Ómnico

El ladrido del ómnico ha perturbado el sueño de los támitlos durante generaciones. Los más aguzados cazadores de la población, famosos por domar y asesinar a las bestias más huidizas, inteligentes y agresivas, como el silverio o la dolomita, no han podido aún dar caza o siquiera avistamiento del primer ómnico. Y es que, de este animal, sólo se conoce su confuso ladrido, que tiene la propiedad de ser ubicuo y atemporal. Nunca se puede saber si se escucha el ladrido, si se le recuerda o se le presiente. Tampoco es posible saber si el sonido llega de oriente o poniente, de las profundidades de la tierra o del ancho espacio estelar, si te rodea o brota del pulmón de un támitlo o del hígado de un detelenio que pasaba por el pueblo en búsqueda de hilos dorados para su telar. De allí también que sostengan una guerra ancestral con los detelenios, aunque se trate de una guerra sin enfrentamiento u objetivo militar.

Dado el fracaso de los cazadores, los fonoaudiólogos támitlos han tenido que sustituirles en estas labores, utilizando sus estudios fonoeolográficos y espectrofonéticos de alto nivel, para determinar detalles cruciales que permitirán la captura del primer espécimen, y con ella las sucesivas, hasta acabar con la mortificación de la que es víctima el pueblo támitlo, y que le consume los nervios hasta el punto de que ya los recién nacidos llegan al mundo temblando lo mismo que un anciano o un fletinivta. Los fonoaudiólogos, por generaciones condenados a la pobreza de vivir en una población que renegaba del estudio de los sonidos, han pasado a gozar ahora de la holgura económica que antaño les pertenecía a los cazadores, muy reputados como ha de saberse, en una sociedad como ésta, rodeada de toda clase de bestias horrendas. Los cazadores resentidos aseguran que el ómnico no es más que una elucubrada falsificación creada por los fonoaudiólogos támitlos para robarles el trabajo. Pero irremediablemente, cada vez que sonaba el ladrido ubicuo de un ómnico, o se recordaba, o se presentía, los cazadores respiraban agitados, desorbitando sus ojos en todas direcciones, profundamente aterrorizados.

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