Descafeinada irlandesa

Untitled, por Noel Feans (2012)

 

Fue una de las peores tardes de mi vida. La consciencia no dejaba de empujarme a límites dolorosos que no había experimentado y no era capaz de comprender. Mi estómago me ardía, como en una suerte de premonición, o quizás en una sensación de estar delatándome a mí mismo un secreto que ni yo terminaba de escuchar, y que vine a escuchar por primera vez, hace una semana, un año exacto después de esa tarde en que la conocí a ella, y no la volví a ver jamás. La conocí en el Café Pärde, que habitualmente estaba vacío, y en esa tarde solo estuvimos ella y yo. Ella leía París era una fiesta de Hemingway. De eso me enteré después cuando logré sentarme en su mesa. También me enteré que tomaba descafeinado irlandés, lo cual me parecía una combinación absurda, y hasta el día de hoy es mi mayor referente de lo que ella representa como ser humano. Una chica descafeínada, desabrida, sin chispa, que guardaba dentro de sí una melancolía de bar, aunque frecuentara cafés. Quizás Hemingway le permitía completar aquel arquetipo a través de sus historias. Luego me comentó que también leía a Pedro Juan Gutiérrez, lo que vino a ser una forma más de completar ese perfil de descafeinada irlandesa, que se le salía por los poros del suéter tejido en esa tarde de sol.

Yo tenía la cámara conmigo por esos días, porque me sentía a la expectativa de que iba a cazar algo grande con mi lente. Pero la verdad es que después de 15 años sin darle al obturador, era bastante el ojo fotográfico que había perdido. Así que le tomé la foto a ella por darle entrenamiento al dedo, más que por sentir placer por el encuadre. A decir verdad, ese televisor atravesado en la escena arruinaba mi panorama, y aún hoy lo sigue haciendo. Aunque no usé flash, ella notó al instante que la estaba fotografiando, y me miró con su cara de descafeinada irlandesa, como diciéndome “No estoy para juegos, ni aventuras. Estoy muy descafeinada, como para estar intentando irlandeses de último minuto. Vete con tu foto a otra parte. No te me acerques. No es necesario”. Y yo me acerqué. Solo para pedirle disculpas y explicarle mis motivos de fotografiarla. Pero la lengua se me trabó en una explicación razonable. Qué hacía con una cámara después de 15 años sin tocar una, después de incumplir mi juramento. Por qué la había fotografiado si el plano me parecía desagradable. Por qué me le había acercado si su mirada me decía que me fuera sin decir palabra. Así que tuve que mentirle para poder soportarme a mí mismo. Le dije que estaba jubilado, que había decidido estudiar fotografía y esta foto la tomaba por una asignación. Le dije que era casado, que tenía dos hijas, y hasta que tenía un perro viejo, que dejaba pelos y olor a su muerte próxima por toda la casa. No sé si quería alejarla, pero lo estaba intentando con todas mis fuerzas. Entonces ella me habla de Hemingway y Gutiérrez, me habla de su exilio de la Habana por formar parte de un grupo social liberalista, de la muerte de su alma tras el final de su activismo, de la histerectomía que tuvo que practicarse 3 años atrás, y yo hacía más énfasis en el horrendo olor que había en mi casa, como para tratar de alejarla de ella; como si un hotel no cumpliese con los recaudos suficientes para lo que yo evitaba.

Y nos fuimos a un hotel. Me pidió que la fotografiara y yo evadía las curvas sobrepuestas de su cuerpo, mientras le inventaba un pasado universitario y laboral, ajustado al perfil que me iba creando sobre la marcha. Y mientras tanto, el dolor. El sexo fue un poco más irlandés que descafeinado, pero el amargo que me quedó en la boca fue tan horrendo como si hubiese comido dos cucharadas de la borra de un café árabe. Nos quedamos otras dos horas en el hotel después del acto principal, y ella me leyó “Un buen café en la Place Saint-Michel” y otros dos cuentos que no recuerdo. Me habló de un hijo que le mataron en Cienfuegos y poco a poco se fue poniendo más descafeinada que irlandesa, de nuevo.

Yo huí de la habitación apenas tuve chance, y no volví a entrar al Café Pärde al menos por unos 4 meses. También solté la cámara para siempre. Pero hace unos tres meses empecé a pensar de nuevo en ella, y se me cruzan cientos de preguntas que me obligan a cambiar los canales, para despejarme. Llevo dos meses yendo al Café a diario. Hace 1 mes se me ocurrió pedir un descafeinado irlandés y desde entonces lo pido a diario. Me siento en la misma mesa, siempre en la silla que ocupé aquel día, y me quedo un rato leyendo Trilogía sucia de la Habana, hasta que mi mente empieza a viajar por lugares dolorosos y debo pagar la cuenta e irme. El día que se cumplía un año de nuestro encuentro, ella entró al café. Yo no sabía que era el día exacto, pero agradecí que ella lo hubiera notado. No había terminado de sentarse en la mesa, cuando le dije todo. Le dije que había sido fotógrafo de guerra para The Indipendent y en 1996 estaba en Kosovo, cubriendo los eventos de guerrillas, y en el proceso mataron a mi esposa como un acto de venganza. Desde entonces había dejado la fotografía, hasta un par de meses antes de nuestro encuentro un año atrás. Le dije que le mentí, primero por pudor, luego por temor de verme espejado en ella, y más tarde por compromiso de continuidad. Ella me dijo, entonces, que también me había mentido. En realidad era casada, con dos hijos y un perro moribundo que dejaba pelos y olor a muerte por toda la casa. Me había mentido, primero por resguardo, luego por temor de espejarse en mí, y más tarde para no tener que modificar su versión falsa. Se tomó el resto de mi café de un trago y se largó. Antes de irse se volvió para mirarme, y sus ojos tenían una pequeña chispa irlandesa que escondía casi toda su estructura descafeinada, y enseguida supe que la primera vez no me había mentido, y hoy lo había hecho, por despecho. Decidí que tenía que pararme para seguirla, arrastrarla hasta un hotel o mi casa, o la suya; pero no podía moverme. El terror me invadía. Intenté retomar mi lectura y le pedí al mesonero otra taza de café, esta vez con cafeína, y mucho mejor con brandy.

 

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10 comentarios en “Descafeinada irlandesa

  1. Pingback: Semana 5 en Letras Instantáneas: la soledad y el café «

  2. Hola Victor, recién estoy visitando por primera vez tu blog. Ya me comprometí conmigo misma a abrirme un blog con una estructura virtual similar a este, para facilitar el tema de los comentarios sobre mis futuros escritos para letras instantáneas.
    Sobre tu escrito, me resultó bastante agradable, aunque debo confesar que la analogía que escogiste para describir a la muchacha (descafeinada irlandesa) no la entendí del todo, nunca he tomado café descafeinado, nunca he ido a Irlanda, se poco de ese país, creo que no cuento con la suficiente “cultura general” que me permita enlazar a la muchacha (su apariencia y personalidad) con ese adjetivo calificativo; sin embargo es interesante que ese adjetivo exista en tu texto, porque despierta mi curiosidad, ahora me provoca saber más de Irlanda y del café descafeinado.
    Del resto, pues creo que en general si logré enlazar al texto muchas otras cosas que (a diferencia del café descafeinado e Irlanda) si viven actualmente en mi mente. Mientras te leía, recordé párrafos puntuales de libros que he leído (académicos o de narrativa), mucho del texto me recordó hasta al marco teórico de la tesis de pregrado que actualmente estoy trabajando, porque el concepto central sobre el que mi tesis está basada es el de “actuación” y la actuación viene siendo eso que pasa en tu texto, ¿qué decidimos decir ante los otros?, cómo, por qué, dónde y para qué. Recordé hasta la escena de una película. En fin, con respecto a eso me sentí bastante cómoda con el texto, porque me gustan los textos que me hacen pasear por mis recuerdos y mis conocimientos. Tu texto fue un buen puente para recordar que cosas llevo dentro.
    Por último, con respecto a lo de “descafeinada irlandesa”, a ciencia cierta no tengo ni idea, sobre cual haya sido tu intención al usar esa adjetivo para describir a la muchacha, si es algo intimo, críptico y hermético, pues creo que el objetivo está bien logrado, porque en este caso yo no pude acceder al significado desde la primera lectura.
    Me gusto mucho la mención que hiciste a la muerte (últimamente ese tema me tiene algo obsesionada). Y me gustó bastante la descripción del “mundo interior” (sensaciones, miedos etc) del fotógrafo que inventaste, aunque si lo hubieses puesto más desesperado, me hubiese gustado más, mis personajes preferidos son los de ese estilo, los desesperados, pero bueno… evidentemente tú no estás aquí para complacerme jajajaha.
    Me gustó bastante la forma en que resumiste los tres textos de esta semana 5, y sinceramente me impresionaron un poco los puntos en común que tuvimos, es curioso, me llevo ese dato para reflexionar. ¿Qué nos habrá hecho coincidir? Supongo que todo y nada.

    Saludos, Inés Mago.

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    • Hola Inés. Gracias por tan largo comentario. Voy puntualizando sobre las diferentes cosas que me dijiste. Primero, me encanta que este proyecto te haya despertado la chispa de crear un blog, aunque ya antes tuvieras un tumblr, en el que hacías cosas similares. La verdad es que en términos de interacción y comentarios, los blogs resultan superiores, aunque el tumblr también tenga lo suyo. Lo siguiente; lo del descafeinado irlandés no es un secreto ni un mensaje críptico. El café irlandés es un café con wisky irlandés. Eso es todo. En el caso de la chica de mi texto, ella pide ese mismo café con wisky, pero descafeinado; lo cual a mí me parece casi una contradicción de principios, por aquello de recatarse con la cafeína, y no preocuparse por el alcohol. De allí que lo usara como estandarte para describirla a ella. Sin embargo, me encanta que, aunque no conocieras la receta, el texto te hiciera querer saber más sobre ese tema. Creo que ese es uno de mis mayores disfrutes a la hora de leer literatura: poder hacerle frente al reto intelectual y cultural que plantea, y quedar con ganas de ampliar lo leído, tras finalizarlo. A mí me ha pasado miles de veces leyendo; pero hasta ahora puedo contar con los dedos de una mano las veces que algún lector me ha dicho que he despertado su curiosidad sobre algo, y se siente genial. Me gusta también que el texto te haya hecho pasearte por algunos recuerdos personales. Y con respecto a la similitud que le encuentras con tu tesis, primero, me llama mucho la atención el tema que elegiste para tu tesis, y segundo, me parece una buena forma de interpretar todo este texto. Y, por último, con respecto a las similitudes de los textos de la semana; ya verás en las siguientes participaciones que esto es algo que se repite a menudo. Lo habitual es encontrarnos siempre con polos. O tenemos textos muy similares, o exageradamente opuestos. Pero pareciera que las razones que nos llevan a igualarnos o repelernos vienen de lugares siempre muy similares. Creo que eso es lo más grandioso de este proyecto. Poder ver en contexto el significado real de lo que es el acto de creación: un mismo estímulo, es capaz de generar millones de universos con diferentes grados de convergencia y divergencia. Descubrir esos puntos es siempre una delicia.

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    • Yo creo que yo tampoco podría esperar tanto tiempo. Al menos no inamovible. Aunque quizás tampoco escape del todo. Quizás yo me ubicaría en una suerte de punto intermedio. Pero sí, es cierto, a veces nuestros personajes, con sus acciones, nos plantean un llamado de atención acerca de partes nuestras que se encuentran dormidas. Me gusta que mi texto, te haya permitido llegar a esas palabras. Gracias por tu comentario.

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  3. Hola otra vez, nuevamente “no había tenido tiempo” (típica frase cliché) de pasar por aquí. Me quedé esperando que llegara a mi correo algo que me avisara si respondías el comentario. Y como nunca llego nada (creo que ni siquiera al spam) no había vuelto a abrir tu blog, hasta hoy, sábado por la noche, luego de 7 horas haciendo tesis, y con unas ganas enormes de descansar de la escritura académica y “científica”, pues… estoy aquí, poniéndome al día con el tema de “letras instantáneas” aun siento que estoy en proceso de iniciación, familiarizándome con las dinámicas del proyecto. Y bueno con respecto a tu comentario sobre mi comentario, pues encantada de que te guste lo largo que quedo, yo suelo amar a mi “largura” aunque también se odiarla muy bien; últimamente siento que a ciertas personas (incluyendo a algunos de mis otros yoes internos) les desagrada mucho mi manera de extenderme, y a veces eso se siente triste.

    Te comento que también leí el otro texto de la otra participante, y también se me abrieron un montón de curiosidades, tal como te dije, creo que mi “cultura general” aun esta está germinando (en proceso de expansión) jajajajaja ella (la otra participante) también hablo de cosas que desconozco, al final no recuerdo porque no comenté en su texto. Pero bueno en fin, me gusto mucho leerlo porque me dio luces sobre otros yoes escritos que quiero dejar por aquí plasmados, amo la narrativa autobiográfica, quizá mi próximo texto sea de ese estilo. Por los momento te dejo Victor 🙂 a ver si me pongo en este preciso instante a abrime el blog, y me dedico un rato a escribir sobre la foto de la semana 6 (si es que esa semana ya no pasó, me siento algo perdida en el tiempo jajajajaja)

    Muchos saludos, buenas noches 🙂

    PD: Las analogías para explicitar la existencia de las contradicciones humanas siempre me han gustado mucho, en este caso la que usaste mezclando al café y alcohol, por referirse a sustancias adictivas me gusta aun más, porque suelo escribir bastante sobre drogas. Mi mayor droga se llama vida y voy a terapia psiquiátrica, para aprender a consumir, mientras llega el día de abandonar esta adicción. Algún día pasaré yo a ser la sustancia que otro adicto se tomará, algún día seré el licor del café irlandés.

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  4. Ahhh.., otra cosa sobre mi tesis… (maldito y adorado proyecto que no termina de acabarse)… cuando gustes pregunta, por lo que leí de tus gustos en el la página del colectivo, estoy bastante segura de que te va a parecer bien curioso mi proyecto.

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  5. Pingback: ¡Feliz quinto aniversario, ConVíctor_yConfeso! | convictoryconfeso

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