Comenzando el día con la porción correcta de acentos

Hay una canción que me gusta bastante, llamada “That time”, en donde su cantante, Regina Spektor, le pregunta (suponemos) a su pareja “¿Recuerdas aquel tiempo en que solo podía leer las partes de atrás de las cajas de cereales”. Un poco antes le pregunta si recuerda el tiempo en que solo leía Shakespeare. Esto, además de un bonito recurso de generalización, a partir de la exposición de opuestos, nos habla de una persona que ha tenido lecturas equilibradas; desde las más complejas hasta las más informales. Pero, todo esto no es más que una canción. No podemos siquiera pensar que se trate de más que una ficción en beneficio de la música. Lo que sí podemos tomar como cierto, en cambio, es el hecho de que efectivamente hay personas para las cuales la única (o prácticamente la única) lectura que realizan es en sus cajas de cereales, mientras desayunan. Es casi un cliché tomar la caja con la mano izquierda e ir leyendo la tabla nutricional (e incluso los teléfonos de atención al consumidor, los días de más tedio) mientras la mano derecha (asumimos como posible el cambio de lateralidad, por supuesto) empuña maquinalmente la cuchara, baja al plato y sube a nuestras bocas, sin que siquiera lo notemos demasiado. Es por ello que, desde hace mucho tiempo, las compañías de cereales, se han preocupado por llenar de contenidos diversos sus cajas: desde juegos mentales, hasta cuentos infantiles. Y si en adultos resulta altamente probable la lectura de estos contenidos, imaginen la proporción en los niños. Y más si sumamos el hecho de que dichos contenidos por lo general están dirigidos a ellos, en tanto el cereal se concibe como una alternativa para el desayuno de niños en su mayoría. Todo bien hasta allí.

Ahora imaginen cuán poderoso resultaría estimular lecturas diversas, el gusto por la literatura, a través de los cereales. Una campaña de promoción de obras literarias sería fantástica en cereales infantiles. Colocar pequeños resúmenes de obras de gran envergadura, clásicos de la literatura que sean adecuados para niños. Estaríamos promoviendo a través de esto, el salto de las cajas de cereales a los libros y las bibliotecas. No puedo imaginar nada más hermoso. Pero, ¿qué pasa cuando encontramos errores ortográficos, omisiones de acentos, en estas cajas de cereales? Seguro que muchas personas pensarán que no resulta tan grave. Pero, recordemos por un momento que existe algo llamado “teoría de la aguja hipodérmica”, donde se nos dice que si una fuente goza de credibilidad, las personas no colocarán filtros personales para creer dicha información. Es probable que una persona dude de la ortografía de otra que le ha escrito a mano una carta. Pero, resulta más difícil pensar que los encargados de redactar el contenido de las cajas de cereales cometerán errores. Es por esto que asumiremos como correctas sus formas de escribir. Y allí subyace el problema. Si sabemos que hay personas que casi no leen otra cosa que cajas de cereales, es muy probable que pensemos que estos no intentarán corroborar la ortografía de lo leído a través de diccionarios. De modo que es probable que repitan estos errores en otros contextos.

Pero, viéndolo todo desde el ángulo negativo parece demasiado fatalista (y quizás lo sea). Pero, por qué no verlo desde el ángulo positivo. Aquella aguja hipodérmica también puede servirnos para educar. De modo que procurar una mayor atención a la ortografía en los productos que se distribuyen masivamente, es educar masivamente. No hace falta colocar resúmenes de obras maestras de la literatura en cada envase que sale a la calle. Basta con cuidar de que las palabras allí escritas tengan la ortografía correcta. Es común en las compañías de cereales aquella premisa de que comenzar el día con una alimentación correcta, mejora la salud. Mi premisa es que comenzar el día con la porción correcta de acentos, mejora tu ortografía. Es por esto que hoy les traigo 4 acentos de una caja de cereal (sí, 4 omisiones en una sola caja). Yo comía cereal de chocolate, y mi novia uno integral y en este último fue que noté las faltas. Luego revisé el de chocolate y encontré un solo error, pero demasiado pequeño para poder fotografiarlo nítidamente. Se trataba de la palabra “CARTÓN”, o más claramente, de la palabra “CARTON”. A continuación los dejo con las fotos.

 

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