7 preguntas para hacerte al terminar de escribir un cuento

1. ¿El cuento empieza donde debe empezar?

En muchas ocasiones empezamos a escribir por donde el cuento se nos presenta (o donde la inspiración nos encuentra), pero no necesariamente donde el cuento debe empezar. Ángela Hernández Núñez dice que es frecuente que las primeras palabras, oraciones e incluso párrafos que escribimos en un cuento sean un entrenamiento interno para conocer su verdadero inicio.

Relee lo que has escrito y verifica dónde tiene más sentido que empiece tu historia. Si eso significa que debes borrar tres párrafos bien escritos, hazlo sin remordimiento. Quizás te sirva aquel precepto del in media res o, lo que es igual, empezar la historia a medio camino de su desarrollo. En ese caso, puede que algunos fragmentos del inicio, donde explicas aspectos del argumento de tu historia o de sus personajes, se puedan rescatar en párrafos siguientes. Pero no intentes rescatarlo todo. En literatura hay que ser tan valiente con lo que se escribe como con lo que se borra.

2. ¿El cuento empieza como debe empezar?

Ahora que sabes que tu cuento empieza en el momento narrativo justo, tienes que buscar las palabras adecuadas para iniciarlo. Escapar de los lugares comunes del inicio de relato, como hablar de la estación o la hora del día en el que iniciaron los eventos, o la edad que el protagonista tenía cuando empezó todo. Debemos emplear frases que sean ganchos, que atrapen al lector y lo obliguen a seguir, ya sea por su osadía, su belleza, su humor o el misterio que encierran.

Si la historia trata sobre un hombre que se convierte en perro, poco atrae empezarla diciendo “Mi nombre es Tobías pero me llaman Toby”. Veamos dos formas más interesantes: “Siempre he sido más una persona de gatos; incluso cuando me convertí en perro” y “Desde que soy perro mi mayor duda ha sido si ladrar en español o inglés, porque me gusta el carácter que imprime el decir roof, pero no puedo separarme de la nostalgia del guau“. Lo ideal sería que ensayes varias frases iniciales, como si intentaras escribir un cuento de 15 o 30 palabras máximo. Cada palabra al inicio de un texto es una bala que no se puede desperdiciar apuntándole al vacío. Apunta siempre al corazón. Haz que algo en el lector sangre.

3. ¿Cuántas veces has repasado la sección media de tu cuento?

Si hay algo que el escritor ignora más de su propia obra, ello es la sección intermedia de sus textos. Por lo general, el inicio es la parte más trabajada de todos los cuentos, seguido por su final. Ello se debe a que cada vez que estás con ánimos de corregir empiezas a hacerlo por la primera palabra del cuento. Y al empezar puedes mirarlo todo con ojo crítico, porque todavía no te has imbuido en tu propia historia. Pero basta que ya hayas leído cuatro o cinco párrafos para que te hundas en tu narrativa como si de un lector se tratara, olvidando que estás de visita en ese texto como corrector, no como escritor ni lector. Luego, al llegar al final, te obsesiona el terminar todo bien, dejar al lector satisfecho, y repasas esas líneas una y otra vez.

Debo recordarte, entonces, que la sección media de tu cuento también merece respeto. Y para darle el que se merece, dedícale una corrección en exclusiva, donde empieces justo tras esos cuatro o cinco párrafos que ya has corregido mil veces. Podría servirte subrayar todo lo que tendrás que leer e irle quitando el subrayado a cada frase que vayas repasando. Eso te obligará a mantenerte siempre atento.

4. ¿El cuento tiene la extensión justa?

Lo primero a saber es que no existe algo como una extensión justa que funcione de forma universal. La extensión de un cuento es la justa solo porque le hace justicia a ese único cuento e, incluso, a ese cuento escrito por ti. Porque puede que si el mismo cuento lo escribiera otro podría contarlo en una extensión distinta, que también le haga justicia. Eso es importante saberlo, porque siempre habrá correctores diciéndote que debes reducir o ampliar la extensión de tu texto, basados en la idea de que eso es lo que harían ellos si lo escribieran.

Ya que el cuento lo estás escribiendo tú, es importante saber qué tipo de historia quieres contar y cuál es el aliento de lectura que esperas que tenga. Pero incluso si te parece que tu cuento debe ser de extensión media, baja o alta, ello no impide que puedas borrar algunas palabras, ni mucho menos agregarlas. Una vez que sepas qué tipo de historia quieres contar hay un margen relativamente amplio de palabras en el que te puedes mover, que te permiten borrar, agregar, reescribir y hacer toda clase de acrobacias. Así pues, nunca creas que un cuento tiene la extensión justa hasta no hacer pruebas reales de poda y/u ornamento.

5. ¿El cuento tiene un final literario?

Podrá parecer una pregunta tonta, pero resulta necesaria a la luz de tantas historias que manejan un final que es argumental pero no literario. Una carrera de cien metros planos termina con los corredores cruzando la meta. Y un cuento sobre una carrera de cien metros planos también puede terminar allí, argumentalmente hablando. Pero es necesario que tenga, además, un final literario. Esto quiere decir darle un cierre estético, acorde al manejo del resto del texto. Algo que le deje al lector la sensación de que ha completado un círculo.

No es lo mismo decir “Y entonces llegó de último a la línea de meta”, que decir “Pisó la meta de último, una gota de sudor le nubló la vista y, cuando recobró la consciencia, tenía 90 años y un par de pies que solo servían para mover la mecedora y patear las cosas”. Como en el caso de la frase gancho del inicio, aquí conviene repasar varias opciones, con un cartucho de balas limitadas, destinadas a herir, y si es posible, ahora, de muerte. Total, ya te leyeron. Ya no los necesitas vivos.

6. ¿Repasaste acentos, comas, puntos y demás?

Sí, ya sé. Tú eres un escritor pasional, un sujeto que cree en la libertad de las letras, que solo traduce en jeroglifos lo que la musa le dicta, que la inspiración no tiene ortografía. Todo eso es muy poético, pero cuando escribes para ti mismo. Si quieres escribir para otros, debes hacerlo con las pautas universales de la lengua que has elegido. Así que no es excusa el que seas escritor y no corrector. No vuelvas a decir eso de “sí, yo sé que a veces me enredo con la gramática, pero es que yo no sé de esas cosas”. Eso es como ser arquitecto y decir “sí, yo sé que a veces me salen mal los cálculos de metros cuadrados, pero no me vas a decir que no es un edificio bonito”.

Lo primero que deberías hacer es repasar las reglas fundamentales de tu idioma (y las no tan fundamentales; mira que escribes literatura). Luego repasar cada texto con cuidado, sobre todo en los casos donde una coma mal puesta puede cambiar el sentido del texto o la falta de un acento puede convertir a una palabra en otra. Una vez sepas las reglas del juego, servirte de las herramientas digitales puede serte muy útil. Esta operación se puede repetir al menos unas dos veces.

7. ¿Contribuye tu cuento a mostrar tu voz narrativa?

Puede que sea solo un “cuentito” que se te ocurrió camino a la casa y que lo escribiste como un simple juego, Pero, seamos sinceros: si te has tomado el tiempo para contestarte las 6 preguntas anteriores, si has realizado las tareas que esas preguntas llevan implícitas, este no es un cuento del montón para ti. Quizás así nació, pero en el proceso se ha convertido en otra cosa. De modo que la pregunta no está de más. Sea que ya hayas desarrollado una voz narrativa que te distinga y con la que te sientas a gusto, o que estés en proceso de descubrirla, es importante mirar a este cuento con lupa para saber si participa de eso que intentas descubrir como tuyo en lo que escribes, o de lo que ya sabes tuyo.

Por ello, de nada sirve preguntarle esto a tu cuento si antes no te has preguntado qué es lo que deseas que te defina como narrador. En un artículo del Colectivo Letra Franca, hablé sobre cómo escribir un decálogo, manifiesto o ars poética puede ayudar al escritor en desarrollo a descubrir su voz propia. De crear tu propio decálogo o manifiesto, tendrás luego una guía para verificar si tus cuentos se acercan a eso o si amplían los criterios de esas guías. Otra forma de hacerlo es comparar tu nuevo cuento con alguno anterior que consideres el mejor representante de tu voz narrativa o de la que quieres lograr. Si el cuento se ajusta, genial; pero si no, quizás te interese seguirlo trabajando.

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En otro artículo hablaré con más detalle sobre el proceso de búsqueda y consolidación de la voz narrativa propia. Por lo pronto, los espero en la sección de comentarios. ¿Qué suelen hacer ustedes una vez culminan sus cuentos? ¿Han aplicado algunas de estas estrategias? ¿Tienen sus propios rituales? Me encantaría conocer cómo ha sido su experiencia al respecto.

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5 comentarios en “7 preguntas para hacerte al terminar de escribir un cuento

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