La mariposa

La mariposa de Chuang Tzu se eleva en medio del sueño de ambos. Escala como Chuang Tzu, vuela como mariposa, hasta la cima de una montaña helada. Abajo, un mar de lava acaba con toda forma pedestre. Arriba, la brisa y la nieve todo lo congelan. En el medio, unos montañistas tratan de sobrevivir al ascenso, pero se doblegan por la tormenta. El frío los vuelve figuras espectrales, y de pronto la mariposa se mueve dentro del sueño de Kurosawa, y Kurosawa dentro del suyo. Se vuelve tela ligera y la tela muta en Yuki-onna, diosa de las tormentas de nieve, mariposa de las montañas, que se entretiene jugando con el último aliento de los montañistas. Al final, se apiada de ellos y se va, volando como mariposa de tela, ascendiendo hasta la cima de la montaña. El batir de sus alas moviliza turbulencias apocalípticas y ahora se ha trasladado al sueño de Edward Lorenz, a tantos kilómetros de distancia que la mariposa pierde el norte, que Lorenz pierde el sentido de la orientación, y se despierta, con la piel morada, en un campamento derruido a mitad del Kilimanjaro. No hay tormenta, no hay lava bajo sus pies, las diosas japonesas no llegan al continente africano. Está a salvo. Solo necesita dormir de nuevo. Cierra los ojos. El frío y la oscuridad caen sobre Edward. La mariposa de Chuang Tzu se eleva en medio del sueño de ambos.

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