A Armas Alfonzo

Los ángeles, a la postre, no difieren demasiado de los pájaros cantores. Por más intentos que hacen los primeros por diferenciarse de los segundos, cuando la muerte les fulmina sin aviso, en pleno vuelo, sobre una acera indiferenciada, las hormigas también les devoran y tú los esquivas en tu tránsito, sin darte necesariamente por enterado.

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