Instrucciones para leer La continuidad de los parques

Ha de estar usted parado de manos, por lo cual es de entenderse que ha de inscribirse en clases de yoga al menos dos meses antes de la lectura del cuento. Una vez dominada la técnica y controlados los mareos producidos por la prolongación de la postura encima de un minuto, usted tendrá que colocarse en esa posición en un lugar al aire libre. Piense en algún parque municipal (que no tenga robles, por favor) al que asistan no demasiadas personas, pero tampoco lo contrario. Es importante que la cantidad de personas le permita a usted mantener la capacidad de respuesta en no más de dos segundos. Para ello debe haber tomado usted clases de aikido al menos durante los seis meses previos. Es necesario que pueda usted defenderse ante un imprevisto, y que tenga la posibilidad de desarmar a un eventual adversario, todo ello sin que medien más de un par de segundos. Elegido el parque y asumida la postura (suponiendo como es obvio que lo ha hecho usted durante la mañana; nunca en la tarde, aunque aceptable en la noche) puede usted empezar a leer. Al no ser conveniente los retardos en la lectura, debe usted haber superado al menos el cuarto nivel en el curso de lectura rápida más cercano de su localidad. Asumimos también que usted se ha entregado al celibato en los últimos cinco años y se ha encargado en este tiempo de cerrar cualquier posible trama pasional que quedase abierta para antes de tal cambio, y ha pedido perdón y recibido las disculpas de cuanta persona haya mantenido alguna rencilla con usted por menor que fuera, sobre todo en materia de exparejas sentimentales o sexuales. Si todo ha salido bien, usted podrá tener una lectura fresca y rápida, que le librará del compromiso intelectual de no haber leído tal texto, pero le librará, también, de los riesgos de muerte implícitos en leerlo o, cuando menos, de la paranoia persecutora.

Ahora bien, si durante su lectura acelerada, parado de manos en medio de un parque público no demasiado concurrido durante las horas de la mañana, nota usted que en la narración un asesino se acerca a un hombre que lee aceleradamente una historia, parado de manos en medio de un parque público no demasiado concurrido durante las horas de la mañana, no caiga en la trampa. Detenga la lectura, rompa el libro y no vuelva a leer una sola palabra en su vida. Es usted el protagonista de esta historia y no hay mucho más que pueda hacer para librarse de su destino.

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