocitos de chocolate, y le dejarían escribir su nombre arriba con el merengue. Quizás hasta le dejasen comerse toda la crema que quedara en la olla. Nada podía impedirlo. Lo sabía con cada papila gustativa, inflamada de pura fantasía.

Su papá le llama. Sabe que tiene un regalo para ella. Le muestra el sirope y se felicita a sí misma porque lo sabía y no se equivocó. Juega con ella y le echa un poco en el brazo y dice que se la va a comer. Ella ríe y él le pasa la lengua. Está sabrosa como una panqueca, le dice el padre, y comienza a perseguirla para devorarla. Le hace cosquillas, la tumba en la cama y le echa sirope en el ombligo. Sabe que después de esto el dulce líquido será suyo. Su papá sigue jugando a ponerle almíbar en el cuerpo y ella comienza a sentirse incómoda. Se pierde en su pensamiento.

Seguro que para mi cumpleaños me regalarán una casa de dulces, como la de Hansel y Gretel. Seguro tendrá ventanas de caramelo y piso de chocolate blanco. Entonces, me iré a vivir allí y lavaré las ropas con detergentes de azúcar y cuando abra la regadera saldrá sirope de arce. No, sirope no. Mejor agua. Y mejor una ventana de vidrio. Y un piso de piso, no de chocolate. Mejor que me dejen sola como a Hansel y Gretel. Yo lanzaré las semillas de mostaza mal, para confundirles en su camino a mi casa. Seguro que me dejarán sola. He sido una buena niña. Lo merezco. Seguro me dejarán sola y ellos se irán con su sirope a otra parte. Yo mandaré y desayunaré todos los días con manzana.

El papá le da el sirope y le dice que puede comerse el resto ella sola. Le da un beso en la boca con pegoste acaramelado. Ella se encierra en su cuarto y deja el sirope sobre la mesita de noche. Comienza a soñar despierta de nuevo.

Seguro me harán una torta de dos pisos, y yo escribiré mi nombre en ella. Escribiré mi nombre y todo estará bien… muy bien… como siempre.

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