Rompecabezas con piezas mecánicas giratorias

Ni parado sobre una silla, ni subido a una mesa o guindando de una de las lámparas del techo, lograría besarte la barbilla como alguna vez me dijiste que adorabas. Hoy tu barbilla amaneció a tres metros y medio del piso, justo al lado de tu talón derecho, aunque ayer estaba debajo de los hombros y a menos de ocho dedos de donde yo pongo los pies cuando camino. Mañana quizás amaneces de un metro y caminas con las pestañas el recorrido desde mi cama hasta tu baño matutino. Como un cubo de Rúbik en manos de un inexperto, sigo intentando regresar mis movimientos a esa afortunada combinación en la que tu cabeza era la cereza que coronaba un dulce cuerpo con sentido completo; esa afortunada combinación en la que el contenido de esa cabeza cereza y los temblores que se desprendían de ese cuerpo caramelo me eran diáfanos y comprensibles. Definitivamente, este rompecabezas no es para niños.

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