Tabú

El ángel de la guarda le susurra a Fabián, por detrás del hombro:

—¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.

—¿Zangolotino? —pregunta Fabián azorado.

Y muere.

El ángel le corta una oreja y la guarda en una bolsa hermética. Saca un pañuelo de su bolsillo, limpia sus huellas en el cuerpo y la habitación y se larga volando.

Llega a casa de Samanta.

—¡Cuidado, Samanta! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra pipiolo.

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