Sobre el VIII Concurso Nacional de Narrativa Salvador Garmendia

Empiezo sin darle tantas vueltas al asunto: este año resulté ganador del VIII Concurso Nacional de Narrativa Salvador Garmendia, y eso es algo que me ha llenado de felicidad. Es un premio que me ha tentado desde que lo conozco, por su historial de ganadores y por conocer el trabajo que se hace en la Fundación Casa de Bello promoviendo las letras. Por eso no dudé en enviar a concurso mi libro Manual de patologías una vez lo tuve listo y se abrió la convocatoria. Pero todo el proceso para que el libro estuviera listo fue un poco largo, y hoy, para celebrar su victoria, contaré de forma resumida cómo fue su desarrollo.

Como muchas historias, esta empieza con anterioridad a su génesis formal. Aunque no tenga una chispa de ignición o un disparador exacto, se podría decir que este libro comenzó a escribirse unos 2 o 3 años (quizás 4 o 5, la verdad no lo sé) antes de que efectivamente escribiera el primer cuento válido para él. Por entonces en realidad estaba tratando de escribir otro libro, que llamaba Metaficciones. Todavía lo llamo así, aunque sigue tan informe como en aquel momento. Se trataba, se trata o tratará (no sé en qué tiempo verbal manejarlo) de un homenaje personal a los recursos literarios, pero en especial a la metaficción, que es de todos, y en casi empate técnico con la intertextualidad, mi recurso literario favorito.

Este libro apareció como una revelación tras varios años de escritura, experimentando, leyendo, estudiando, buscando como orate mi propia voz literaria. Cuando creí que la había encontrado (todavía creo que fue en aquel tiempo cuando apareció ante mí, aún tímida, como suele pasar con algunas epifanías neuróticas), un concepto de libro se me presentó también. Hablo de Metaficciones todavía. Así que empecé a tratar de escribirlo lo mejor que podía. Pero ese libro se me convirtió en muchos libros, porque a final de cuentas siempre me pareció muchos libros a la vez. Así que de pronto me encontré tratando de escribir en simultáneo Metaficciones y otros 3 o 4 libros más, hasta llegar a un nivel de embotamiento en el que cada uno de esos proyectos había llegado a un punto de bloqueo de no retorno. Empezó un largo período de sequía literaria entonces.

Estuve dedicado primero a mi tesis de grado, luego al trabajo y fue justamente allí, en el último trabajo que tuve antes de graduarme, que se dio la última vuelta de tuerca que me faltaba para dejar salir de mí ese libro escondido que luego llamé Manual de patologías. El que era mi jefe entonces hizo un juego de palabras con mi nombre, que a mí me gustó tanto, que inmediatamente pensé en convertirlo en el nombre de mi futuro blog. Hablo, por supuesto de Convíctor y confeso. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que había intentado alimentar un blog personal y había llegado a la resolución de no volver a cometer los mismos errores de antes: textos muy largos y publicados únicamente tras obsesivas revisiones, línea editorial muy estricta, etc. De modo que cuando creé el blog, me prometí publicar con más libertad, sin tanta corrección, sin autocensura lo que me viniera a la mente, siempre que mantuviera cierta constancia en su actualización. Así aparecieron un par de los primeros cuentos publicados aquí y pronto me di cuenta que tenía algo (un no sabía qué todavía) en común.

Lo terminé de notar al escribir un cuento llamado Manual de patologías. En la versión oficial del libro, el que ganó el Salvador Garmendia y que motivó este artículo, el cuento se llama Álbum de patologías. Así que me di cuenta de que, sin querer, estaba escribiendo cuentos que reflejaban de forma metafórica, estética y lúdica, mi visión acerca de la patología o, más claramente, de la patología mental. No eran un intento de involucrar mis conocimientos de psicología en el terreno literario, sino más bien mi visión personal. Más adelante me di cuenta que los relatos podían dividirse en 4 grupos. Uno donde los personajes pasaban por crisis de fe, filosóficas o vocacionales; otro donde predominaba la crisis de realidad o ese antiguo temor de saber que tal vez te estés volviendo loco; otro más donde las anomalías del lenguaje delataban anomalías en el ser, en la personalidad, en la conducta; y un último grupo donde la crisis de los personajes era relacional, aunque más tarde me decantara únicamente por los cuentos que reflejaban esta crisis desde la búsqueda de pareja. Así, sin estar listo, el libro quedó dividido en 4 capítulos: Patologías de la vocación, Patologías de la imaginación, Patologías del lenguaje y Patologías de la soledad. Al tener más clara la estructuración del libro, entré en la fase más prolífica de su escritura, porque ya sabía qué buscar. También empezó la fase en que no todo lo que escribía lo publicaba en el blog, porque venía junto a ese recelo de dejar algo oculto para el final.

Tras casi dos años de escritura y cerca de 40 cuentos escritos me decidí a poner punto y final y empezar a hacer la selección de los que creía merecían estar en el libro. Justo allí fue que me di cuenta que de mis previos e inconclusos proyectos de libro, había muchos cuentos que calzaban en el concepto del libro que pretendía crear. Allí noté que no había sido casual el proceso creativo que me llevó a Manual de patologías, y que en cambio era algo que respondía a las mismas inquietudes que había estado explorando con mis anteriores intentos de culminar un libro. Así que incluí en la selección cuentos de Metaficciones y de los demás proyectos narrativos. Manual de patologías se convirtió, entonces, en el delta, en la desembocadura de casi una década de búsqueda de mi voz narrativa, y decidí que sería una suerte de libro pulpo.

Un libro donde además de los cuentos originalmente concebidos para él, también habría cuentos de otros proyectos, que todavía pretendo terminar en algún momento. De esta forma, cuando estos libros se terminen de escribir guardarán una relación estrecha con Manual de patologías, porque contendrán algunos de sus cuentos. Incluso hay, en este libro, 2 cuentos que forman parte de un proyecto de novela, que es, de hecho, uno de los proyectos alternos en estado más avanzado. No diré cuáles son para que llegado el momento no arruinen la lectura.

En conclusión, Manual de patologías es un reservorio de buena parte de mi vida como escritor, y será el estandarte de buena parte de los proyectos que pretendo publicar en algún momento durante los próximos años. De allí el cariño que le tengo y el cuidado que le he puesto a cerrarlo con la selección justa de cuentos que allí merecían estar. Tras los dos años de escritura hubo un año más dedicado solo a la corrección, donde participaron 2 grandes amigos y mi esposa, para convertir una selección de 51 cuentos (sacada de una selección previa de 65 cuentos) en los 33 cuentos que conforman el libro final. Lo mismo para darle una estructura y ordenación que atendiera con cuidado al cierre de un círculo narrativo y temático, para que el libro se pudiera leer como un conjunto de relatos con un hilo conductor o, por separado, como un conjunto muy variado de cuentos, estilística y temáticamente diversos. Una vez concluido el año de corrección, empezó la búsqueda de su publicación, que culminó unos 6 meses después, con este premio que justamente ayer (15/03/2014) fui a recibir a la FILVEN, junto con familiares y amigos. Una excelente forma de cerrar la historia tras este libro que tanto aprecio.

No digo más por el momento, y quedo a la espera de su publicación y presentación que, si todo sale según se espera, será el próximo año, también en la FILVEN. Ya les estaré dando detalles al respecto.

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Si quieres leer el veredicto del jurado haz clic aquí. Es una versión resumida del que se leyó ayer en la premiación, pero tiene casi las mismas características.

Salvador Garmendia Diploma-01

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7 comentarios en “Sobre el VIII Concurso Nacional de Narrativa Salvador Garmendia

  1. Te Felicito! que éxito espero sigas cosechando muchos mas, tienes escritos muy buenos no los he leído todos pero los pocos que si, me han gustado.

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  2. Pingback: Presentación de “Manual de patologías” | convictoryconfeso

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