La paradoja del mentiroso. Aquel hermoso unicornio reposando en los jardines del minotauro. Poesía cursi y barata hecha mentira, en otras palabras. Apuesto a que tú eres uno de aquéllos que piensa <<Yo sé de qué va la paradoja del mentiroso. La cosa no es muy compleja. Un hombre miente y afirma “no creas nada de lo que te digo, porque sólo soy capaz de mentir”, con lo cual invalida su propia afirmación>>. Muy bien, se nota que hiciste tu tarea con afán. Me encanta escribir para lectores atentos y despiertos como tú. Así sólo se me hace más difícil el trabajo de quitarte lo lerdo.
¿Está mintiendo, entonces, el sujeto de tu descripción, cuando dice que miente? ¡Un momento! No te atragantes, que no te he preguntado en qué posición ideológica te colocarás cuando la guerra final estalle. Esto es pura elucubración lógica. Un simple juego para agilizar la mente y pasar el rato. No es como para que abandones el papel, llorando y maldiciendo con borborigmos. ¡Vamos, regresa! Vuelve a la lectura, que te tengo una sorpresa que te va a gustar. La respuesta, amigo mío, para que no te amargues más entre tus ires y venires, es simple y llanamente sí. Me alegra haberte resuelto el misterio.
La única forma de que un mentiroso diga la verdad, es mintiendo. A este fenómeno se le conoce como doble farol y no tiene nada de paradójico. Se trata de decir una verdad, como si la misma fuera una mentira, de modo que no se le considere verdad. De esta forma, cuando un mentiroso desea que no crean sus verdades, pero de alguna forma se ve obligado a decirlas, sencillamente las hace ver como mentiras. Si te digo que te estoy mintiendo porque únicamente puedo decir mentiras, quiero que dudes de mi capacidad de mentir en toda situación, al decir la verdad acerca de mi incapacidad de decirlas. Eso activará en ti la necesidad (a todos los humanos nos gusta jugar a ser crédulos) de suponer que, de la misma forma que pude luchar contra mi incapacidad de ser sincero, para revelarte mi imposibilidad de no decir mentiras, así mismo puedo haberte dicho alguna vez (o varias veces) alguna otra verdad (o unas cuantas más). Entonces seleccionarás de entre las mentiras que de mí recuerdes, la que más te gustaría que no lo fuera, y pasarás a creer en mí, de nuevo, como un manso cordero. Quizás con resabios, pero completamente crédulo. Salvo que la mentira que selecciones de tus recuerdos para invalidar sea la mentira suprema, o como me gusta llamarla la dolce verita: “A ti jamás te mentiría”.
Una vez que crees que aquella patraña es real, estás perdido. No hay vuelta atrás. Puedo decirte que fui abducido por alienígenas a la edad de quince años y me lo creerás. Puedo decirte que no soy capaz de comprometerme a relaciones largas y serias porque fui un viajero del tiempo y desde entonces no sé a cuál época es que pertenezco, y asentirás, sin la menor duda de mi sinceridad. Puedo decirte que me gusta preparar el chutney con 500 gramos de tomates maduros, 125 de manzanas rojas, 250 de cebollas, 250 de pasas de corinto, 125 de azúcar morena, 300 mililitros de vinagre, dos cucharadas pequeñas de sal, lo mismo que de jengibre molido y una pizca de pimienta de cayena; y ya te veo buscando la libreta y anotando como un tonto. Seguro incluso seguirás mi procedimiento falso de colocar el vinagre, el azúcar, la sal y las especias en un caldero a fuego lento hasta que el azúcar se disuelva, y luego añadirás los demás ingredientes picados en pequeños pedazos y lo cocerás todo a fuego lento durante una hora hasta que se espese, removiendo de vez en cuando hasta que tome consistencia de mermelada. Seguro incluso te tomarás el trabajo (si así te lo afirmo, claro), de guardar el chutney es frascos esterilizados, cerrados boca abajo hasta que se enfríen. Y si te digo que para macerarlos debes empollarlos tal como las gallinas hacen con sus huevos, durante el lapso de tres meses, ya puedo verte cacareando y soltando plumas. Y si afirmo que lo mejor para acompañar el chutney son costillas de gato en celo, ya puedo imaginar los chillidos y los rasguños, además de la toxoplasmosis tras el fluir del tiempo. Es que lo pienso y me muero de la risa.
Porque, la cosa es que mentir es un arte, lo mismo que preparar chutney, lo mismo que viajar en el tiempo y, como tal, yo que domino cada uno de ellos, no puedo darte todos mis secretos. Porque, quizás para este momento tú estarás pensando <<Ya entendí lo que nos decía al principio sobre la paradoja de la mentira. Resulta que en verdad no nos está mintiendo y hay algo oculto aquí, entre toda la mentira, en lo que quiere que creamos. Seguro es más difícil que le creamos si nos dice que es sincero. Por ello ha hecho todo este montaje tan complejo>>. Pero, lamento desilusionarte, porque el asunto con la paradoja de la mentira es más intrincado. No se puede ser tan ingenuo. Volvamos a la pregunta original, la del principio del texto. ¿Está mintiendo, entonces, el sujeto de tu descripción cuando dice que miente? No amigo, la respuesta es no. No está mintiendo. No está mintiendo, por lo cual está siendo sincero, de modo que efectivamente está mintiendo. Y sí amigo, sí está mintiendo, de modo que nada de lo que dice es sincero. No hay que darle demasiadas vueltas al asunto para descubrir que todos los caminos nos llevan, lo mismo que a Roma, a la mentira. Lo divertido de la paradoja de la mentira es que hay una sola verdad, pero no se puede saber cuál es ésta, porque al pronunciarla la falseamos, la volvemos mentira. Entonces la duda, entonces la gira de psicoanalista en psicoanalista.
Piensa por un momento en alguna de las paradojas del viaje en el tiempo. Viajo al pasado y mato a mi abuelo. Entonces, ¿qué pasa? ¿Me muero? ¿Se encasquilla la bala? Y si envío remotamente a un pasajero a dos minutos al pasado, pero al verlo, me asusto de tal manera que no presiono el botón con el cual efectivamente lo he enviado, aunque no haya terminado de hacerlo. ¿Qué pasa? ¿Desaparece el hombre? Ninguna de estas preguntas tienen sentido, porque son paradojas construidas por imbéciles. Si viajo al pasado, y me encuentro con mi abuelo, no voy a ser tan idiota de darle un disparo. Ni en beneficio de la ciencia, ni en beneficio propio, asumiendo que sea un suicida. No voy a tener las agallas. Porque puede que sea un suicida, pero difícilmente también un asesino. Y ningún programa de viajes en el tiempo me enviará al pasado con ese motivo. De modo que, en ausencia de paradoja, resuelto el misterio. Y si intento llevar a una persona dos minutos al pasado no voy a ser tan tarado de dejar esa labor en manos de un humano. Simplemente programo a una neutral máquina, que invariablemente presione el botón, de modo que aunque me asuste, no ocurra nada. La moraleja de esto, es que hay que ser imbéciles para creer en la trampa de las paradojas, lo mismo que para creer en mí. Porque, de la misma forma que no mataría a mi abuelo tras viajar en el tiempo, no desperdiciaría todas estas líneas en una confesión real para decirte una sola verdad… ni para decirte una mentira. Simplemente hago el viaje, y me tomo unos tragos con el ancestro y brindamos por mi salud. Y si por casualidad el tipo muere por ahogarse con la aceituna del trago, ése es otro cuento. Lo mismo que si tú te tragas algo de todo esto que te cuento. No puedo hacerme responsable sobre lo que cada quien decide deglutir.
Porque ya bastante tuve que soportar a los psicoanalistas, los humanistas, los psiquiatras, los curanderos y los sacerdotes repetirme que era un joven malicioso que gustaba de inventar mentiras para agotar los nervios de mamá, por inventar aquello de que me habían abducido, de que probaron en mí una máquina de viaje en el tiempo y me hicieron matar a mi abuelo. Y que de paso era un mentiroso mediocre, un adolescente enfermo e ignorante, que no sabía que es paradójico matar al propio abuelo en un viaje en el tiempo, que es absurdo que los alienígenas viajen sólo para eso, que usen a un vulgar niño de pueblo para sus experimentos, que corran el riesgo de que robemos su secreto para viajar entre las galaxias o entre el tiempo, que Einstein dijo que la vida no alcanzaría para un viaje de más de 100 años luz, que era posible viajar en el tiempo, pero que el viajero no podía ser una partícula mayor a un taquión porque de otra forma requeriría de toda la energía del universo, que el abuelo jamás había tocado un solo implemento de la cocina, que era alérgico al jengibre molido, que consideraba que la azúcar morena era ordinaria e insabora, y que es imposible que, antes de dispararle, lo haya encontrado preparando un chutney y que haya pasado uno de los mejores momentos de mi vida acompañándolo en el proceso; que es absurdo que unos alienígenas tiranos me hayan permitido pasar tal tiempo de calidad, que me dejara de tratar de matar a mamá de un disgusto y me quedara en silencio. Ya bastante tuve que repetirme “no creas en nada de lo que dices, pues sólo puedes decir mentiras”, ya bastante tuve que repetirme que ésa era la única paradoja posible, como para que ahora vengas tú, de gratis, a creer cualquier cosa que yo diga sólo porque eres un crédulo ignorante que no sabe nada de paradojas, abducciones, mentiras, chutney o viajes en el tiempo.



Siento no haber cumplido con las variables propuestas. Mi intención original fue escribir un texto en tono de comedia. Pero a medida que iba avanzando, me iba gustando más la historia sin la parte cómica, y de hecho las pocas cosas cómicas me incomodaban. De modo que, sin querer queriendo, al principio, y ya luego a consciencia al final, depuré casi todos los elementos de comedia, de modo que me terminó quedando un cuento nada cómico, pero que me gusta más. Espero que no les importe demasiado la omisión.
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Muy buen texto y ciertamente nada cómico. Tuve el mismo problema. La comedia no se me da ni aunque me paguen. Intenté escribir pero no pude armar una buena historia. Sigo siento fatalista. Saludos….
PD. A mi padre lo operaron del ojo izquierdo, un problema muy serio de glaucoma, salió bien afortunadamente y aunque no recuperó la vista dice estar contento con las sombras.
¡Qué energía positiva la de tu papá! ¡Y qué bien que todo salió bien con su operación!
Yo en estos momentos ando sin internet en casa y me conecto por pequeños ratos en el trabajo, así que no me puedo tomar muchas licencias como para leer tu relato; pero lo tengo como tarea pendiente, para ver qué tan cierto es eso de que no te va la comedia. Jejeje.
Gracias por pasarte por aquí y dejarme tu opinión. Un abrazo.