Gusano de arroz

Del tamaño de un grano de arroz, comparten también su sabor, su textura y, cuando abandonan su vida larval, su rigidez, producto de un estado criogénico que se provocan a sí mismos para poder llegar al entorno adecuado para su reproducción y vida ulterior: el estómago humano. Dentro de las bolsas de arroz, estáticos, sin moverse, pasan por un grano más, de calidad premiun, incluso a ojos expertos, hasta el punto de quedar sueltecitos cuando se los cocina y saber muy bien con cúrcuma y curry. Los que crecen en cultivos de arroz arbóreo sirven para hacer un excelente risotto, y los que crecen junto a la variedad de arroz japónica completan el sabor característico del sushi. Los de más alto linaje suelen desarrollarse en variedades más gourmet, como el arroz basmati o arroz salvaje. Sea cual sea el entorno que les vea crecer, desarrollarán una mímesis perfecta con el grano que allí se cultive.

Una vez en el estómago humano, los jugos de la digestión rompen la cadena criogénica, y en medio de un furor hormonal, en medio del circo de descomposición, se entregan a una orgía descomunal que dura poco más de una hora, seguida de un período de gestación similar, que termina con la puesta de las larvas, en cantidades que rozan el millón por milímetro cúbico, y se criogenizan junto al endurecimiento de las heces, para iniciar con ellas el viaje iniciático, del recto humano a la poceta, de allí a los caños, y luego al torrente de aguas negras de cada ciudad, que termina, tarde o temprano, en el mar. La larva de gusano de arroz puede sobrevivir hasta doscientos años en letargo a la espera de que las corrientes, y luego la condensación, la lleven a alguna nube, de allí a una gota de lluvia y finalmente a un cultivo de arroz. Se presume que cada gota de lluvia puede llevar consigo desde una centena hasta decenas de miles de larvas, teniendo la suerte solo una minoría de posarse en el entorno correcto, pero siendo suficientes estas cifras para la supervivencia de la especie. Allí, en su nuevo hogar, las enzimas de crecimiento del arroz rompen su cadena criogénica, y la larva empieza a crecer, poco a poco, hasta convertirse en un hermoso, jugoso y falso grano de arroz.

Biólogos expertos en esta interesante especie aseguran que uno de cada cuatro granos de arroz que comemos es, en realidad, uno de estos gusanos.

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