Puertas

Los famas, desconfiados y celosos por naturaleza, se acuestan muy tarde en la noche, descartando estadísticamente las combinaciones posibles de giros de seguro de puerta, para cerrar sus puertas de calle a la mañana siguiente cuando partan al trabajo, de modo que no parezca existir un patrón lógico y reconocible. Así, logran medidas en apariencia azarosas y un día giran dos veces el seguro de la puerta de madera y una vez el seguro de la puerta de metal; y al siguiente no giran el seguro de la puerta de madera y giran una vez el seguro de la puerta de metal. Es tan estricto el método que usan que resulta difícil, incluso para ellos mismos, saber cuál combinación se ha usado recientemente y cuál es la próxima a usar. Por eso llevan registros de todas las combinaciones de giros que han realizado a lo largo de su vida, en grandes libros, algunos de ellos ya amarillos, y cada noche los abren, los leen, cotejan y generan una nueva combinación que, por propia esencia, puede ser la misma del día anterior. Por eso algunos famas han comprado puertas de calle con cerraduras de tres giros. Así las posibilidades se amplían y no tienen ellos que sufrir por tan limitado campo de acción. Se sabe de un fama que, cansado de la monotonía de su rutina, compró tres puertas de madera y seis de metal, dotando a cada una de cuatro cerraduras de cinco giros respectivamente, para así poder realizar combinaciones más ingeniosas. En su caso no se acostaba tan tarde como los otros famas, pero debía levantarse más temprano para salir de casa.

Lo cierto es que, con dos puertas o con nueve, con una cerradura o con cuatro, con dos giros o tres o cinco, siempre había una noche en que los famas no podían dormir y era cuando descubrían que la única combinación posible para el día siguiente era no girar el seguro de ninguna de sus puertas, con sus respectivas cerraduras. No podían romper ellos el patrón pues alguien podría notarlo en su ausencia. Y aunque por principio los famas hacen esto para asegurar que nadie entre a su casa sin que ellos lo detecten (los famas bien saben que no hay método que impida que se violen los más castos hogares), por lo general, estos días siempre sucede que alguna esperanza, despistada como lo son todas, entra en la casa del fama tras confundirla con la suya, pues las esperanzas no aseguran las puertas de calle, ni la de madera, ni la de metal, si es que tienen más de una. Cuando el fama llega en la noche, entonces, se encuentra con la esperanza un tanto confundida, que creyéndolo visita le invita un poco de su comida y le permite dormir en el sofá. Esa noche el fama tampoco duerme pensando en cómo se babea la esperanza en su cama y cómo hacer para sacarla de su casa en la mañana.

Los cronopios, en cambio, por lo regular de las veces están más preocupados por encontrar las llaves de sus puertas de calle, que ingeniosamente esconden de sí mismos todas las noches, para llegar tarde al trabajo y quizás no llegar y dedicarse a bailar tregua y bailar catala en la sala de su casa. Por eso es recomendable que los cronopios trabajen en sus negocios propios, aunque siempre existe el riesgo de que se repita la misma historia con las puertas del negocio, y ya se sabe lo peligroso que resulta un cronopio bailando en medio del asfalto.

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