Bucle Temporal Moebius de Tres Fases

“Puede que caminemos sobre la cinta de Moebius.
Puede que estemos dando vueltas en círculos.
Puede que el destino sea caprichoso y nos haya vuelto a poner
en el mismo compartimiento de este tren”.

María Viajel, en Todo puede ser.

 

UNIVERSO A-B

Un hombre, al que llamaremos Hombre 1, si gustan de orientarse en la más pedagógica de las formas, o Adrian Smith, si prefieren las nomenclaturas más humanas, viaja al pasado para matar a su suegra, a la que da igual, pedagógica y/o humanamente, cómo llamemos, y con ella a su esposa, que bien podemos llamar Mujer 1 o Linda Arends. Demasiado daño le han hecho ambas con sus prejuicios, sus críticas y su profunda desconfianza, como si él fuera un criminal, como si no hubiera hecho todo cuanto estaba a su alcance para hacerse de una figura fiable, incluso a pesar de su pequeño secreto, su dato oculto, que justo entonces, en medio de sus reclamos, no venía a cuento, de modo que era momento de acabarlo, de liberarse de ambas de un solo tiro.

Ya en el lugar de los hechos o, más correctamente, en el tiempo de los hechos, Hombre 1, Adrian Smith camina detrás de su suegra, que va de espaldas a él, ignorando lo que está por pasar; tratando él de completar el movimiento sobre el gatillo que lo liberará de su prisión. Pero el arma le tiembla en la mano. Esa forma de caminar de aquella mujer, más joven de lo que jamás la llegó a imaginar, más hermosa de lo que se hubiera atrevido a apostar, lo cautiva de una forma primitiva. La ve detenerse en el mostrador de una tienda, y ve el perfil de su rostro, y el brillo de su mirada, tan ingenuo, tan puro, tan diferente a nada que haya visto antes en ella. Se enamora, olvidando por completo su objetivo inicial, encuentra una excusa para detenerla en su camino, se le presenta y las chispas del amor saltan. Pocos meses después, la desposa y la embaraza. Nace una niña, a la que dan por nombre Christina Smith, y de la que probablemente tengamos que referirnos, más adelante, como Mujer 2.

Sus ojos, su rostro, su sonrisa, le recuerdan a Mujer 1, Linda Arends, su primera esposa, y aprende a amarla desde el primer día, ahora como hija. Pero la madre está celosa de tanta atención dividida, de tener que compartir el afecto de su hombre, que se desvive por esa pequeña mocosa, que en ocasiones parece ignorar su propia existencia, así que decide, más involuntaria que calculadamente, volverle un infierno la vida a su hija, quien se refugia con mayor vulnerabilidad y razón en los brazos de su papá, Adrian Smith, Hombre 1.

UNIVERSO B-C

La niña, Christina Smith, se hace mujer, Mujer 2 si queremos ser específicos, y viaja al pasado para matar a su madre, sin importarle que se cumpla la paradoja y no nazca. Desde hace años que se plantea el suicidarse o matarla a ella, y esta era la oportunidad de acabar con dos vidas míseras e innecesarias con una sola bala. Al llegar a la escena, ve a un hombre caminar de espaldas, apuntándole a su madre, quien también camina, delante de él. Siente un pánico visceral de no nacer si aquel hombre cumple su tarea y le dispara. La madre se voltea al escuchar la detonación y sale corriendo en dirección a la estación de policías.

Christina arrastra al hombre hasta un callejón y recién allí nota que es su padre, Adrian Smith, el Hombre 1. Pero Adrian la confunde. Cree que se trata de Linda, de Mujer 1, de su primera esposa. Después de todo, el parecido es abrumador y él solo sabe que ha viajado al pasado a matar a su suegra, esa mujer de la que nunca nos ha importado su nombre. Piensa que Linda le ha seguido hasta allí tras descubrir sus planes y se siente avergonzado, pequeño, arrepentido. Le pide disculpas, le dice que la ama, que lo disculpe, que la ama, que lo disculpe. O es su adrenalina quien dice todo esto. Le jura que no la abandonará más y le confiesa que desea cada poro de su piel para sí, allí mismo y en ese momento, de ser posible. Siente que en ese espacio de tiempo que comparten, sin la molestia de su suegra, sin su influencia, su mujer se ha convertido en otra. Su mirada, el amor que se deduce en esa mirada preocupada, es una prueba de ello.

La hija, Christina Smith, Mujer 2, cree que su padre delira. Le ruega que calle para que no se desangre, pero poco a poco le empiezan a seducir, a enternecer sus palabras. Mil veces deseó escuchar frases como esas cuando se refugiaba en sus brazos de los maltratos de su madre, y él la miraba como más que a una hija. Pero se sentía culpable tan solo de albergar esos pensamientos y los descartaba con temor. Ahora, en ese espacio único de tiempo, entiende que él no sabe quién es ella, y que, por lo pronto, quizás solo como un pequeño juego, como un experimento, es algo de lo que se puede aprovechar.

Lo besa. Ha olvidado por completo que, de continuar el cauce de esos eventos, ella no nacerá. Ignora que desde el mismo momento en que disparó su arma, se ha convertido en una paradoja ambulante. Ignora que esa es la única continuidad en la que puede seguir viva.

En una estación de policías cercana, la madre formaliza una denuncia sobre el intento de asesinato que presenció minutos atrás, y allí conoce al que será su esposo, y de quien tampoco necesitamos saber su nombre, aunque nos queda claro que su apellido es Arends. Con este hombre tendrá una hermosa hija, a la que llamarán Linda Arends, y que ya nosotros conocemos como Mujer 1, que se casará luego con un sujeto que a su madre siempre le resultó de poco fiar; como si sintiera que la quisiese matar y, más extraño aún, aunque no lo pudiera explicar, como si sintiera que ya lo hubiera intentado, una y otra vez. Ese sujeto solemos llamarlo Hombre 2, de guiarnos por los patrones más pedagógicos, aunque el nombre que les pusieran sus padres, Christina y Adrian, Mujer 2 y Hombre 1, fuera Steven Smith, que ustedes pueden usar si prefieren las cosas más humanas. Por eso, la madre de Linda se encargó de hacerle la vida imposible a Steven y poner a su hija en su contra, hasta que el propio Steven no lo soportara más.

UNIVERSO C-A

Harto de la situación, el hombre, es decir, Hombre 2, Steven Smith, hijo de Christina y Adrian, esposo de Linda, viaja en el tiempo, para asesinar a su suegra antes de que esta dé a luz a su hija, y así librarse de ambas mujeres a la vez. Había escuchado un centenar de veces la historia de su suegra sobre el día y la hora en que conoció a su difunto esposo, funcionario de policía, y el lugar de tal primer encuentro. Camina por una acera que lleva a la estación y pasa junto a la boca de un callejón. Frente a él ve a su madre, Christina Smith, Mujer 2, apuntarle con una pistola a su padre, Adrian Smith, Hombre 1, que a su vez le apunta a su suegra, que ignora por completo la situación. Los engranes de su mente se traban intentando conciliar una explicación y, antes de alcanzarla, propina dos disparos, uno sobre cada progenitor, mientras su suegra corre hacia la estación de policías. A partir de ese segundo, se convierte en una paradoja del tiempo y el espacio, pero también, a partir de ese segundo, se destraban los engranes de su mente, y es capaz de comprenderlo todo, con una precisión absoluta.

Sabe que, ahora que su padre ha muerto, y que su madre agoniza, debe concentrarse en salvarla, para luego convencerla de lo que tenían que hacer si querían sobrevivir, si querían que el bucle sobreviviese. Sin importar cuánto asco sintieran por tal aproximación, madre e hijo, Christina y Steven, Mujer 2 y Hombre 2, debían concebir un hijo, al que llamarían Adrian Smith, y que ya nosotros conocimos como Hombre 1. Mientras tanto, su suegra realizaría la denuncia y conocería al hombre de apellido Arends, con quien concebiría una hija llamada Linda, que de sobra sabemos que es Mujer 1.

Con el nacimiento de Adrian Smith, todavía demasiado lejos de volverse esa entelequia que llamamos Hombre 1, sus padres, que hasta ahora habían cumplido con cada uno de sus cometidos, empezaron a caer en una espiral decreciente de depresión y aturdimiento. No podían mirarse a los ojos, ni mucho menos mirar a los ojos de su hijo. Cuando Adrian tenía 8 años, su padre, su hijo, Steven Smith, el Hombre 2, no lo soportó más, y asesinó a su madre, a su esposa, a su media hermana, Christina Arends, la Mujer 2, para luego acabar con su propia vida. Adrian creció en hogares de acogida, con el recuerdo de la muerte de sus padres fijo como una obsesión que necesitaba desentrañar. Cuando tuvo la edad suficiente se alistó en la fuerza policial.

Allí conoció a un hombre de apellido Arends, veterano de la fuerza, que lo tomó como su pupilo, encandilado por su inteligencia, su curiosidad y algo más que no terminaba de delinear, aunque nosotros sí podamos sospecharlo. Al cabo de muy poco tiempo, empezó a sentirlo como a un hijo, y Adrian se dejaba llevar por la fantasía de volver a tener un padre. En alguna larga jornada de vigilancia le contó sobre la muerte de sus padres, y sobre su obsesión de develar el misterio tras de esta, convencido como estaba de que esta escena ocultaba algo mucho más grande de lo que siempre le habían dicho. El policía veterano prometió ayudar al novato, a Adrian Smith, el Hombre 1, a descubrir la verdad. Meses después, tras un seguimiento de pistas que los llevó a universidades, equipos de investigación sobre física cuántica y fichajes extintos de partidas de matrimonio y nacimiento, el veterano logró descubrir toda la verdad, y la leía, completamente anonadado, en la figura de un informe impreso. Cada palabra que leía no hacía más que ayudarle a profundizar más en el arrepentimiento de haber llamado a Adrian para compartir el documento. Tenía que haberlo leído antes de contactarlo.

A la llegada de Adrian, su padre sustituto, el oficial de policía, el hombre de apellido Arends, se niega a entregarle el informe. Le jura que lo hace por su bien, pero Adrian Smith, Hombre 1, no se lo toma de la mejor manera. Considera esto un intento de traición, que se termina de consolidar cuando el veterano apunta el conjunto de hojas con su yesquero. Adrian hace lo propio apuntando al hombre con su arma. Sabiendo exactamente qué es lo que pasará, y sin el más pequeño dejo de arrepentimiento, el hombre de apellido Arends coloca la llama de fuego sobre el documento y cierra los ojos, al tiempo que Adrian deja escapar un disparo de su arma oficial. El disparo le impacta en el pecho, y las hojas encendidas vuelan por el aire. Los ojos de Adrian se desorbitan mientras intenta recuperar, en vano, al menos un trozo de texto.

Lo ha perdido todo. El documento, la posibilidad de llegar hasta él de nuevo, su padre. Ha asesinado a su padre. Ha asesinado a lo más parecido que ha tenido a un padre. Lo ha asesinado con un arma oficial y no hay coartada posible. Piensa durante una centena de segundos y da con una solución, que le parece estúpida, pero no hay más. La aplica, con la resignación de verse tras las rejas, pero absurdamente funciona. La muerte se considera accidental y autopropinada, y a Adrian Smith, Hombre 1, se le da un mes de duelo pago, tras lo cual se le asignará un nuevo compañero.

Pasan dos días y no ha pegado un ojo todavía. Siente el peso de la culpa aplastarle la cara contra el suelo. Decide ir al funeral, al último día de rezos, y confesar lo que ha hecho, ante los compañeros de la fuerza, ante los familiares, ante la ley. Al llegar, la primera persona a la que mira es a la hija del fallecido, a Linda Arends, la Mujer 1. Llora quedamente bajo un velo negro, mientras se limpia con un pañuelo. Los ojos de Linda se levantan e impactan con los de Adrian. Saltan las chispas, débiles todavía por el peso del dolor, pero saltan al fin y al cabo. Adrian Smith, el Hombre 1, siente que nació para estar con esa chica, la Mujer 1, y decide que ya no confesará nada. Decide que lo mejor es callar, que lo mejor es olvidar todo cuanto lo ha obsesionado desde que tiene memoria.

Después de dos años de noviazgo, se casan y no había pasado un año más cuando ya deseaba matarla. A ella y a su suegra. Pensando en las opciones más rebuscadas para un crimen perfecto, abre un libro sobre viajes en el tiempo, de aquellos que tuvo que leer desvelándose noches enteras, cuando averiguaba las posibilidades detrás de las muertes de sus padres. Sus ojos se iluminan de epifanía y revelación. Le sobreviene un déjà vu y, él lo ignora, pero con ese simple gesto, acaba de darle cuerdas al Universo, como lo ha hecho desde el inicio, desde siempre, cuando llega ese momento.

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Un comentario en “Bucle Temporal Moebius de Tres Fases

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