Un giro esperado

—Es que esta relación se ha vuelto rutinaria. Y tú… pues, te has vuelto un hombre predecible. Nada de ti me estimula.

Al escuchar estas palabras, el hombre salta y baila como un arlequín, suelta gritos ininteligibles, se saca un moco y se lo come, vacía una jarra de agua y la lame del suelo como un perro. Saca un arma y dispara directo a la frente de su esposa.

—A mí nadie me llama predecible.

La mujer, con la cabeza en un charco de sangre, y con lo último que le quedaba de energía, llama con el dedo a su esposo y este se acerca, reptando como una culebra y haciendo beat box.

—Sabía que dirías eso —susurró la mujer y murió.

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