¿Vale la pena simplificar nuestra ortografía? -Extractos-

Andrés Bello, en su ensayo Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar la ortografía en América, nos da, aunque con una intención bastante reprochable (y esto es notorio desde el mismo título), todo un grueso de casos en los que la ortografía se complica sin necesidad, proponiendo para ello posibles soluciones, muchas de las cuales son normas inamovibles hoy en día (en América y España). Aún así, un gran número de sus propuestas más razonables han sido descartadas una y otra vez en cada edición de la Real Academia.

Más contemporáneo a nuestros días, Ángel Rosenblat ha opinado, con una visión menos absolutista y quizás por ello más realista, que el objetivo de la lengua escrita es acercarse lo más posible a la pronunciación. Él antepone (o en todo caso coloca en paralelo) un principio estético al que debe suprimirse la lengua escrita. Pero, ¿acaso la estética no se forja con la costumbre? Analicemos, pues, como primer punto de convergencia a la fonética. Ya el principio estético tendrá su momento de aparecer.Andrés Bello basa su simplificación en el principio sentado por Antonio de Nebrija sobre los sonidos de las letras. Según este último, cada letra debería tener un sonido característico y perfectamente distinguible, y cada uno de los sonidos del habla debería estar representado por una sola letra.

[…]

FONÉTICA -ALGUNOS CASOS PRÁCTICOS-:

El primer caso que se nos asoma es el de las letras con sonidos que tienden al de la “k”. Tenemos toda la fórmula consonante-vocal que se presenta en la letra “k”, tres más de las que se presentan en la “c”, y dos más en las de la “q”, todas con el mismo sonido. Parece, entonces, que rompemos con el segundo principio de Nebrija: un mismo sonido es representado por más de una letra. No hay economía de fonemas.

Una proyección de este caso, que es también un poco más delicado, es el de la “x”, cuando funciona como “cc”, o al contrario. De nuevo tenemos dos letras con sonidos indistinguibles, a no ser por capricho de un hablante quijotesco, de esos que ya no hay sino en obras de teatro. […] Pero esto nos remontaría a otro conflicto lingüístico, y es el de la pronunciación. Es necesario, entonces, un punto y aparte, para aclarar términos.

La RAE formula sus reglas ortográficas a partir de la pronunciación, el uso constante y el origen de las palabras. Andrés Bello opina que sólo la pronunciación es un principio esencial y legítimo. Tenemos, entonces, que no se puede analizar la fonética sin atender a la pronunciación, pues esta última es quien le da vida a la primera. Pero me parece que, el asunto de la estética planteado por Rosenblat, tampoco puede analizarse desatendiendo al asunto etimológico de las palabras, principio regulador, ya que la estética filológica encuentra en la historia de cada palabra su belleza, y en ella su poder. Aparentemente sólo nos queda por fuera el principio del uso constante. Sigamos adelante a ver cuánto tiempo podemos desatender este importante patrón

PRONUNCIACIÓN -OTRO CASO REAL-:

[…]

Se puede comenzar a enumerar una lista de letras que por pronunciación se igualan, con el caso de la “y” cuando suena cercana a la “ll”, o al contrario. Si acaso alguna vez existió una distinción fonética entre estas letras, en la actualidad hay una tendencia al yeísmo. Prácticamente nadie pronuncia la “ll” con el énfasis debido y, en cambio, todos se embarcan en la suave transición de la “y”. En países como Argentina y Uruguay se ensucia esta suave transición con una suerte de zumbido tembloroso. Técnicamente, se habla de un rehilamiento o de un sheísmo. En cualquiera de los casos no se hace distinción entre una u otra letra.

[…]

Sin necesidad de alargar la lista anterior, nos damos cuenta que el principio del uso constante no se hizo de rogar para hacer acto de presencia. Tenemos una tendencia al yeísmo, que es de uso constante, y otro sheísmo presente en una minoría poco representativa para la gigantesca hispanidad. ¿Debe, entonces, la Real Academia desatender esas pequeñas regiones y generalizar en base al resto, aunque este último esté desatendiendo a las reglas antes propuestas? La respuesta no es tan sencilla.

USO CONSTANTE -MÁS CASOS-:

Cuando la Real Academia alude al uso constante no es sino en función del habla culta, de los doctos y, en este caso, parece que es la minoría la que se ha mantenido en los estándares pensados para el habla culta. Aún así, ¿se debe hacerle la espalda a lo que poco a poco se está convirtiendo en tendencia? Nos parece a muchos que una diversidad de este tipo sólo complicará y, en cierta y muy cuestionable medida, embellecerá a la escritura, pero nunca podrá frenar la evolución de la pronunciación, cuya tendencia es, evidentemente, la simplificación. ¿No resulta vano, entonces, mantener una complicación ortográfica que no produce cambios en el uso constante? Estas preguntas, y algunas que faltan por formular son el meollo de este asunto, y les daré respuesta más adelante. Por ahora parece conveniente continuar con la lista de fonemas que se igualan en la pronunciación.

[…]

El caso de la “v” y la “b” es diferente. En algunos países, aunque para más precisión debería hablarse de regiones particulares, se ha olvidado por completo la pronunciación labiodental de la “v”, y ambas se pronuncian de forma labial. En otras zonas la distinción es casi perfecta. Pero el caso más abundante es el que está en un punto medio. En éste se pronuncian la “v” y la “b” de forma labial o labiodental de acuerdo a diferentes factores, como el tipo de palabra, ya que, en palabras cacofónicas como “vivificaba”, es muy raro que las dos “v” y la “b” se pronuncien correctamente, a causa de la “f” intermedia. El contexto en que se encuentre la palabra y los giros humorales que pueda tomar una conversación, además del énfasis que intente el que la pronuncie, también influyen de manera significativa. Así pues, en una misma frase, se puede alternar entre usos correctos e incorrectos, incluso en palabras que se repiten como muletillas, como “¿ves?”.

Encontrar aquí un uso constante, aun en el habla culta, es muy difícil, ya que, de hecho, la pronunciación labiodental o labial requiere de una consciencia plena de lo que se dice (e incluso conocimientos ortográficos), y la espontaneidad bajo la que se nos presenta el habla no permite una atención continua de la pronunciación, además de que, en pocos casos, la omisión de las labiodentales (que es la más común) se escucha mal. Por el contrario, una pronunciación excesivamente labiodental es molesta en ciertas ocasiones, como en una conferencia donde el sonido de los altoparlantes no está bien configurado (culpa de los altoparlantes, no del hablante, cierto), igual que un uso excesivo de la “z” fricativa dental sorda. No en vano los que han simplificado la pronunciación han vuelto a la “v” labial y han sacado a sus dientes, también de las “z”, “c” y “s”.

[…]

Se hace evidente que la pronunciación va un poco desligada de la ortografía, y le resulta imposible a los reguladores de esta última conciliar todas las formas en que se manifiesta el habla, ni aun inventando una letra para cada ocasión, lo que sería un exabrupto. Pero, si nadie atiende a las reglas ortográficas como guía para su pronunciación, ¿vale la pena tanta cantidad de letras parásitas?

[…]

ESTÉTICA,ETIMOLOGÍA Y TODO LO DEMÁS -SIN CASOS PRÁCTICOS-:

No hace falta analizar los otros casos, mucho más complicados, para preguntarnos si esta economía de letras sería estética. La respuesta parece obvia. En principio, como sucede con todo cambio, la confrontación las hará parecer de mal gusto, pero, al tiempo, los usos anteriores serían los que causarían impresiones negativas. Sólo en una retrospectiva etimológica se notaría el agravio. Pero, ¿no tiene ya demasiados agravios etimológicos nuestra lengua como para frenarnos ante algunos nuevos, que simplificarán nuestra ortografía? La pregunta a realizar no es precisamente ésa, sino ¿aporta algo positivo esta simplificación, adicional a la simplificación en sí?

[…]

Eliminar letras por un simple asunto de pronunciación sólo continuaría engrosando la lista de faltas al origen de las palabras. Y contestando la pregunta anterior, el que ya sean demasiados los agravios etimológicos no es razón para tomar una posición resignada; tampoco para intentar retornar las palabras a su origen. Podemos, como amantes de la estética y la historia, pensar que en mala hora se hicieron estos cambios, pero hay que entender también que es de esto de lo que se nutre un idioma. En palabras de Rosenblat “Las lenguas vivas representan siempre un equilibrio entre la analogía y la anomalía. Equilibrio inestable, como todo equilibrio vivo”.

Lo que se asoma como verdaderamente importante aquí es la excesiva valoración que se le da a la pronunciación como reguladora del lenguaje escrito. Rosenblat dice que “en realidad no hay por qué distinguir con la ortografía lo que no se distingue con la pronunciación”, y me atrevo a interpretar en sus palabras la idea de que tampoco hay por qué dejar de distinguir con la ortografía lo que no se distingue con la pronunciación. Es decir, las palabras de Rosenblat, a diferencia de las de Bello, no son un llamado a simplificar la ortografía, sino a dejar de complicarla sin necesidad. En otras palabras, si ya nos hemos acostumbrado a lo complicado, mantengamos la complicación, pues esto es más simple; pero, si ya nos hemos acostumbrado a lo simple, no nos compliquemos, a menos que sea estrictamente necesario y muy bien justificado.

[…]

CONCLUSIONES-Y UNA RESPUESTA COBARDE-:

En mi opinión, se da demasiada importancia a la ortografía individual de cada palabra, y se olvida casi por completo el asunto de la sintaxis y la gramática, quienes en realidad son las que construyen el lenguaje. Las palabras son como bloques y las oraciones son como edificios; ni que hablar de los párrafos y los textos, ciudades enteras, pequeños universos. No podemos dedicar toda nuestra vida a perfeccionar bloques, si no sabemos cómo unirlos en un conjunto coherente.

[…]

Pretender que el lenguaje escrito sea absolutamente fiel al lenguaje hablado sería igual, en forma simple, a cambiar el concepto de palabras por el de onomatopeyas, y eso, con el perdón de los que desacuerden, sí es la mayor herejía que se podría cometer contra el lenguaje en general.

Contestando cobardemente a la pregunta que le da el título a mi ensayo, puedo decir que no vale la pena simplificar nuestra ortografía, pero que tampoco lo vale rendirse ante lo contrario. Podemos sentirnos orgullosos de contar con el lenguaje escrito que más se acerca al hablado, de entre todos los idiomas, pero no deberíamos sentirnos en medio de una competencia en donde la perfección es la meta. Se supone que el objetivo es limpiar, fijar y dar esplendor. Cada idioma es, por su propia esencia y por la esencia de la gente que lo habla, perfecto, aún con todas sus incorrecciones y anomalías. Es el carácter humano y no el intelectual el que le da este poder, y le permite jugar a modificarse.

En lo que sí hay que ser tajantes es en la adecuación del aprendizaje de las reglas de nuestro idioma para una correcta, fluida y creativa escritura, desde la ortografía hasta la sintaxis y la prosodia. Se necesitan escritores. Correctores sobran.

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3 comentarios en “¿Vale la pena simplificar nuestra ortografía? -Extractos-

  1. Este ensayo -la versión no reducida- fue escrito en mayo de 2006.

    Había prometido no escribir artículos tan largos en este blog, pero la vigencia de la noticia de las nuevas reglas de la RAE, y el duelo que experimento por algunas de ellas, me hizo necesitar desempolvar esto.

    Espero sus comentarios.

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  2. Este artículo fue copiado y pegado sin mi autorización o previa información en el blog del Colegio Nacional de Periodistas Seccional Zulia. Además no respetaron el título, eliminándole la palabra “Extractos” y borraron los puntos suspensivos que indicaban se trataba de una selección y no del texto completo. Les escribí en su blog y en su twitter y aún no he recibido respuesta. La verdad no me parece la actitud que debería tomar una institución como ésta.

    Aquí les dejo el enlace como prueba. http://cnpzulia.wordpress.com/2010/11/08/%c2%bfvale-la-pena-simplificar-nuestra-ortografia/#comment-193

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