4 herramientas digitales para mejorar la ortografía y gramática de tus textos

En cientos de decálogos y manuales del buen escribir se nos repite la premisa de mantener atención constante a la buena ortografía y redacción de nuestros textos. Pero incluso en los casos donde el escritor es un sujeto preocupado por estos aspectos, que los ha investigado a fondo y conoce las formas correctas en que se escribe su idioma, no siempre es posible librarse de todos los errores e incorrecciones de nuestros textos al nivel en el que quisiéramos. Esto sucede así pues es más complicado detectar fallas en un texto propio que en uno ajeno.

Desde una coma de más o un acento de menos, el escritor tiene dificultad para detectar sus propios errores, pues está ligado emocionalmente a su texto. Además conoce los giros de su texto tan bien que al leerlo podría hacer una pausa requerida donde no haya ningún signo de puntuación que lo haga tangible.

Esto es lo que justifica el recurrir a correctores ortotipográficos y de estilo para nuestros textos, y es la razón de que incluso los correctores necesiten de otros profesionales como ellos para corregir sus propios textos. Pero, ¿hay una forma de eliminar la mayor parte de las fallas en nuestros textos sin tener que recurrir a correctores externos? Pues sí que la hay, y no es una sola forma, sino que son varias. En este artículo les mostraré 4 herramientas que podemos usar para trabajar la corrección de nuestros textos. Espero que les sean de mucha utilidad.

1. Corrector de ortografía y gramática de Windows (o similar):

Lo coloco de primero porque es el más evidente. Aunque por ser más evidente que otros recursos, no quiere decir que las personas lo usen realmente. En estos tiempos en que nos hemos acostumbrado a la escritura automática que nos exigen las redes sociales, también se nos ha vuelto costumbre ver aquellas líneas rojas en zig-zag bajo las palabras que escribimos. Esto pues tanto el correo electrónico como cualquier editor de texto de una red social cuenta con reconocimiento de errores ortográficos. Pero en esos entornos hay mayor probabilidad de escribir palabras que no son válidas en español, pero que están bien escritas (como Mark Wahlberg o iPad), además de que es más factible que hagamos una escritura resumida o despreocupada de incorrecciones, como la que ocurre en un chat (Ej.: Jejejejjejjejjejeje!!! Q lokito estas mi loco).

Así pues, cuando debemos enfrentarnos a escribir un texto formal las líneas rojas bajo nuestras palabras no nos alertan tanto de un posible error como lo hacían 10 años atrás, y es altamente probable que terminemos un texto sin haberle dado un repaso siquiera a las palabras marcadas. Eso sin contar con el hecho de que, al aplicar la herramienta completa de Windows, siempre aparecen errores adicionales que no fueron señalados en el texto. Por ello, la recomendación, pese a lo evidente, es necesaria. No aprovecharse de este recurso sería muy tonto.

Pero también hay que saber aprovecharse y evitar la comodidad de la corrección rápida. La primera opción que nos ofrece Windows para una palabra que este considera mal escrita, no siempre es la correcta, y de hecho en ocasiones considera incorrectas palabras que no lo son. Así que la solución no es darle indiscriminadamente al botón “cambiar”, sino hacerlo tras analizar con calma lo que se nos propone. Si nos quedan dudas sobre alguna de las propuestas, podremos recurrir al viejo diccionario de papel (o a uno digital) y verificamos cuál opción es la que se ajusta a lo que queremos decir.

2. Herramienta “Agregar al diccionario” de Windows” (o similar):

Otra opción que podría parecer evidente, pero que no lo es. Cuando escribimos una palabra que Windows no conoce, pero que sí existe realmente, este la marca en rojo tal cual como si fuera una palabra errada. Y eso es algo que podría cambiar fácilmente. Haciendo clic derecho con nuestro ratón sobre la palabra marcada como errada, podremos pulsar sobre la opción “Agregar al diccionario” y de inmediato la palabra comenzará a formar parte del corrector de ortografía y gramática de Windows del que hablé en el punto pasado.

Pero no se crean que el beneficio de esto es dejar de ver la palabra marcada de rojo. Nada más lejos de la verdad que eso. Después de todo, ya nos acostumbramos a todo ese rojo en nuestros textos. El beneficio de esto es protegernos de posibles incorrecciones sobre estas palabras. Y la utilidad de este recurso es mucho mayor cuando se trata de palabras que son propias de nuestro texto (aunque no existan) o que se repitan con mucha frecuencia. Imaginen que escriben una novela de ciencia ficción, donde un personaje venido de otro planeta se llama “Warsffdrög”. Evidentemente la palabra no existe y siempre estará marcada en rojo. Pero si no la agregamos al diccionario, corremos el riesgo de no detectar cuándo la escribimos con una ortografía diferente. El algún momento, por un simple error, podríamos escribir “Wasrffdrög” y Windows no haría la menor diferencia. Pero si antes hemos agregado la palabra en la forma que resulta correcta para nuestro texto, Windows no solo nos marcará cada vez que la escribamos diferente, sino que nos ofrecerá como alternativa su forma correcta de escritura.

Esto, como ya dije antes, no solo aplica para neologismos y palabras inventadas, sino para cualquier expresión léxica válida, pero que el diccionario de nuestro procesador de texto desconoce. Si se trata de un texto técnico de medicina o ingeniería, imaginen cuántas palabras nuevas podremos hacerle aprender a nuestro procesador de texto. De seguro nuestros textos agradecerán ese aprendizaje.

3. Herramienta “Buscar y reemplazar” de Windows (o similar):

Esta herramienta es una de las claves más importantes en la corrección de nuestros textos, pues nos permite hacer cambios en grandes lotes. Al presionar “Control + B” accedemos a la herramienta buscar y se nos ofrece un cuadro de texto. Lo que sea que escribamos allí, la herramienta lo buscará en todo nuestro texto. Así pues si escribimos “min”, la herramienta buscará todas las palabras que contegan estas 3 letras, sin importar la ubicación. Puede ser la palabra “mina”, la palabra “camine”, pero no “Carmín”, porque el acento en la “i” la distingue. Así pues, el beneficio de esta herramienta está en cuán inteligentemente la apliquemos.

Lo que yo recomiendo es usarla para buscar los errores más comunes de la ortografía española. Por ejemplo, si estamos tratando de ajustarnos a las nuevas normas de la RAE sobre eliminar el acento de la palabra “solo” cuando se usa como adverbio, es probable que todavía se nos escapen unos cuantos “sólo” en el texto. Para verificarlo escribimos “sólo” en la herramienta de buscar y nos dirá cuántas veces cometimos ese error. También podríamos aplicarlo para eliminar los acentos en los pronombres demostrativos como “ese”, “este”, “aquel”, entre otros, pues según la última edición de las normas de la RAE tampoco deberían acentuarse.

Otros ejemplos donde se podría usar es para verificar si hemos seguido los lineamientos adecuados en el uso de los acentos diacríticos en pares de palabras como “aún-aun”, “dé-de”, “mí-mi”, “tú-tu”, “sí-si”, “él-el”, “más-mas”, “sé-se”, etc. Lo mismo podría servirnos para verificar si nos hemos tragado la acentuación de “qué”, “cómo”, “cuán”, “cuándo”, “cuánto”, “dónde”, “porqué” y “por qué” cuando funcionan como pregunta o exclamación. Si hay alguna palabra en la que habitualmente nos equivocamos también podríamos agregarla a la lista. Por último, podríamos usar la herramienta para eliminar los dobles espacios, que es lo que ocurre cuando entre dos palabras de un texto se presiona dos veces en vez de una la barra espaciadora. Para verificar esto basta colocar dos espacios en el cuadro de texto de la herramienta y enseguida nos dirá cuántas veces cometimos este tan común error tipográfico.

4. Herramientas web para conversión de texto a voz:

En la red podemos encontrar innumerables páginas que ofrecen el servicio de transformar nuestros textos a voz, o lo que es igual darle voz a nuestros textos, leerlos en voz alta e incluso descargar un mp3 con el audio de nuestro texto. Esto, además de tener un beneficio claro si tenemos la intención de volver nuestro blog o nuestro libro más accesible a personas con visión reducida, resulta de mucha utilidad para mejorar la redacción de nuestros textos.

Constantemente se nos dice en los manuales del buen escribir que leamos en voz alta nuestros propios textos, para asegurarnos de que la puntuación que le hemos dado a las oraciones es la correcta y que, por ejemplo, si nos cansamos demasiado leyendo una oración es porque probablemente le falte algún punto en medio. Esta sería una recomendación de lujo si no fuera por el hecho de que es muy difícil leer adecuadamente nuestros propios textos. En la medida de que la idea del texto nació de nuestra mente, incluso si el mismo adoleciera de un punto en alguna oración, nosotros podríamos leerlo como si ese punto existiera, pues conocemos la intención original de lo que la frase quería expresar y la forma en la que pretendía hacerlo. Desprenderse de eso va mucho más allá de nuestra capacidad de ser objetivos. Y lo mismo sería si le damos a leer el texto a otra persona que no funja como correctora; pues es habitual no dar una correcta lectura a los signos de puntuación de un texto.

Allí es donde estas herramientas digitales se vuelven provechosas. Al transformar un texto a voz, el programa hará una lectura perfectamente objetiva de nuestro texto y agregará los espacios de descanso en la lectura solo en las áreas donde nosotros hayamos colocado algún signo de puntuación. De esta forma podríamos notar con más claridad si una frase se hace demasiado larga o demasiado entrecortada, de modo que requeriría de más o de menos signos de puntuación para separarla. También es posible verificar si hay presencia de cacofonías en alguna oración en concreto. El truco está en escuchar atentamente como si no conociéramos el texto y detener la reproducción cada vez que algo nos suene extraño.

Una vez hagamos los cambios en la puntuación podemos corroborar qué tal se escucha en la forma nueva. Así podemos pulir progresivamente nuestro texto. Y aunque muchas de estas herramientas permiten agregar una buena cantidad de caracteres, yo recomiendo no agregar más de un párrafo a la vez, para poder concentrar la atención de manera más adecuada en cada uno. Ya después de que hayamos revisado todos los párrafos, uno por uno, sí sería factible hacer una revisión del texto completo.

Mi conversor favorito de texto a voz es el ImTranslator, que además es un traductor relativamente decente. Si eliminan la función de traducción, funciona como un conversor de texto a voz, y cuenta con la voz de loquendo, que aunque no sea la más agradable de escuchar, resulta una de las mejores que es posible encontrar de forma gratuita. Ahora bien, si tienen dinero para invertir, yo les recomendaría que usen LumenVox, que tiene el servicio de voz digital más realista que he escuchado. De hecho, les recomendaría que usen a Luis o Lorena, que son las mejores voces en español con las que cuenta el servicio. En la página hay una función gratuita, que te permite convertir textos de máximo 250 caracteres, lo que podría ser ideal si tu duda es sobre una única oración. Si es mucho más largo que eso, usar este servicio podría ser engorroso.

Y si no te agrada tener que conectarte constantemente a internet para usar el servicio, en softonic puedes descargar algún programa que haga lo mismo. Solo que de estos programas no hay uno solo que haya probado, así que no me atrevo a recomendar alguno. De cualquier forma es cuestión de explorar y verificar cuál es el que les gusta más a ustedes.

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Y así terminaría esta lista de herramientas. ¿He dejado de lado alguna herramienta eficaz para mejorar la ortografía y la gramática de nuestros textos? ¿Utilizas tú algún otro recurso o truco? Deja tu comentario más abajo y así le sacamos más jugo a esta conversación.

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2 comentarios en “4 herramientas digitales para mejorar la ortografía y gramática de tus textos

  1. Pingback: 7 preguntas para hacerte al terminar de escribir un cuento | convictoryconfeso

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