Concebir, escribir, plantar

En la vida, para poder decir que la vivimos a plenitud, basta con hacer tres cosas: tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Ni una sola cosa más es necesaria. Aunque también es conveniente si nos hacemos de una hipoteca, si logramos construir un hogar, para dejarles a nuestros hijos un espacio donde crecer y envejecer, aunque ellos también, en miras de tener una vida plena, deban concebir, escribir, plantar e hipotecar, hasta tener su propio espacio, y así sus hijos también y los hijos de sus hijos. Claro que además debemos abandonarlo todo un día y salir de casa, viajar, mochila en hombro, a donde nuestros pies nos lleven, a donde la bondad de los que nos reciban nos deje llegar, y hacer couchsurfing, autostopping, camping, bike sharing y fumar de la pipa de la paz, vivir en la naturaleza, solo de lo que esta nos provea, hacer turismo de aventura, saltar en bungee, paracaidas, rappel, hacer canyoning, canoping, rafting, snowboarding y ascender a las montañas más altas, hacer turismo filantrópico y llevar agua a África (o a donde esté de moda), risas a los orfanatos (hay que adoptar también), apoyo a las tropas (hay que pelear, si es necesario) y medicinas a los enfermos (de condiciones no contagiosas).  La verdad es que, si sacamos bien las cuentas, también es necesario vivir una vida sana, comer frutas y verduras, siempre orgánicas, siempre crudas, no comer grasas, gluten, azúcar, carnes, lácteos, no consumir alcohol, café, tabaco, drogas, hacer ejercicio todos los días, hacer el amor todos los días, dar las gracias, decir buenos días, ceder nuestro puesto, sonreír, abrazar, besar, llorar, bailar, cantar, sudar, gritar, sentir. Definitivamente, sentir. Y para sentir hay que entregarse a los placeres burdos: comer hasta más no poder, sin medidas ni dietas, dormir una semana entera, beberte una botella de vino completa y brindar por la próxima, hacer un viaje psiconáutico, ensuciarnos, burlarnos, cortarnos, enfermarnos, odiar, prometer venganza y cumplirla. Tienes que tener una familia heteroparental monogámica, pero debes probar con el sadomaso, el bondage, las botas gravitatorias, el dildo, el disfraz, el trío, la orgía, el intercambio de parejas, el gangbang, el bukkake, la bicuriosidad y la urolagnia. En definitiva, todo esto de la vida, si nos ponemos a sacar cuentas, no es muy complicado: 1001 películas para ver antes de morir, 1001 libros, 1001 obras de teatro, 1001 discos musicales, 1001 obras de arte, 1001 manchas en el asfalto, adoptar a un perro y un gato, defender los derechos animales, los de las mujeres, los niños, los sindicatos, los empresarios, los criminales, los pueblos oprimidos, los pueblos opresores, las personas con discapacidad, los artistas, tener twitter, facebook, skype, instagram, un canal de youtube, ser famoso, ser viral, ser tendencia, ser un meme, vestir bien, oler bien, ver series de TV, anime, leer cómics, manga, novelas gráficas, jugar videojuegos, tener un avatar, tomarte fotografías, grabar un vine, hacer un corto, actuar en una obra, posar desnudo para una clase de arte, pintar mandalas, hacer yoga, tai chi, pilates, reiki, meditación, tener sueños lúcidos, viajes astrales, honrar a dios sobre todas las cosas, hacer el apostolado y cumplir los sacramentos de tu fe, peregrinar, cuidar las tradiciones de tu región, reivindicar tu cultura, amar a tu patria, tener un equipo de fútbol, de béisbol, de voleibol, rugby, squash y de las olimpiadas matamáticas. Y por supuesto que no puedes morir sin conocer París, las pirámides de Egipto, el lago Ness, sin ir a Disney World, SeaWorld, Busch Garden, Six Flags, Cirque du Soleil, el carnaval de Río, la fiesta del día de los muertos en México, el encierro de los sanfermines y la tomatina en España, los diablos de Yare en Venezuela, un Oktoberfest y una Love Parade en Alemania, una Fiesta de la Primavera en China y un safari por África. No te puedes morir, en definitiva, sin probar el chucrut que preparan en un local cutre en Moscú, sin dudas el mejor del mundo, o la cocada que hacen en Tucacas, poco antes del peaje, ni cualquier otra cosa que te indique cualquier hijo de vecina, según su propia experiencia de vida.

Pocas cosas, como se ve, son necesarias para darle plenitud a la vida: concebir, escribir, plantar (y un par de cosas más). Cúmplanse a cabalidad, sin apuros ni apremio, para morir satisfecho. Y si la lista se vuelve obsoleta durante el proceso, no te alarmes: simplemente es cuestión de empezar de nuevo.

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Un comentario en “Concebir, escribir, plantar

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